26 septiembre, 2021

EL TORERO DEL SIGLO XXI. JOSÉ

Pasó Sevilla. Decepcionante en su mayor parte a excepción del taco de Manzanares y el buen tono de Talavante. Del resto, casi todo gris, triste y avivando un poco más el pesimismo que invade a demasiados aficionados. Incertidumbre para una Fiesta anclada en el pasado que no conecta con el presente y menos todavía con el futuro. Casi nadie parece enterarse de por dónde deben ir los tiros para intentar sacar un poco la cabeza. La excepción más evidente también tiene un mismo nombre, Manzanares.

Pasó Sevilla. Decepcionante en su mayor parte a excepción del taco de Manzanares y el buen tono de Talavante. Del resto, casi todo gris, triste y avivando un poco más el pesimismo que invade a demasiados aficionados. Incertidumbre para una Fiesta anclada en el pasado que no conecta con el presente y menos todavía con el futuro. Casi nadie parece enterarse de por dónde deben ir los tiros para intentar sacar un poco la cabeza. La excepción más evidente también tiene un mismo nombre, Manzanares.

Y ya no habló de si a un servidor le llena más el toreo de Morante o sí aquel es devoto de José Tomás o sí el de más allá suspira por la capacidad de el Juli. El asunto es otro. Se necesita conexión con el resto de la sociedad, un hombre moderno, elegante, con clase, que sepa venderse asistiendo a entregas de premios, conferencias, que en ellas se deje fotografiar por todo el mundo y que dedique mil y una sonrisas a su clientela.

También, lógicamente, que este en la onda de las redes sociales y que además, y sobre todo, sea un gran torero. A día de hoy el único que cumple con todos esos requisitos es José María Dols Samper, ya que otro de los llamados, Cayetano, ha quedado en un lamentable bluf.

El de Alicante debe ser el referente de todos quienes componen este mundo y el ejemplo a seguir por muchos de sus compañeros.

No hay otra. Todo lo demás, lo del misterio, la pureza, el arte y todas esas cosas que son absolutamente imprescindibles y que tanto nos llenan a la afición, no son suficientes por si solas. No hay más que ver la desidia con el espectáculo de esa generación entre los veinte y los treinta años, gente nacida en la misma década que la mayor parte de quienes componen el escalafón.

Tenemos, seguramente, una oportunidad de oro con un matador a quien no debiéramos desaprovechar. Tiene que ser esa la imagen taurina del siglo XXI y quien aficione a los no aficionados. Es crucial para que nuestros hijos puedan ver toros cuando sean mayores, con o sin sangre, que ese ya es otro tema del que me alivio por no desanimarme un poco más.

Deja un comentario