19 septiembre, 2021

DECIMOSEGUNDO FESTEJO DEL ABONO… OTRA CURROVAZCADA, OTRO BAJONAZO A LA FIESTA.

Sevilla, lunes 23 de abril del 2012. Quizá a estas alturas alguien todavía ignore qué es una currovazcada y qué se pretende obtener con ella.

Sevilla, lunes 23 de abril del 2012. Quizá a estas alturas alguien todavía ignore qué es una currovazcada y qué se pretende obtener con ella.

En el blog El Rincón del Maestro (http://penyaelpiloalmassera.blogspot.com.es/2011/05/la-currovazcada-la-currovazcada-es-el.html) encontramos esta bonita explicación: “El fin de la currovazcada no es otro que embarcar un toro diezmado, un toro que va dos o tres escalones por debajo del nivel del coso en cuestión y que da más pena que miedo.”

Y ahí van alegres y despreocupados los toreros a habérselas con lo que Curro Vázquez ha logrado que salga por toriles en plazas mil. Ahí van los pundonorosos diestros a engañar al respetable en connivencia con las autoridades, los empresarios, algunos periodistas y un nutrido sector de la afición.

Dos toros de Daniel Ruiz fueron devueltos a los corrales por su patética falta de fuerza: el que abrió plaza y el tercero. El primer sobrero de Parladé se dejó y el segundo -de Montealto- manseó.

Castella, Cayetano y Luque mataron bastante mal y a medio lomo por sistema, y el hijo de Paquirri oyó un aviso en el quinto.

Lo único realmente torero del festejo fue protagonizado por Cayetano en el segundo de la tarde. El polémico diestro se fue a porta gayola y pegó una media larga afarolada de excelente factura. A continuación lanceó a la verónica primorosamente y remató con media de cartel en la boca de riego. Eso fue todo lo positivo que hubo en tres horas largas de festejo.

El primer espada, el francés Castella, estuvo fatal. Cosa poco novedosa desde hace ya varias temporadas. Si este muchacho alguna vez tuvo empaque y torería, ahora está convertido en un vulgarísimo pegapases. Tuvo, después de andar a la deriva en el primero bis, la peregrina idea de brindar al inválido cuarto. La gente se lo reprochó y monsieur Castelá se enfadó y arrojó de muy mal modo la montera al albero. Un tercio del público le aplaudía educadamente a Sebastián, otro tanto le gritaba: “¡Fuera, fuera!”, y los demás parroquianos se sonrojaban y guardaban silencio.

Afortunadamente el galo pinchó y le ahorró a la pobre Maestranza una deshonra más, pues seguramente los despistados, los villamelones y los badulaques hubieran pedido la oreja, y la autoridad cómplice de la currovazcada seguramente la hubiera concedido.

Luque estuvo mal con el capote, cosa rara en él y con la muleta todo lo hizo mal pero muy lejos, eso sí.

Permítaseme citar, a manera de colofón de esta brevísima crónica, a don Ernesto Fernández Nogales, sabio aficionado: “…han creado un especie de animal que cuando es malo no molesta y cuando es bueno se deja pegar ochenta pases, y eso no es un toro bravo”.

Así las cosas, estamos siendo testigos del fracaso moral de -con sus escasísimas excepciones- una generación de toreros, ganaderos, apoderados y autoridades, y no hay cosa más triste para los aficionados románticos, si me tolera usted la tautología.

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