EL ANTIARTE CONVIERTE AL TOREO EN FLOR SIN AROMA, EN DÍA SIN SOL, EN NOCHE SIN ESTRELLAS, EN AMANTES SIN AMOR.

ARRASTRE LENTO… Cuando las voces de los aficionados con autoridad por su conocimiento hacen señalamientos precisos que definen y defienden las normas y los preceptos, se intuye que sus emisores, amén de vibrar con la emoción creativa, se anonadan con la estética y la plástica del riesgo más bellamente concebido. A esas voces hay que prestarles atención.

Prestarle atención a las palabras que intentan la elevación, por vía de la depuración, de los esquemas conceptuales del toreo, y más a las que alientan cualquier tentativa que, en consecuencia, pula la capacidad analítica de los que gustan y se deleitan con el fenómeno del toreo. Cuando se sabe ver toros es imposible no apreciar el arte en la forma, y sentirlo en su fondo.

De ahí que sean respetadas y respetables las voces que libran de estorbos los caminos por donde se elaboran las estrategias para comprender y valorar la realidad de lo que sucede en los ruedos. Hoy, por la calidad de los artistas que componen el cartel de la quinta corrida de feria, hay que abrir bien los ojos para ver la magnitud artística del toreo, y llevar limpios los oídos para escuchar las voces que guían a la parroquia a la anti-superficialidad.

Con José María Manzanares como revelación, con Sebastián Castella como ejemplo de consistencia, con Juan Pablo Sánchez como tránsito a un futuro brillantísimo, y con Arturo Saldívar como modelo de purificación, el cartel de hoy no tiene desperdicio. La superficialidad a la basura.

En el de hoy, siendo una de las atractivas combinaciones con fondo, las voces conocedoras sugieren no desentenderse de las formas. Y es que el fondo, cuando tiene esencia, y la forma, cuando es auténtica, forman parte de una misma constitución eminentemente creativa.

Pues sí, hay que prestarle atención a las voces que alertan, descubriéndola, la condición voluble y cambiante de los espectadores que, mostrándose mutantes y caprichosos, perfilan su tendencia hacia un consumismo enajenante, rico productor de cantidad, pero no de calidad. En el toreo la finura del detalle habla más que la tosca multiplicidad voluminosa.

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