21 junio, 2021

LOS PUYAZOS DE SERGIO.

Y pretenden abogar por los animales quienes menos conocen de ellos.
Se han de estar lamentando los miembros de la supuesta “Sociedad Protectora de Animales de Aguascalientes” de la maldita hora en la que mandaron a un par de mujeres de escasa mente y robusta mojigatería a una estación de radio regional, entregada generosamente a las conveniencias del poder, a fomentar la ociosidad de horas al aire y vocear lo salido oficialmente de los dos gobiernos con cede en la capital, para “debatir” entre Adiel Armando Bolio, cronista taurino, y Don Jorge Medina Rodríguez, criador de reses bravas, acerca del tema de moda: “La pretensión de abolir el espectáculo taurino” en donde se dejen.

Y pretenden abogar por los animales quienes menos conocen de ellos.
Se han de estar lamentando los miembros de la supuesta “Sociedad Protectora de Animales de Aguascalientes” de la maldita hora en la que mandaron a un par de mujeres de escasa mente y robusta mojigatería a una estación de radio regional, entregada generosamente a las conveniencias del poder, a fomentar la ociosidad de horas al aire y vocear lo salido oficialmente de los dos gobiernos con cede en la capital, para “debatir” entre Adiel Armando Bolio, cronista taurino, y Don Jorge Medina Rodríguez, criador de reses bravas, acerca del tema de moda: “La pretensión de abolir el espectáculo taurino” en donde se dejen.

Pobreza causante de pena ajena fue la que sin pudor expandieron públicamente; tan humilde, a tamaño tal que no tienen facultad ni capacidad para defender ni científica, ni moral, ni ética ni políticamente su posición sentimentalista y absurda en favor, según les dicta su mayúscula ignorancia, del toro de lidia, animal que prácticamente desaparecería si se llegaran a prohibir las corridas de toros y que es justamente del que más ignoran.

Mediando la pobreza de la conductora, incapaz que fue de generar una confrontación de ideas entre las dos partes, con aparente pasibilidad las damas, metidas que se nota están en la práctica de la liberación feminoide, no pudieron argüir otro mecanismo de defensa que el de la exposición de sus propios sentimientos y su insoportable y absurda empatía hacia el toro, ser, según dicen, también siente al igual que el humano… tesis reprobatoria dado que científicamente –recuérdese que la ciencia es la supremacía del saber-, el umbral del dolor en el bóvido de lidia es demasiado alto. Es decir, si el dolor es una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada a una lesión en el cuerpo –divisa, puyazos, banderillas y espada-, el toro de lidia, por naturaleza y temperamento, tiene desarrollado el mecanismo biológico para, por medio de sustancias químicas que él mismo produce, inhibir tales dolencias. Por su puesto que el toro durante la lidia experimenta desagradables sensaciones por las heridas que le causan los trebejos usados, sin embargo nunca en la medida que se imaginan los “abogados de la ecología”, quienes como tales ya pueden ir estructurando las medidas necesarias y la formación de proyectos legales para cerrar los rastros, prohibir la matanza de focas bebes en Canadá, clausurar la navegación de barcos pesqueros de ballenas en Japón, evitar la venta de anzuelos para la pesca deportiva en todo el mundo, incinerar las redes con que se capturan miles de millones de toneladas de camarones, pulpos e infinidad de especies marinas, prohibir la venta de lactotropina parea evitar que en los grandes establos se ensañen biológicamente con las vacas productoras de leche y produzcan más a costa de morir en la mitad de tiempo que por naturaleza vivirían, obligar al monstruoso monopolio que maneja la producción de pollos a que deje madurar éstos y no los sacrifique de siete semanas –México no consume carne de pollo si no de “pollitos” inflados, es decir, de bebes-, multar a los estableros –en este caso sería a todos- que vendan becerros recién nacidos para la elaboración de birria solo por no haber sido hembras, controlar los laboratorios que fabriquen fungicidas, claro, para que no haya matanza masiva de insectos, ¡pobrecitos!, y no por el daño de salud que puedan provocar en la humanidad por el uso indiscriminado, destruir carpas de circos en donde se divierten con las gracias de todo tipo de animales exóticos que antes fueron sometidos a severísimos entrenamientos para someter su voluntad y que están condenados a morir en cautiverio, situación que desde luego no les es de naturaleza, a clausurar zoológicos, bartolinas de castigo de animales que sirven para que gente citadina los observe, hasta se ría de ellos y pueda tenerlos de cerca, ya que en su vida solo podrán soñar verlos en su hábitat original, igualmente han de enjuiciar, condenar y prohibir a los científicos la utilización de conejillos de indias y otras especies para experimentos que beneficien a la humanidad entera, ya que son condicionados a jaulas diminutas la mayoría de las veces y a la muerte lenta y dolorosa; ya podrán del mismo modo cerrar miles y miles de palenques en donde se hacen pedazos todas las noches los gallos de riña, aunque paralelamente los condenen a desaparecer puesto que nadie en su sano juicio seguiría criando semejantes aves que no sirven para consumo humano y quizás muy poco en un hábitat en el que hace muchos, pero muchos años dejaron de sobrevivir.

Todo esto, y una lista más, pero más larga de acciones del hombre en su relación con los animales habrán de abolir.

Un trastorno en el orden universal es el que el humano pretenda animalizarse y humanizar a los animales… todo esto aunque se estiren de los cabellos la manada de sensibleros –entiéndase manada considerando que el hombre igualmente es del género animal-, y que sin embargo la condición genérica no necesariamente es prueba para que el homo sapiens esté obligado a mantener vínculos “armónicos” –como lo mal entienden los supuestos ecologistas- con el resto de las criaturas del universo.

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