21 junio, 2021

¡QUÉ PENA QUE EN SU ONOMÁTICO, NADIE SE AUCERDE DE LA PLAZA SAN MARCOS!… 24 DE ABRIL DE 1896.

ARRASTRE LENTO… Estando al abrigo de la serena quietud del torbellino que fue en su exaltada construcción la plaza de toros San Marcos, dan ganas de fondear en su pasado. Su fachada toma la palabra y habla de la riqueza sentimental que esconde en su interior. ¡Qué pena que, en su aniversario, nadie se acuerde de ella!

Y la veo, puesto que fue el palacio donde pude edificar el mausoleo de cristal de mis sueños e ilusiones, con el respeto que se venera a la ancianidad material. Y la veo con la emoción que le será toda mi vida. Lo cierto es que la veo luciendo su callada riqueza, esa en la que la avaricia no tiene acceso.

ARRASTRE LENTO… Estando al abrigo de la serena quietud del torbellino que fue en su exaltada construcción la plaza de toros San Marcos, dan ganas de fondear en su pasado. Su fachada toma la palabra y habla de la riqueza sentimental que esconde en su interior. ¡Qué pena que, en su aniversario, nadie se acuerde de ella!

Y la veo, puesto que fue el palacio donde pude edificar el mausoleo de cristal de mis sueños e ilusiones, con el respeto que se venera a la ancianidad material. Y la veo con la emoción que le será toda mi vida. Lo cierto es que la veo luciendo su callada riqueza, esa en la que la avaricia no tiene acceso.

La simpleza de la corporeidad del coso no delata la grandeza de su propia sencillez, y en secreto se ufana de su propia condición. ¡Luce primorosa en su bella inadvertencia! Lo cierto es que a la dignidad de la plaza le va bien la humildad.

Mirémosla: alegre, y modesta por naturaleza, íntima, secreta, callada, sumisa al respeto cariñoso de la antigüedad. Siempre dispuesta a tolerar el maltrato de la indiferencia, siempre atenta al caprichoso llamado de la Historia. Sus columnas desnudas de adornos han dialogado con el tiempo, y sus gradas, sin aspiraciones principescas, convertidas en trono, siendo elocuente testimonio de su regia espiritualidad, fortalecen a la desdentada vejez romántica de los sentimientos, y seduce a la envilecida frivolidad de la juventud.

La centenaria plaza coquetea con los años a pesar de lo cual conserva la altivez del enamorado sorprendiendo al mundo pues por sus vetustos adobes chorrean torrentes de recuerdos, y por sus viejos aldabones –de corrales, toriles, barreras y puertas- rechina el brioso timbre de la ilusión en fuga. Bella y erguida transpira fragancias de beldad en primavera recordando lo despampanante que lucía en el éxtasis apresurado de su construcción.

La largueza de sus pasillos pone a la vista la gracia torera en el fondo de sus caminos no sin antes amonestar al descuido sugiriendo en sacro ruego la visita a la capillita que por el hechizo de la plegaria a la Verónica vuelve lucero. Al pie de las imágenes, toreros en devoto ruego han implorado protección no sin acariciar la ventura de los encantos del esperado triunfo. A su lado, sobria y despierta, en alegre vigilia maternal la enfermería espera la contristada sorpresa del infortunio y en sacramentado aseo con ungüentos y jeringas se alista con discreto celo. ¿Cómo olvidarte plaza de mis amores?

La puerta consagrada de cuadrillas, arco que da paso a la solemne pavura del cortejo encendido en luces y lentejuelas, cuando estridente se abre, cruje sobre los quicios del dintel sagrado y conduce los pasos andantes de los que van tras la diamantina ilusión de la gloria y el triunfo.

El ruedo, con su albero de fantasía, escenario donde el despliegue luminoso del coro y la danza en medio de nubes de incienso impregna de olores mágicos los aires de ese joyel que, cual reliquia y monumento, está integrado al alma misma de Aguascalientes.

¡Cuánta ingratitud olvidarte y no celebrarte en tu aniversario plaza de mis amores!

No pudiendo contener ni la emoción ni la perlada lágrima, que avergonzada de su sentimentalismo aniñado, prefirió el conmovido resguardo de la discreción, dejé la plaza recostada en su lecho, ahí donde reposa su soledad en espera del clarín de la madrugad que, festiva y olorosa a primavera, le lleve el dulce canto de las mañanitas, no importa que las flores se queden en el vivero de la ingratitud.

Deja un comentario