19 septiembre, 2021

CON EL CORAZÓN EN LA MANO HABLARÁN LOS TOREROS DICIÉNDOLE CON SU ENTREGA “ADIOS” AL AFAMADO SERIAL.

Cuando habla el corazón se alertan los sentidos ciertamente conmocionados. La cara lo dice todo. Máxime cuando se dice ¡adiós!

Y puesto que hoy le decimos ¡adiós! al afamado ciclo de corridas de feria (mejor dicho, un hasta luego pues pasarán once largos meses para que, de nuevo dentro del marco de la Feria de San Marcos, nos volvamos a estremecer con la emociones que nos entregarán toros y toreros sobre el albero de la Monumental) resulta inevitable que el ánimo y los sentimientos acusen los efectos de la excitación torera.

Cuando habla el corazón se alertan los sentidos ciertamente conmocionados. La cara lo dice todo. Máxime cuando se dice ¡adiós!

Y puesto que hoy le decimos ¡adiós! al afamado ciclo de corridas de feria (mejor dicho, un hasta luego pues pasarán once largos meses para que, de nuevo dentro del marco de la Feria de San Marcos, nos volvamos a estremecer con la emociones que nos entregarán toros y toreros sobre el albero de la Monumental) resulta inevitable que el ánimo y los sentimientos acusen los efectos de la excitación torera.

¡Hacer de nuestras caras máscaras de nuestros corazones! –Macbeth- Sucede que cuando se habla del corazón se corre el riesgo de hacer referencia a un músculo, una víscera, o a una simple metáfora. Lo cierto es que los taurinos por costumbre no advertida le asignan colores al corazón: para algunos es blanco y enternecedor, y para otros es rojo y endemoniado.

Y hasta evalúan su vigor: es fuerte, dicen, o es rudo y consistente. Y cual termómetro, lo catalogan como frío, cálido, tibio, ardiente, y saben de su medida física y su dimensión emocional. Los más aventurados los hacen –a los corazones- de pertenecía correspondiente a ciertos animales: tiene corazón de gallina, o lo tiene de león feroz.

Lo cierto es que, con tufo de nostalgia, el taurino irá hoy a la plaza para ver a cuatro toreros que, cual guerreros y artistas, saldrán con el corazón “ardiente” por delante a decirle adiós al serial que, por su significación, tiene un notable peso específico dentro del contexto nacional.

Irán entonces los aficionados convencidos que será el corazón el que, en el púlpito del ruedo, habrá de tomar la palabra. Y los aficionados, fieles devotos a la solemne liturgia taurina, atentos los podrán escuchar.

Vaya pues con el corazón en los toros. ¡Que cosa tan más original! Es tan múltiple y variada la gama de significados y representaciones que los aficionados lo hacer reír o llorar, y le conceden variables de alegría y/o tristeza. Hasta le dan la palabra: “dad palabras al corazón para que hable en el ruedo”. No recuerdo quién lo dijo, pero tal ponente afirmaba que la dicha o la desgracia que no hablan murmuran en el fondo del corazón.

Así las cosas, con el corazón en la mano, los aficionados sabrán agradecer a los toreros -Rafael Ortega, Víctor Puerto, Antonio García, y Antonio Romero- sus empeños y disposiciones para que los primeros salgas complacidos con lo que hoy les obsequiarán a manera de epílogo triunfal. Claro: afirme el lector que, conmocionado el aficionado, se excitará cuando la banda sinfónica de la ciudad dejen oír los enternecedores compases de las Golondrinas.

¡Hasta dentro de un año!

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