20 septiembre, 2021

DECIMONOVENO FESTEJO DE LA TEMPORADA… LA CRISIS DE LOS MIURAS/LOS MIURAS DE LA CRISIS

Sevilla, domingo 29 de abril del 2012.
Algunos dicen que lo dijo Guerrita, otros le atribuyen el aforismo a Rafael El Gallo: “Lo que no puede ser no puede ser, y además es imposible.” Pocas cosas más ciertas hay en la vida, y la última tarde de toros de la Feria de Sevilla fue un claro ejemplo de ello, porque si los miuras se caen y no dan esa legendaria sensación de peligro, si se mata a los toros de Zahariche en el caballo y si los diestros demuestran un exceso de prudencia, es imposible evitar el tedio y el desencanto.

Sevilla, domingo 29 de abril del 2012.
Algunos dicen que lo dijo Guerrita, otros le atribuyen el aforismo a Rafael El Gallo: “Lo que no puede ser no puede ser, y además es imposible.” Pocas cosas más ciertas hay en la vida, y la última tarde de toros de la Feria de Sevilla fue un claro ejemplo de ello, porque si los miuras se caen y no dan esa legendaria sensación de peligro, si se mata a los toros de Zahariche en el caballo y si los diestros demuestran un exceso de prudencia, es imposible evitar el tedio y el desencanto.

El primer pupilo de Eduardo y Antonio Miura Martínez fue castigado con tres puyazos asaz alevosos. José Luis Moreno toreó al pobre bicho con muchos gritos, mucha precaución y poco arte. Lo mató de casi entera a toro parado y su labor fue silenciada.

En el segundo de la tarde Rafaelillo estuvo bien con el capote. Después el del castoreño trucidó al imponente y gallardo cornúpeto, y Rafael Rubio estuvo un tanto teatral en una faena de muleta en la que el mérito brilló por su ausencia. Mató de entera trasera y misteriosamente fue llamado a saludar en el tercio.

A Serafín Marín le devolvieron a los corrales al tercer miura del festejo. ¡Qué vergüenza que un toro que porta el hierro de la A con asas, ése que originalmente fue de Antonio Cariga, se desplome como un vulgar toro artista de los noventas! Así las cosas salió un sobrero del Conde de la Maza, un castaño de imponente trapío. El torero catalán consintió que le recetaran al toro tres varas de las de antaño y lo más relevante se lo hizo un espontáneo quien logró pegarle dos lances con la chaqueta. Serafín mató al infortunado animal de un bajonazo artero.

Salió el cuarto miura al ruedo maestrante y se repitió la historia de los dos capítulos iniciales: debilidad y un primer tercio feroz. No obstante, el astado cogió al torero cordobés hasta en dos ocasiones al final de la faena; una al no estar haciendo nada relevante, y la otra al no saber si esquivar la dubitativa y poco sorpresiva arrancada del miura o intentar meterle el estoque. El colofón de dichos penosos incidentes fue un concierto de desaciertos con la larga y con la corta. El público, en un alarde de villamelonería, sacó a Moreno a recibir aplausos en el tercio.

Rafaelillo salvó la tarde en el quinto. El menudo diestro murciano le dio dos medias largas cambiadas de hinojos al imponente miura y luego lanceó a la verónica y remató con dos medias elegantes y pintureras. A este miura lo picaron con mimo porque tampoco tenía fuerza, y eso permitió que llegara a la muleta cayéndose pero no mucho. Rafaelillo estuvo solvente, valiente y estético con la sarga, especialmente al natural y en los de pecho. Inclusive logró bellos adornos por ambos pitones, tales como cambios de mano, desdenes y trincherillas. No mató al primer viaje y todo quedó en una merecida vuelta al ruedo.

De lo hecho por Marín en el sexto, un animal de mediocre estilo que iba y venía sin transmitir mucho, mejor ni hablar porque tendríamos que decir que faltó entrega y sobraron mañas. Lo más relevante fue la buena estocada entera con la que lo despachó.

Salimos de La Maestranza recordando lo bien que estuvo Rafael Rubio Luján en el penúltimo toro de la Feria y la larga nota de clarín que marcó el postrer cambio de tercio del serial sevillano. Fue ese un sonido lleno de nostalgia y de torería, un pedacito de música que nos tendrá que durar hasta el próximo Domingo de Resurrección.

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