19 junio, 2021

LAS ACTUACIONES EN MADRID DE EL ZOTOLUCO, ARTURO SALDIVAR Y JUAN PABLO SÁNCHEZ CON SABOR A SOLEMNIDAD Y TUFO A PALACIO.

ARRASTRE LENTO… El aficionado local ignora cómo pueden sentirse en estos momentos Arturo Saldívar, Eulalio López El Zotoluco, y Juan Pablo Sánchez, luego de sus “decorosas” actuaciones en las Ventas de Madrid, coso que reúne a los espectadores más exigentes, analíticos y racionales de cuantos gozan con el centenario y conmovedor espectáculo. Dicen los que la conocen que la agresiva hostilidad del público madrileño –y sus famosos tendidos- cansa y desconcierta inclusive a los más encumbrados.

ARRASTRE LENTO… El aficionado local ignora cómo pueden sentirse en estos momentos Arturo Saldívar, Eulalio López El Zotoluco, y Juan Pablo Sánchez, luego de sus “decorosas” actuaciones en las Ventas de Madrid, coso que reúne a los espectadores más exigentes, analíticos y racionales de cuantos gozan con el centenario y conmovedor espectáculo. Dicen los que la conocen que la agresiva hostilidad del público madrileño –y sus famosos tendidos- cansa y desconcierta inclusive a los más encumbrados.

Suponen los taurinos, y hasta lo dan por hecho, que, en consecuencia a su actitud asumida en el coso venteño, y dando gracias en su capilla personal, la terna de mexicanos debe estar inhalando el incienso enloquecedor del reconocimiento y el respeto. Saben que en su país –México- no es un escándalo afirmar que el adjetivo “decoroso”, con el cual se ha calificado su actuación, siendo ciertamente decorativo, desde cualquier punto de vista, puesto que se trata de Madrid, suena a dignidad y triunfo. ¡Aunque no haya orejas de por medio!

Nadie puede negar que El Zotoluco, Saldívar y Sánchez, en su tierra irradian luz de estrellas, el primero como figura, y los de Aguascalientes como luceros. Empero, toda vez que se trata de la plaza más importante del universo del toreo, cuando se habla de Madrid pareciera que el brillo de los toreros, previos a presentarse en tan solemne recinto, se destiñera entre el vapor opaco y condensado del sol en suspenso. ¡Cuánta falta hacen las orejas!

El taurino mexicano, el que se preocupa, sufre y goza con sus toreros, con la energía de su noble corazón, inyecta aliento y ánimo a los jóvenes para que, a paso tardo, lento y fatigoso, se conviertan en figuras cuya grandeza se integre la luz fluyente de las verdaderas luminarias que trinan resplandores.

Pero…

Para que eso suceda hay que conquistar Madrid, única plaza que, además de conceder prestigio y derecho a grandes sumas de dinero, otorga popularidad, respeto, admiración, y reconocimiento.

Lo cierto es que la peregrinación es larga y la vela corta: lo cierto es que a los toreros que han actuado, y los que actuarán en Madrid –San Isidro- este año, con excepción de Eulalio López, les falta por consumar las proezas que, cual orgullosa y altanera águila mexicana, los conviertan en símbolos de un país ardorosamente taurino.

Los ojos de los taurinos mexicanos no reproducen el paraíso, pues cruel es la realidad que miran, pero tampoco son el reflejo del infierno. Sin embargo en ellos hay la aspiración visual –anticipación vehemente- toda vez que el escenario parece estar listo para que en él irrumpa el pelotón de guerreros que, encabezado por chavales de Aguascalientes, se ha adueñado de las virtudes de los grandes conquistadores: corazón, aptitud, actitud, disposición, inteligencia, garbo, sentimiento, pasión y valor.

La realidad es que, con respeto a Madrid y San Isidro, los mexicanos seguimos soñando.

Soñamos con ver a nuestros toreros que, cual si fueran águilas con sus alas desplegadas, su bella imagen trascienda el goce de la fantasía estampada en liberados colores de la más genuina policromía –creación- mexicana.

El taurino mexicano lo sabe: conviene, y diríase que hasta urge, que los toreros mexicanos en España dejen de darle el timbre lastimero a un proceder que, por no avasallar, hoy mueve a la compasión.

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