22 junio, 2021

RECUERDOS TOREROS QUE SUENAN COMO APRISIONADOS EN EL DESVAÍDO TERCIOPELO RUINOSO DE LA MEMORIA.

ARRASTRE LENTO… Si bien Aguascalientes ya no es el rinconcito aquel que, luciendo claveles, y ataviado con el multicolor rebozo primaveral del perfumado abril, invitaba a sus moradores a emprender por sus lustrosas y empedradas calles el alegre trayecto rumbo a la plaza San Marcos -Allende, Venustiano Carranza antes la Merced y Carrillo Puerto, Jesús Contreras, Democracia, y Emiliano Zapata-, con renovada animación conserva la querencia, en forma de gusto, de acudir al recoleto coso a festejar la aparición, muy constante a últimas fechas por cierto, de las nuevas luminarias de la Fiesta que orgullosamente ya es tenida como patrimonio de la entidad.

ARRASTRE LENTO… Si bien Aguascalientes ya no es el rinconcito aquel que, luciendo claveles, y ataviado con el multicolor rebozo primaveral del perfumado abril, invitaba a sus moradores a emprender por sus lustrosas y empedradas calles el alegre trayecto rumbo a la plaza San Marcos -Allende, Venustiano Carranza antes la Merced y Carrillo Puerto, Jesús Contreras, Democracia, y Emiliano Zapata-, con renovada animación conserva la querencia, en forma de gusto, de acudir al recoleto coso a festejar la aparición, muy constante a últimas fechas por cierto, de las nuevas luminarias de la Fiesta que orgullosamente ya es tenida como patrimonio de la entidad.

Cuando lo recuerdo, siento que me entregan el eco de un pasado luminoso que ni el polvo de los años puede desfigurar. Entre espasmos de gozo, de nuevo me emociono con la reiteración precisa de la memoria. Y recuerdo que, teniendo al cielo que parecía como recién lavado de testigo, mis ojos se deleitaban sorprendidos contemplando, camino a la plaza, la vanidad femenina que alegre coqueteaba con los varones que exudaban las olientes fragancias del perfume de inauguración y estreno. Era una gala ir a los toros en Feria.

Y aunque han cambiado las formas y los modos en la convivencia social, los aires de aquel alegre rinconcito que, según declaración confesada con indulgente resignación por mis abuelos, lucía un no sé qué de sereno relajamiento acogedor y pausado, siguen vivas en la memoria colectiva las huellas pasajeras que, cual relámpagos fugaces, dejaron las figuras esfumadas de los grandes toreros que se catapultaron en esta plaza a otras dimensiones.

Hoy, ¡por fortuna!, todavía, a favor de la corriente se desplazan en la temporada de novilladas los caudales de los ríos humanos que, entusiastas, se depositan en el circo que ya no es sino una reminiscencia depurada que opaca la visión sublimada de la memoria.

Así como la modernidad, cuyos efectos son letales para el resguardo de la tradición, vino a olvidar las retorcidas bujías y candelas que pudorosas debieron haber iluminado, contemplándolo, el beso sonriente y recatado que mis abuelos y padres se dieron en el tibio atardecer del añoso jardín bautizado con el mismo nombre que ostenta su vecina la plaza, así, pero en sentido contrario, también hay ráfagas de inusitado entusiasmo que enmarcan la atención de los que se atreven aponer sus ojos sobre la Fiesta que, para sus funciones de gala, ha escogido la regia plaza Monumental. Cierto es que la ciudad parece haber perdido la dulce fragancia de aquella sensualidad rústica, entre aborigen y campesina, que le daba un toque provincianamente singular a la comarca. Pero lo que no se le ha agotado es el exquisito manantial del cual siguen emanando las aguas calientes que riegan el florido y aromoso jardín del toreo local.

Los nombres se multiplican de los toreros que tienen ya un lugar distintivo en el floreciente vivero de la región. Argumento que consolida la posición privilegiada de Aguascalientes, ciudad que si bien ya no es aquel rinconcito en el cual se dibujaron los perfiles mestizos de una Andalucía a la mexicana, pese a cualquier cambio en la comarca siguen siendo la suavidad y el misticismo legendario de sus aires ambientales los que marcan la diferencia de la ciudad con el resto del país.

Por eso, convencido lo afirmo, me deslumbra el animado alboroto que se origina en torno del espectáculo del toreo, circunstancia que me permite evocar no sólo el jardín de San Marcos aglomerado con entusiastas paseantes, sino hasta la celebración de las nupcias incruentas del toreo con la refinada sociedad de Aguascalientes, un pintoresco pueblecito anónimo no hace mucho todavía, pero nutrido de leyendas, de magia, de un ascetismo penitente que consideró como una de sus alternativas creadoras ¡”al romance del toreo”!

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