20 septiembre, 2021

1934… ¿A QUE FUERON LOS TOREROS MEXICANOS A ESPAÑA?

AL PARECER las aguas ya se han acordado de nosotros, pocas pero esperanzadoras, esperamos San Pedro ya abra las compuertas del vital líquido de forma regular, los del campo y de la ciudad se lo vamos a agradecer… Mientras nos vamos a copiar algo de los viejos documentos que tenemos a la mano, reproducimos integro y tal cual lo que leemos. Vale la pena conocer la manera con que veían a nuestros toreros en aquellos lejanos tiempos, cada uno de nosotros juzgara si hay similitud con la situación actual, a eso se presta el escrito.

AL PARECER las aguas ya se han acordado de nosotros, pocas pero esperanzadoras, esperamos San Pedro ya abra las compuertas del vital líquido de forma regular, los del campo y de la ciudad se lo vamos a agradecer… Mientras nos vamos a copiar algo de los viejos documentos que tenemos a la mano, reproducimos integro y tal cual lo que leemos. Vale la pena conocer la manera con que veían a nuestros toreros en aquellos lejanos tiempos, cada uno de nosotros juzgara si hay similitud con la situación actual, a eso se presta el escrito.

Artículo publicado en la revista La Afición en su edición de mayo/1934.
¿A QUE FUERON LOS TOREROS MEXICANOS A ESPAÑA?
Por Monosabio.
Todos los aficionados saben que actualmente tenemos veraneando en España a cinco matadores de toros y ocho novilleros.
Crecido número que ha encendido desconfianzas entre algunos artistas de cortos alcances, que temen los mexicanos les disputen el puchero.
Aquí no se cree que tales temores lleguen a realizarse. Nuestros toreros torearán reducido número de festejos y quedaran satisfechos; dejaran allá los emolumentos que precisaban, y además, lo que se llevaron consigo. Y nadie osará presentar una reclamación.
Si alguno se queda inédito, o fracasa, no seremos nosotros los que invoquemos la cólera celestial que castigue a los que no supieron mostrarse gentiles y esplendidos con ellos.
De antemano pensamos que, a quien Dios se la dé, San Pedro que lo bendiga.
Y, nada más. Ellos sabían en que aventura se embarcaban. Y sabrán soportar sus consecuencias, sean las que fueren.
Pero vamos a ver:
¿A que han ido a España los toreros mexicanos?
¿A enriquecerse?
¿A aprender a torear?
No.
Nuestros emigrantes pueden dividirse en dos grupos.
Unos que cruzan el charco llevados por el justo afán de hacerse conocer en la tierra de los abuelos y consolidar así el renombre conquistado al calor del hogar.
Otros, que piensan que nadie es profeta en su tierra. Y creen que con cambiar de aires ya aquí se les tomará en otra, quizás más alta significación. El aplauso extraño, quizás les de un valor desconocido, haciendo creer que hasta entonces no habían sido justamente apreciados. Pero ninguno soñó en adquirir riquezas. Ni en quedarse por allá indefinidamente.
Van a veranear, pero siempre con la mente fija en nuestro jugoso invierno.
Esa es la neta.

