LA FIESTA EN AGUASCALIENTES INCREMENTA LA INTENSIDAD LUMINOSA DE SU ÓRBITA CONVIRTIÉNDOSE EN CENTRO DE LUZ.

ARRASTRE LENTO… Es una realidad inobjetable. La Fiesta –de toros- en Aguascalientes, ampliando su ya de por sí “colosal” espectro luminoso, acelera el proceso de admirarla. Ante los violentos embates de sus virulentos enemigos, más exhibicionistas que guerreros, luce victoriosa, de ahí que, mirándola a futuro la vemos tan segura que con inusual impavidez se desentiende de la rigidez penetrante de las lanzas que vuelan sobre fantasmas que se vuelven gigantes mientras se los ataca.

Concluido el serial del 2012, al que acudieron miles de espectadores con rebosante animación, queda la impresión de haberse reforzado los motivos para que los aficionados le sigan dando vida al toreo con su fidelidad adoratriz. Y serán éstos los que, asumiendo una posición de salvaguarda y protector del espectáculo –encabezados por CLT-, le den un sentido nuevo a la añeja tradición taurina.

He aquí lo interesante: lo antiguo se vuelve nuevo, y lo nuevo, sin quedar fuera de moda, seguirá teniendo compradores en multitud.

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