19 septiembre, 2021

DEL HORNO DE LOS TRES TORERO, BARRRERA, BARBA Y AGUILAR, SE PUEDE DESPRENDER EL SANTO OLOR A PANADERÍA.

¡Los caballos están a la puerta,…!

Aunque vamos cabalgando rumbo al final de la jornada -el serial taurino, los caballos en los que monta la esperanza trotan briosos sin acusar cansancio ni fastidio. No importa que la noche vaya a extender su misterioso manto toda vez que, filtrándose con la fina coquetería de quienes se saben deseadas, podremos contemplar los lejanos farolillos de las estrellas celestes en las que se esconden las ilusiones.

¡Los caballos están a la puerta,…!

Aunque vamos cabalgando rumbo al final de la jornada -el serial taurino, los caballos en los que monta la esperanza trotan briosos sin acusar cansancio ni fastidio. No importa que la noche vaya a extender su misterioso manto toda vez que, filtrándose con la fina coquetería de quienes se saben deseadas, podremos contemplar los lejanos farolillos de las estrellas celestes en las que se esconden las ilusiones.

Cosa curiosa: contemplando al cielo se puede hacer conexión con las sensaciones de los recuerdos. Tal y como sucede con las circunstancias y sus olores. Lo cierto es que, antes del reposo final, el que vendrá cuando se despida dentro del marco nostálgico de las Golondrinas la feria el próximo domingo, el horno casero está prendido. Y su calorcillo se siente como el venturoso aliento que espiritualiza la contemplación de la fantasía. El horno de la Monumental está encendido, y la afición en espera el dulce manjar de panadería.

No es que lo invente. Es el aficionado el que presiente que en la tarde de hoy, antes que los diestros –Antonio Barrera, Fabián Barba, y Mario Aguilar- cuelguen en el perchero la indumentaria con la que lucirán cual príncipes victoriosos en la palestra, en el ruedo de la Monumental se cocerán maza y harina torera haciéndonos recordar el santo olor a panadería, el aroma familiar del Aguascalientes de ayer.

Los tres toreros tienen argumentos técnicos con los cuales pueden hacer que su emoción se convierta en canto, y su canto en emoción. Y cantando con las voces de capotes y muletas harán que se recuerde a los panaderos que llenos de optimismo le daban al pan resultante, luego de su cocimiento a la temperatura ideal, la textura sólida y tersa de los pasteles y la repostería aderezados con espumas y sabores de gloria.

Los aficionados saben que la madurez profesional de los toreros, de la mano de la prepotente Historia, les conmina a caminar sin apresuramientos. Ella, dándole vueltas hacia atrás a la rueda vertiginosa de los años, les permitirá –a los diestros- junto a los aficionados y espectadores, recordar ese embriagador aroma del pan provinciano, el que en dulces ráfagas nos hacía saber que estábamos siendo seducidos por el santo olor a panadería.

Después…

Después de la corrida de hoy no quisiera encontrarme con el sabor del pan duro que amarga la boca, y todo por no haber estado a la altura de las exigencias de una tarde que puede resultar inolvidable. No me gustaría, desde el punto de vista del simple aficionado que goza con el dulce remanso de la sobremesa, olvidar la tarde como si se hubiera esfumado junto al humo de los cigarrillos consumidos mientras se vacían las tacitas de café.

¡Los caballos están a la puerta!

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