A QUE FUERON NUESTROS TOREROS
Si echamos una rápida hojeada, veremos confirmado el aserto anterior: Por el año de 1890 le dió la humorada a Ponciano Díaz de visitar a España. Y como lo pensó, lo hizo. Llevó consigo a dos charros de su cuadrilla, algunos caballos y plantóse en la entonces coronada villa del Oso y del Madroño. Y fue bien acogido. Sabían que Ponciano no significaba ningún peligro para la fiesta, ni para los lidiadores peninsulares, y se le facilitó recibir la alternativa de matador de toros de manos de Frascuelo y alternando con Guerrita. Una corrida de tronío, en la que nuestro compatriota constituyó poderoso atractivo, con sus negros mostachos y su innegable valentía para hundir los estoques, como lo reconoció el propio don José Sánchez de Neira.
Ponciano no pretendió hacer temporada. En Madrid, en el Puerto de Santa María y en algún otro sitio dio a conocer las suertes de nuestro Jaripeo, y santas pascuas.
De España no trajo un real. Ni siquiera una preciosa yegua tordilla que llevó, porque la donó a Fernando Gómez, “el Gallo.”
Reverte Mexicano negóse a salir de su país. Mazzantini, Bonarillo lo instaban para que fuera a España, en la seguridad de que allá sería bien acogido, porque, entonces, nadie le superaba en el manejo de la tizona. Y Arcadio negóse y respondió ingenuamente:
-¿Qué voy a buscar, siñor, si los “clacos” están aquí?
Años después Gaona embarcó con su maestro “Ojitos,” y a Madrid llegó modesto y socarrón, diciéndose un simple aficionado que quería que lo viesen torear, para que allá le dijeran si podía ser torero.
Esa fue su tarjeta de presentación. Pero, la verdad era que Rodolfo y Saturnino ya sabían que en el leonés había un torero de alta calidad, cuyo renombre había sido labrado hondamente por nuestro público. Ya tenía prestigio. Ya ganaba buen dinero. No necesitaba refrendo de ninguna especie.
Y Gaona fue una y otra temporada y actuó en las mejores plazas y a la vera de los mejores toreros. Y, ¡no se trajo más que sinsabores!
Su fortuna fue labrada en México. Antes había estado Vicente Segura. El pachuqueño tampoco ganó alguna cosa en sus correrías por los cosos peninsulares. Lo que supo hacerle al toro lo aprendió aquí. Su gran estilo de matador nació con él. No lo tomó al ejemplo de Algabeño o Machaquito.

EL UNICO QUE HA GANADO DINERO
Después fueron los Rodarte, El Serio, Pastor, los Armillas, Ortiz, Heriberto, Balderas y su compañerito, los Solórzano, Garza, Zepeda, Palomino, El Indio, Julián Rodarte, Julián Pastor, etc., etc.
Y de todos ellos, quizás el único que ha ganado dinero es Fermín Espinosa y eso gracias a que es un muchacho juicioso y de modestas exigencias. Y, aun así, si se hacen números, veremos que Armillita chico más es lo que ha dejado en España que lo que ha podido llevar al Banco.
De los demás, solo puede decirse esta gran verdad: que han ido a España lo que ganaron en México.
Por lo tanto, no tienen razón de ser los temores que abrigan algunos lidiadores españoles.
Nuestros toreros han ido a la conquista, no de la peseta, sino del aplauso de los públicos que ellos suponen más entendidos que el nuestro y con la esperanza de que su aprobación les sirva para dar cuerpo a sus exigencias.
Pero, en verdad que también han ido a España con el anhelo de aportar su concurso al sostenimiento de la fiesta. El torero mexicano, retoño de la raza española ha ido con la seguridad de ser bien acogido, porque, sin duda al público hispano han de agradarle ver reproducidas en el tierno vástago las mismas tendencias y aficiones de sus mayores.
Y ellos aportan inyecciones de juventud al viejo tronco. Gaona llegó a España en los días en que la fiesta había decaído lastimosamente. Y, si allá volvió a verse torear con el clasismo de Cayetano Sanz y Angel Pastor y Lagartijo, debióse a Rodolfo. A los 17 años, en España no habían visto torear con la seguridad, con el dominio de que hacía gala Fermín Armillita. Ni en los últimos tiempos han visto recibir con la limpieza con que recibiera Heriberto García un toro de Pérez Tabernero, en la plaza de Madrid.
Qué más, lo que Eduardo Palacio dice de Lorenzo Garza:
“… lo que está fuera de duda es que este muchacho, con los toros prontos, de nervio, de temperamento, es un fenómeno. Y lo es porque pisa un terreno inverosímil con pasmosa decisión, porque pasa la muerte a su lado veces y veces y la saluda siempre con una sonrisa tan natural, que es tal sonrisa y no un pretexto para encubrir una mueca de sobresalto y terror; porque da una emoción al público tan grande, que logra secar la boca de los espectadores; porque mientras estos permanecen como angustiados viéndole torear, él sonríe siempre, y porque hace crepitar de entusiasmo, como ayer, a trece mil personas, cosa que no puede conseguir ningún loco, ni ningún chalado.”
¿Acaso ha habido muchos toreros que provoquen las sensaciones que despertaron Gaona, Armillita y Garza?
Luego, entonces, no hay que lamentar que España sea visitada por los toreros mexicanos… MONOSABIO.

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