26 septiembre, 2021

EL TOREO ES UN EJERCICIO AL QUE SE ENTREGA EL SER HUMANO CON ALMA Y VIDA, Y NO COMO INDUSTRIALES.

Da gusto ir a la plaza de toros, tal y como lo hará el aficionado la tarde hoy, llevando de tolerante y hasta cómplice chaperón a la ilusión y de compañera a la esperanza de encontrarse con el estruendo de la dinamita.

Da gusto ir a la plaza de toros, tal y como lo hará el aficionado la tarde hoy, llevando de tolerante y hasta cómplice chaperón a la ilusión y de compañera a la esperanza de encontrarse con el estruendo de la dinamita.

En contraparte, cuánta desencanto origina que la pólvora del entusiasmo apenas si esparza chispas que nunca llegan a convertirse en flama, mucho menos en incendio abrazador. Tal y como sucedió la tarde de ayer.

Y qué gusto da ir a la plaza cuando a ella acude el núcleo vertebral de la llamada afición, ese reducido grupo de personas que a la vez sirve de censor y termómetro, y que en determinadas circunstancias pesa en el ánimo y juicio de los profesionales. Qué interesantes son las tardes en las que los entendidos, catalogados así por sus conocimientos más elaborados y metidos en la materia, terminan formulando síntesis de aprobación y contento.

De ahí que, para la tarde hoy, en la que toman parte tres grandes en verdad grandes –El Zotoluco, Sebastián Castella y Juan Pablo Sánchez-, esa afición se encaminará al tauródromo para ser testigo de las proezas que se premiarán con el alegre ajetreo de los pañuelos blancos que se desprenderán cual cascada en regocijo de los colmados tendidos de la Monumental.

Así las cosas, la tarde de hoy es, con dedicatoria, para los buenos aficionados. Y aunque éstos ya no se expresan en los cosos con la suficiencia de un tirano dictador, sirve de aliento y estímulo motivador el hecho de que tales aficionados hagan saber que, por las cualidades y virtudes de los diestros anunciados, existan muchas posibilidades de que se enreden en apasionado idilio con uno, con dos, si no es que con los tres, de los actuantes en la cuarta función de gala del serial.

Claro, el éxito no es cosa de todos los días. Un matador de toros, y pese al rango en el que se desenvuelven los exitosos triunfadores (por ejemplo los que hoy lidiarán por la tarde el bello lote de Teófilo Gómez) no es un simple empleado de una oficina que con riguroso orden y una lógica formal, llega al estrellato convirtiéndose en jefe.

En determinados momentos los diestros son presa fácil de las veleidades de la surte, llegando inclusive a darse el caso de tener que lidiar con la fatalidad, o bien con la opulencia admirativa vulgarmente llamada coba. Harto esfuerzo y dedicación les costó a los tres espadas encontrar el sendero justo que les permitió el ascenso directo a la evolución y desarrollo de sus cualidades como para que el aficionado las palpe con los ojos cerrados.

¿Qué tienen Eulalio López, Sebastián Castella y Juan Pablo Sánchez para que, al conjuro de su nombre, los tendidos de la Monumental se vayan a ver repletos de espectadores y aficionados? Quisieron ser toreros con toda su alma, con todo su corazón, inclusive agotaron el manantial de su voluntad. Lo cierto es que la tercia cuenta con una amalgama virtuosa de dones -espirituales, anímicos, físicos, morales e intelectuales- que no es común en el ser humano.

Son, en cierta manera, seres decididamente excepcionales.

Deja un comentario