27 octubre, 2021

DECIMOCUARTO FESTEJO DEL ABONO… TALAVANTE SE SOBREPONE A LA BUEYADA DE JANDILLA: UNA OREJA.

Sevilla, miércoles 25 de abril del 2012… Los toros de Jandilla dieron al traste con las buenas intenciones de Manuel Jesús Cid y de Alejandro Talavante. Ese encierro -tan acorde a las modernas exigencias del toreo- daba lástima y provocaba algo parecido a la enfermedad del sueño en los tendidos, ergo: los pupilos de Borja Domecq son enormes moscas tse-tsé con cuernos.

Sevilla, miércoles 25 de abril del 2012… Los toros de Jandilla dieron al traste con las buenas intenciones de Manuel Jesús Cid y de Alejandro Talavante. Ese encierro -tan acorde a las modernas exigencias del toreo- daba lástima y provocaba algo parecido a la enfermedad del sueño en los tendidos, ergo: los pupilos de Borja Domecq son enormes moscas tse-tsé con cuernos.

El torero de Salteras venía con una disposición envidiable y con plomo en las zapatillas, era un gusto ver al antiguo Cid, no al nuevo. Pero con bichos tan débiles, sosos y patéticos no hay temple ni mando que valgan, o por lo menos no mucho tiempo.

En el que abrió plaza, El Cid lanceó y muleteó con arte y quietud, con buen gusto y largueza, pero el toro le duró lo que al pobre la ilusión. Pinchó el diestro y ni al tercio le sacaron. En el cuarto, un rumiante infumable, Manuel Jesús porfió en vano hasta aburrir al cónclave. Mató muy a la moda: de entera trasera y baja, para retirarse en silencio al burladero.

Castella está pa’ los leones. O sea, de dar pena ajena. No le diré que su lote valía más que el de sus compañeros de terna, pero sí asentaré que había manera de estar digno en esta su (¡gracias a Dios!) tercera y última cita sevillana. Castella, ese otrora buen torero, está demostrando cada vez que se viste de luces cómo la vergüenza torera se le ha ido del corazón. A Sebastián hay que decirle que si le gusta el toreo, lo mejor es ¡que lo deje! Y que vaya a terminar su próximo éxito de librería: “Cómo pegar el petardo y no sonrojarse siquiera”.

Un aficionado que había ido a la feria antes de la corrida y que audiblemente nos demostró haber ingerido cantidades navegables de manzanilla, no cesó de recriminarle a Castella el haber dejado al matador José Antonio Campuzano y haberse convertido en un albañil del toreo. Algo hay de cierto en eso, definitivamente.

Talavante, en su primer enemigo, fue la antítesis del segundo espada. El extremeño recibió al toro con verónicas, chicuelinas y remató soltando una punta del capote. Con la muleta estuvo elegante, variado, templado y entregado. Logró emocionar al respetable con buenas tandas al derechazo, cambios de mano por delante, pases de pecho, naturales de buena factura y un molinete. Mató de manera espectacular haciendo rodar sin puntilla al astado, para hacerse acreedor a un trofeo. Lástima que Talavante está para grandes hazañas y ese tercero de Jandilla no era un toro bravo.

En el sexto, un animal que tuvo el ánimo, la alegría y la casta de una remolacha, Talavante estuvo machacón y empeñoso, pero aquello no tenía sentido. De cualquier manera, Alejandro cortó dos orejas en dos tardes, justificando con creces su inclusión en el elenco, no como otros…

Total, que la corrida de ayer hubiera sido memorable si tan solo hubiera sido distinta. Es triste que la empresa, los ganaderos y algunos toreros sepan que el público prefiere ver cómo le engañan tarde a tarde (como al proverbial chino) que ser ciego y quedarse en casa.

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