26 septiembre, 2021

SIMPLEMENTE… JULIO APARICIO.

NO LO voy a negar, ver a Julio Aparicio tomar la valiente y honesta decisión de irse de los ruedos me ha impresionado. Trato de imaginar el mal rato que estará pasando, triste, apenado, pensando en el que dirán sus supuestos “amigos”, los detractores que están dentro del medio y muchos que no tardaran en hacer las odiosas comparaciones, pero hay cosas, y situaciones, que definitivamente no podemos controlar. Los umbrales del dolor y de sentimientos son, y serán, siempre diferentes de persona a persona. Brotaran balances inoperantes y anodinos, por no decir tontos.

NO LO voy a negar, ver a Julio Aparicio tomar la valiente y honesta decisión de irse de los ruedos me ha impresionado. Trato de imaginar el mal rato que estará pasando, triste, apenado, pensando en el que dirán sus supuestos “amigos”, los detractores que están dentro del medio y muchos que no tardaran en hacer las odiosas comparaciones, pero hay cosas, y situaciones, que definitivamente no podemos controlar. Los umbrales del dolor y de sentimientos son, y serán, siempre diferentes de persona a persona. Brotaran balances inoperantes y anodinos, por no decir tontos.

JUAN JOSÉ Padilla es Juan José Padilla, Julio Aparicio es Julio Aparicio, su único parecido es que ambos son honestos con ellos mismos, con su forma de ver la vida, y responsables de sus actos. Y faltaría, si de ejemplos estamos hablando, mencionar el cinismo de otros “diestros”, que como dijera Manolo Martínez… “Quieren ser toreros para no tener la responsabilidad de ir a la escuela o ponerse a trabajar”. Y mire usted que esto fue con “amorosa” dedicatoria a su vástago. Desconozco si esta anécdota la conoce Octavio García, “El Payo”.

HE VISTO acciones semejantes, el novillero Ricardo Leos, hace varios años, la tarde de su debut en la plaza México, vio, sintió, intuyó que le costaba trabajo estar delante de un novillo y con valor prefirió aceptar su incapacidad para tener eso, valor. Pareciera un juego de palabras y no lo es, es simple y llanamente un acto de honestidad. Nadie en lo absoluto está capacitado a ejercer profesión alguna cuando no está preparado y el valor, en estos quehaceres donde se expone la vida todas las tardes, ocupa un lugar fundamental. Pero…

PERO ES lógico que alguien refute que es obligación de los toreros comprometer su existencia cuando ellos mismos escogieron esa vida. Y tendrá toda la razón, nadie los forzó, precisamente de esto nace la honestidad para reconocer que ha aparecido la incapacidad, la que dicta el cerebro y harto difícil controlar. Basta recordar que el miedo paraliza, el miedo hacia ver doble a don Silverio Pérez, y decía don Juan Belmonte que el día de corrida la barba crece más… ¿Se podrá detener, o controlar, el crecimiento de vello en las mejillas?… Nos Vemos.

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