SEVILLA: 14ª DE FERIA. SIEMPRE NOS QUEDARÁ LA ESPERANZA.

Jueves, 26 de abril de 2012… En la corrida del jueves de farolillos de la Feria de Abril, la corrida de Cuvillo se vino abajo y los diestros cumplieron con desigual fortuna. Oreja y cogida para López Simón en su alternativa, aplausos para Manzanares y pitos para Morante.

Plaza de la Maestranza. Jueves, 26 de abril de 2012. Décimo cuarta de feria. Lleno de “no hay billetes”. Toros de Núñez del Cuvillo, incluido el buen sobrero (1º bis) del mismo hierro, desiguales. Saludaron en banderillas Trujillo, Curro Javier y Luis Blázquez.

Morante de la Puebla, de tabaco y oro. Media estocada atravesada (silencio). En el cuarto, media estocada (silencio). En el sexto, pinchazo y estocada corta (silencio).

José María Manzanares, de azul marino y oro. Pinchazo y estocada corta (silencio). En el quinto, pinchazo y estocada baja (saludos).

López Simón, de blanco y oro. Estocada corta atravesada. Aviso (oreja). Parte médico: El torero madrileño pasó por la enfermería después de dar muerte al toro de la alternativa para ser intervenido de una “herida por asta de toro en cara anterior de muslo derecho tercio medio, que interesa musculatura de vasto interno. Presentando una trayectoria ascendente de 7 cm. Se hace limpieza de tejidos, hemostasia y sutura”. Pronóstico: Leve. El parte facultativo está firmado por el Dr. Octavio Mulet Zayas.

Carlos Crivell.- Sevilla
Reventón en la Maestranza para ser testigos de algo imposible. La gente estaba convencida de que todos los días puede haber un indulto. Incluso creía que Manzanares puede cortar cuatro orejas todas las tardes. También los había que estaban convencidos de que Morante haría temblar los cimientos de la Maestranza. A mi lado me preguntó uno que quién era el muchacho vestido de blanco.

La imaginación funcionó, pero nada de lo soñado ocurrió. Los toros de Cuvillo no fueron bravos ni estuvieron sobrados de casta. Ninguno de los lidiados habría sabido por boca de Arrojado que, si embestía con bravura muchas veces, podría volver vivo a la dehesa.

Por mucho que el tendido empujara con alegría y desconocimiento, Manzanares no pudo reeditar sus triunfos. Ni siquiera con la bula que tiene en esta plaza pudo saborear las mieles de un triunfo.

Sevilla siempre espera a toreros del corte de Morante, a los que es capaz de perdonar una mala tarde por un quite, como les ocurrió en otro tiempo a los míticos toreros de Sevilla. Pero un quite, por muy bello que sea, ya no puede justificar una tarde con tres toros.

A fin de cuentas, la corrida comenzó con alegría por la entonada labor del nuevo doctor López Simón. Es matador de toros con un solo astado lidiado. Fue cogido en la suerte suprema del toro de la ceremonia y no pudo enfrentarse al sexto. El toro del doctorado que fue el sobrero, no el precioso e inválido melocotón anunciado.

López Simón estuvo en novillero arrebatado. Casi no ha tomado la alternativa aún. Lanceó con ganas al titular y al sobrero. Este toro sustituto fue noble. El madrileño hizo una faena de corte notable por el pitón derecho. Los pases más que de calidad fueron de entrega y rabia torera. Fue una faena de joven que lo tiene todo por aprender, comenzada con espaldinas y rodillazos y rematada con manoletinas, todo muy en la línea del toreo despersonalizado de nuestros días.

Fue cogido y herido en la pierna derecha al matar al astado. La oreja tuvo de todo: premio a su labor, recompensa a su actitud y arrebato ante la sangre que tenía en la blanca taleguilla. A López Simón hay que esperarlo. Tiempo al tiempo.

Queda la esperanza de ver otro día una corrida de Cuvillo más encastada y brava. De la del año pasado a la de este año hay un largo trecho.

También nos queda la esperanza de ver mejor a Manzanares en fechas futuras. La plaza le cree a pies juntillas y se valora como grande todo lo que hace. Ayer ha sido un día con freno y marcha atrás para el alicantino, que fue coreado porque la masa acudió a verlo en estado de gracia sin calibrar sus logros. El tercero, primero de su lote, tenía mejor faena que la realizada. Fue una labor de retazos sueltos, apenas dos pases mejores por cada tanda, siempre por la derecha y huérfana de toreo al natural. Quedó en el aire la impresión de que era posible otro trasteo.

Después de concierto magistral de Trujillo y Curro Javier en el quinto, el toro quedó perfecto para una gran obra. Fue buena la primera tanda, embarullada la segunda, mejor una por naturales ya con la música sonando, pero allí faltó más rotundidad, o quizás torear para adentro o rematar por abajo. En el colmo de una tarde con menos brillo, marró en su primera entrada en la suerte suprema. Para ver a Manzanares en plenitud siempre está abierta la puerta de la esperanza.

A Morante siempre hay que esperarlo. La plaza rugió de satisfacción por un quite por chicuelinas en el sexto que fue lo mejor de la tarde. Había un precedente por el mismo lance de Manzanares en el quinto. Morante acabó con el cuadro con tres lances perfectos y dos medias de cartel. Es lo que en tiempos se llamó el quite del perdón. En este caso el perdón podía tener indulgencia plenaria si Morante cuaja a ese sexto, que parecía bueno, pero que no tenía ni alma ni vida. Tampoco corazón. La faena del torero de La Puebla fueron unos apuntes preciosos, bellísimos, casi como un suspiro. Fue lo más para algunos y muy poco para muchos. El de Cuvillo se encerró en sus manos para no tener el privilegio de ser toreado por Morante. El animalito se lo perdió. En el reino de los toros de lidia sólo podrá contar que fue parte de las chicuelinas de un genio.

Ese genio no estuvo afortunado en sus dos toros anteriores. Entre las pocas fuerzas de las reses y sus precauciones, todo quedó en faenas cortas mal rematadas con la espada. Pero a Morante siempre hay que esperarlo. Como a Cuvillo, a Manzanares y al chavalito López Simón. Ayer no pasó casi nada, pero de estos toros y toreros se puede esperar todo.

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