21 septiembre, 2021

DÉCIMO PRIMER FESTEJO DEL ABONO… PREOCUPANTE Y ABURRIDO ESPECTÁCULO.

Sevilla, domingo 22 de abril del 2012.
Los toros de Torrehandilla y Torreherberos (¡qué manía de manejar dos hierros del mismo dueño cada tarde!) fueron una clara muestra de que en España la Fiesta está cada vez más cerca de la de México. Cuatro de las anovilladas, débiles y descastadas reses dieron lástima, pero dos de ellas se equivocaron y embistieron, la quinta y la sexta. Eso vivimos en la Plaza México casi todos los domingos y eso estamos –con sus honrosas excepciones- tragándonos cada tarde en la capital del universo conocido.

Sevilla, domingo 22 de abril del 2012.
Los toros de Torrehandilla y Torreherberos (¡qué manía de manejar dos hierros del mismo dueño cada tarde!) fueron una clara muestra de que en España la Fiesta está cada vez más cerca de la de México. Cuatro de las anovilladas, débiles y descastadas reses dieron lástima, pero dos de ellas se equivocaron y embistieron, la quinta y la sexta. Eso vivimos en la Plaza México casi todos los domingos y eso estamos –con sus honrosas excepciones- tragándonos cada tarde en la capital del universo conocido.

Y como ocurre siempre, los dos buenos animales del encierro se fueron con las orejas puestas al destazadero. Vamos por partes.

Francisco Rivera Ordóñez, el tardío Paquirri chico, estuvo bien con el capote, bien con las jaras, y bien en el último tercio. Su primer toro fue un moribundo y apenas permitió que Rivera se ganara una tímida ovación en el tercio. Su segundo tenía la misma dosis de casta que un caracol y ahí no pasó nada.

El Cid estuvo mal con el segundo bis (el del hierro titular fue devuelto por inválido). Al de Salteras le estorbaron el aire, el sismo trepidatorio que suele cargar desde hace algunos años en cada zapatilla y hasta el toro.

El quinto se dejó hacer fiestas y Manuel Jesús logró recordarnos quién ha sido en el toreo. Paró su calzado bailarín, aguantó la embestida del burel y pegó muy buenos pases con la derecha, dejando que el toro se arrancara de largo al principio de la faena. El hecho de no haber aguantado nunca la segunda acometida del bicho por el perfil izquierdo y un pinchazo fueron la causa de que todo se redujera a una calurosa carretada de aplausos en el tercio.

El Fandi le puso dos muy buenos pares de banderillas al tercero de la tarde: un violín al sesgo por fuera y un sesgo por dentro en tablas. También el torero granadino estuvo bien con el percal, luciéndose a la verónica en el primero de sus toros. Lució menos con el capote en el que cerró plaza, robándole al astado algunas chicuelinas muy despegadas. Después volvimos a la película de siempre. Fandi, autor del célebre libro “El Toreo de Muleta, ese Desconocido”, petardeó con el trapo rojo. De lo que David Fandila le hizo con la sarga al tercero, justo es mencionar que pegó un afarolado bastante cómico. No encontró jamás la distancia ni el temple durante su faena al sexto, un toro que hubiera todavía podido salvar la tarde y que acabó echándose de puro aburrimiento.

Usted, paciente lector geómetra, bien sabe que las líneas paralelas se pueden prolongar durante toda la eternidad y jamás llegar a encontrarse, a cruzarse. Eso ocurre con la bravura y estos toros de muchas torres y muchas haches intermedias; con el arte y El Fandi; con la quietud y El Cid, y con las tardes memorables y el nieto de don Antonio Ordóñez: es imposible que coincidan en algún punto del futuro.

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