26 septiembre, 2021

DECIMOTERCER FESTEJO DEL ABONO… FANDIÑO SE IMPONE EN EL MANO A MANO: OREJA Y VUELTA.

Sevilla, martes 24 de abril del 2012.

Ayer volvieron la seriedad y la emoción a La Maestranza. Todo gracias a que, aunque parezca una tontuna afirmarlo, hubo toros y toreros. Los victorinos cumplieron, especialmente el tercero de la tarde, un animal impecablemente presentado, bravo y noble.

Iván Fandiño estuvo colosal, haciendo alarde de valor, oficio y temple. Y David Mora tuvo momentos de gran torería aunque no se decidió con la muleta a la hora buena.

Sevilla, martes 24 de abril del 2012.

Ayer volvieron la seriedad y la emoción a La Maestranza. Todo gracias a que, aunque parezca una tontuna afirmarlo, hubo toros y toreros. Los victorinos cumplieron, especialmente el tercero de la tarde, un animal impecablemente presentado, bravo y noble.

Iván Fandiño estuvo colosal, haciendo alarde de valor, oficio y temple. Y David Mora tuvo momentos de gran torería aunque no se decidió con la muleta a la hora buena.

Si alguna pega se le puede poner a los pupilos del célebre ganadero de Galapagar es que salvo “Cobratero”, el segundo del lote de Fandiño, todos fueron débiles. Eso quizá se deba a que las victorinadas actuales traen demasiados kilos encima. Pero eso es lo que piden los partidarios del galafate y del zambombo.

Sigamos con lo que ocurrió en la lidia de ese tercero de la tarde, el único al que se le cortó una oreja. En primer lugar, fue bien picado, cerca del morrillo y no a medio lomo, algo que también influye en si un toro llega con fuerza o no al último tercio.

David Mora quitó por chicuelinas y se llevó un tremendo golpe al vencerse el toro y arrollarlo sin graves consecuencias que lamentar. Parecía que el astado se había orientado, que había desarrollado sentido, pero para eso estaba allí Fandiño: decidido, inteligente y mandón.

Comenzó el trasteo por el pitón zocato y logró imponerse al codicioso “Cobratero” a base de aguante y de temple. Justo es recordar que no puede haber temple si no hay poder en la muleta. El secreto de las tandas largas y ajustadas estuvo en cómo Fandiño tragaba en la primera embestida del feroz cornúpeto. El coleta vizcaíno estuvo siempre bien colocado, tocando firme y llevando muy largo al imponente burel.

Los otros muletazos de cada serie, fuese ésta con la zurda o con la derecha, tuvieron el enorme mérito de transmitir al tendido belleza y cierto peligro. Eso sólo es posible cuando el toro embiste con bravura. Fandiño se perfiló en la cuna y le recetó al magnífico toro una gran estocada a toma y daca. El bicho fue ovacionado en el arrastre y el diestro paseó una oreja en loor de multitudes.

En el primero de la tarde, un victorino complicadísimo por el pitón izquierdo, el primer espada estuvo bien hasta donde se pudo y salió al tercio. En el tercero de su lote, el de Orduña volvió a demostrar un enorme conocimiento del ritmo y el temple, pero eso sólo ocurrió en los primeros compases de la faena muleteril, después la cosa perdió color. ¿El toro hubiera permitido lucirse más al torero si no le hubieran picado en la penca del rabo? ¡Vaya a saber!

Fandiño mató bien y la gente poco enterada y festivalera pidió la oreja. A mi juicio la presidencia acertó al no concederla. Y ahí fue cuando el torero perdió un poco los papeles. Dio una clamorosa vuelta al ruedo a toda prisa, con cara de muy pocos amigos, y a continuación se robó otra vuelta sin que nadie se la pidiera.

David Mora estuvo muy torero frente al segundo del festejo, un bicho soso y débil que no colaboró en lo más mínimo. No obstante, el espada de Madrid jamás perdió el paso y lidió con sapiencia y valor. Mató estupendamente, en el hoyo de las agujas, no cerca de las últimas costillas del rumiante, como acostumbran hacerlo algunos de sus colegas franceses y líderes del G-10. El toro se negó a doblar y Mora le atizó un certero y elegante golpe de descabello. Salió al tercio con fuerza.

Luego del ya descrito achuchón y tremebundo porrazo al quitar en el segundo, David Mora no vio las cosas claras. Hay quienes opinan que se le fueron dos toros de triunfo -el cuarto y el sexto- por torear muy encorvado y sin ajuste. Ese toreo en escuadra y de expulsión, muy de ciertos mexicanos como Capetillo padre, no tiene muchos adeptos por su falta de verdad y estética.

Justo es consignar que aunque el quite por gaoneras que Fandiño le hizo al sexto resultó encomiable, lo verdaderamente memorable realizado ante los victorinos con el capotillo fue lo hecho por David Mora en el cuarto. Sin decir ni agua va, el madrileño se puso de hinojos cerca de matadores y le pegó una media larga cambiada a “Jaquetón”. De pie lanceó prodigiosamente a la verónica, remató con una media y una revolera, y después recortó al toro con el capote a una mano. Eso no se lo he visto hacer a prácticamente nadie cuando lo que ha salido por chiqueros lleva el hierro de la A coronada.

La interesante corrida número trece del abono sevillano resultó ser de muy buena suerte. Visto lo visto en casi toda la feria, tanto a nivel ganadero como de los que se han vestido de luces, salvo las honrosas excepciones de rigor, cuando hay honestidad ganadera y pundonor torero el público se reconcilia con la Fiesta. Y si bien no podemos decir que el haber visto a Fandiño hacerle fiestas a “Cobratero” nos lleva a odiar de manera acérrima a los autores de las farsas y timos de otras tardes, sí nos hace despreciar bastante a los truhanes y mercaderes que se han apoderado del Templo.

Deja un comentario