15 junio, 2021

VALEN LO MISMO LOS TOREOS CON CAPACIDAD CREATIVA QUE LOS QUE DESCUBREN LA MAGIA Y ARTIFICIO DEL TOREO.

Sean taurinos o no, los mexicanos, incluyendo a los extranjeros que la conocen, tienen un punto de partida común para valorar integralmente la Feria de San Marcos y muy en especial las funciones –novilladas y corridas- que en ella se realizan.

Sean taurinos o no, los mexicanos, incluyendo a los extranjeros que la conocen, tienen un punto de partida común para valorar integralmente la Feria de San Marcos y muy en especial las funciones –novilladas y corridas- que en ella se realizan.

Vista la gran kermese como un evento que implica folclore, tradición, cultura y comercio, se entiende que socialmente, por su propio formato, sea evaluada como la más representativa y emblemática del país. Es la feria con más “valor” integral.

Por añadidura, y en semejante términos, la conciencia de los taurinos le concede el más alto “valor” simbólico al ciclo de festejos que se realizan en el regio coso Monumental con motivo de la afamada verbena. Ello explica que vengan a dicho evento los toreros de más “valor”. Lo cual no quiere decir que sea en los más valientes. Tampoco significa que no se contrate a diestros que apenas si van en ascenso gradual hacia el intrínseco “valor” comercial propiamente dicho.

Pero lo de hoy es otra cosa. El Juli, Juan Pablo Sánchez, y Arturo Saldívar. ¡Cuánto vale la tercia – al margen del rejoneador- cuyo costo artístico y comercial resulta impagable en otras plazas y en otras ferias! Lo cierto es que hablando de “valor” es necesario eliminar las ambigüedades que de ese concepto se desprenden.

¿Cuáles son los toreros que valen, y que en consecuencia están anunciados en la feria?

Vale el torero que viéndole torear lidiando, o lidiar toreando, hace sentir al espectador como si estuviera ausente de la plaza y el graderío que lo rodea. Vale el torero que, contemplándolo, da la sensación de estar profundamente distanciado de lo real. Vale el torero que incorpora al aficionado al casi sobrenatural mundo de la subjetividad creativa. Vale el que, en trance de embeleso, hace sentir al parroquiano lejano, ciego y sordo a todo cuanto está en su entorno físico. Vale el que hace presa al observador del proceso mágico del encantamiento.

Vale el torero- como lo vale la tercia de hoy- que embruja; el que con la jeringa de las emociones inyecta grandes dosis de pasión. Y se valora con rango de superior al diestro que, una vez concluida la función, hace percibir al aficionado el mundo cotidiano de un modo nuevo y original.

Así lo creo: Valoro al diestro que con su expresión recubre mi mundo diario con mantos de inusual frescura y alegría, alquimia cuyo proceso de mutación y metamorfosis tiene aires de sobrenatural.

Aunque, desde luego, el valor del valiente es renglón aparte. Son los toreros que establecen la diferencia entre el valiente y el valeroso. Un torero valiente es arrojado para que no le quiten el triunfo; un torero valeroso da lo mejor de sí para lograrlo. Un torero valiente camina con seguridad en el ruedo; un torero valeroso se sabe supeditado a la supremacía de los designios del Ser supremo.

Lo cierto es que la Feria de San Marcos vale más que cualquiera, estando el serial taurino en el mismo tabulador.

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