26 septiembre, 2021

A JOSELITO, “EL GALLO”, EN SU GLORIA.

Madrid le había exigido en demasía, quería dejar de verse en la capital española por el tiempo razonable para que los ánimos se apaciguaran, por este motivo es que José Gómez, “Gallito” acepta ir a la plaza de Talavera de la Reina y matar una corrida de la viuda de Ortega, dehesa catalogada como de segunda clase, mano a mano con su cuñado Ignacio Sánchez Mejías. Tarde funesta que el destino le había marcado como la ultima, 16 de mayo de 1920.

El quinto de la tarde estaba en el ruedo, bautizado como “Baliaor”, mismo que le destroza el vientre solo para llegar a la enfermería y constataran los médicos que a quien quería auscultar ya era un cadáver, Rafael Alberti le escribe lo siguiente…

Madrid le había exigido en demasía, quería dejar de verse en la capital española por el tiempo razonable para que los ánimos se apaciguaran, por este motivo es que José Gómez, “Gallito” acepta ir a la plaza de Talavera de la Reina y matar una corrida de la viuda de Ortega, dehesa catalogada como de segunda clase, mano a mano con su cuñado Ignacio Sánchez Mejías. Tarde funesta que el destino le había marcado como la ultima, 16 de mayo de 1920.

El quinto de la tarde estaba en el ruedo, bautizado como “Baliaor”, mismo que le destroza el vientre solo para llegar a la enfermería y constataran los médicos que a quien quería auscultar ya era un cadáver, Rafael Alberti le escribe lo siguiente…

Llora, Giraldilla mora
lágrimas en tu pañuelo
mira cómo sube al cielo
la gracia toreadora.

Niño de amaranto y oro
cómo llora tu cuadrilla
y cómo llora Sevilla
despidiéndote del toro.

Tu río, de tanta pena
deshoja sus olivares
y riega los azahares
de su frente, por la arena.

Dile adiós, torero mío
dile adiós a mis veleros
y adiós a mis marineros
Que ya no quiero ser río.

Cuatro ángeles bajaban
y abriendo surcos de flores
al rey de los matadores
En hombros se lo llevaban.

Virgen de la Macarena
mírame tú, cómo vengo
tan sin sangre, que ya tengo
Blanca mi color morena.

Ciérrame con tus collares
lo cóncavo de esta herida
¡qué se me escapa la vida
por entre los alamares!

¡Virgen del Amor, clavada
igual que un toro, en el seno!
pon a tu espadita bueno
y dale otra vez su espada.

Que pueda, Virgen, que pueda
Volver con sangre a Sevilla
y al frente de mi cuadrilla
lucirme por la Alameda.

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