RECORDAR ES VIVIR… ¡¡¡Y SABEMOS VIVIR!!!

ES MENOS que imposible escribir del pasado sin leer viejos escritos, antiguas revistas o amarillentos periódicos que para nosotros son un verdadero tesoro, como invaluable fortuna es tener amigos mayores que nos han contado sus recuerdos, sus vivencias, sus gustos, sus pesares. Ajadas caras, pelo escaso y blanco, huesos tullidos, reflejos lentos y… para allá vamos más rápido de lo que quisiéramos, nos acercamos ya a “crear malvas con el ombligo”. Ley de la vida que ojala sepamos llevar y compartir, cuando menos con estos escritos copiados de nuestro cofre de tesoros taurinos, algo propio y mucho prestado que aun se pueda dudar siempre regresamos a sus propietarios. He aquí algo de estos relatos, por cierto no muy antiguo y vivido por un hombre treintón solamente, Sergio Martín del Campo Rodríguez…

ADMIRABLES SON los esfuerzos por ganarse decentemente el diario sustento de esos hombres que recorren rancherías o pequeñas poblaciones tratando de comprar fierro viejo, embases de plástico o de vidrio, ahora lo reciclable es negocio aun así se tengan que pasar el día entero por caminos terregosos, con sol o lluvia inclemente, comer galletas saladas con una lata de sardinas y un refresco muchas veces tan caliente como los mismos rayos del astro rey, es lo poco que al parecer saben hacer y con sacrificios y abnegadas entregas y privaciones llevan de comer a sus familias de forma decente.

SERGIO MARTÍN del Campo vive en el campo, es vecino de los poteros de la ganadería de La Punta, de ahí su gusto por la charrería y lo taurino, hoy es crítico duro, enérgico, exigente, honrado al juzgar, veraz, torista cien por ciento, mejor amigo y que permite bromearlo seguidamente así me llame “Dictador” en los programas de audio y video que seguidamente me hace el favor de conducir en este www.noticierotaurino.com.mx. Pues bien, cierta tarde al caer el sol sucedió lo que a continuación les he de compartir…

SU CASA está totalmente en despoblado y por ende el ruido es más perceptible que en una ranchería con varias casitas. A lo lejos se escuchaba el inconfundible grito-solicitud de… “Fiéeerrooo viéeejooo que véeendannn”. Al acercarse la destartalada camionetita del comprador Sergio se acercó, más que todo con el interés de platicar con el asoleado hombre que de venderle algo, de ofrecerle un vaso de refrescante agua de su manantial y dentro de la charla le hacía saber sus gustos por los caballos, por las cosas del campo, de la tierra, jamás pronuncio palabra alguna de lo taurino y la suerte le puso en el lugar exacto y a la hora propicia para que el nuevo amigo le ofreciera viejas y sucias espuelas que Sergio compró como un simple viejo adorno para la pequeña y coqueta salita que tiene frente a su recamara. Los días pasaban y las mentadas espuelas estaban abandonadas a un lado de la puerta principal de la casa materna, lugar donde vive por ser soltero.

CIERTA TARDE al sentarse en el lugar antes referido, en la compañía de doña Josefina y de Lupita, su hermana, instintivamente estiró la mano y comenzó a limpiar lo que pensó era un simple ornamento sin valor que colgaría de una pared, más grande fue su sorpresa al notar que el nombre del propietario aparecía poco a poco, su inversión de veinte pesos estaba a punto de convertirse en un invaluable objeto de colección ya que su dueño había sido, según la inscripción aparecida, don Juan Espinosa Saucedo, el matador de toros que se hizo subalterno para acompañar al hermano menor, don Fermín, “Armillita”.

NI DUDA queda, espuelas para museo que ahora Sergio tiene como adorno valiosísimo a un lado de su computadora. Una duda menos para nosotros… “Cuando Dios da, da a manos llenas”…

MAÑANA CONTINUAMOS con lo rescatado de viejos escritos, antiguas revistas o amarillentos periódicos, los que para nosotros son un verdadero tesoro. Por hoy fue todo y pido de antemano una disculpa si los gritos del comprador están mal escritos… Nos Vemos.

Deja un comentario