19 junio, 2021

A LOS TOREROS MEXICANOS, QUE TANTA EXPETATIVA DESPERTARON EN LA FNSM, LOS VIÓ MADRID.

ARRASTRE LENTO… ¿A quiénes extendieron certificado de nulidad?
Hay de aficionados a aficionados. Los aficionados auténticos, cuya sincera humildad –que mucho tiene nobleza- apenas si los hace perceptibles en el medio, son de confiar, y hasta de alabar. En consecuencia, se les respeta. En cambio otros, fatuos y venales, los que tienen en altísima estima su personal condición de conocedores, viscerales, intolerantes, presumidos y jactanciosos, dándose a ver más que el sol de medido día, y sin lamentar su escandalosa posición, no son de fiar para la conciencia y el sentimiento popular.

ARRASTRE LENTO… ¿A quiénes extendieron certificado de nulidad?
Hay de aficionados a aficionados. Los aficionados auténticos, cuya sincera humildad –que mucho tiene nobleza- apenas si los hace perceptibles en el medio, son de confiar, y hasta de alabar. En consecuencia, se les respeta. En cambio otros, fatuos y venales, los que tienen en altísima estima su personal condición de conocedores, viscerales, intolerantes, presumidos y jactanciosos, dándose a ver más que el sol de medido día, y sin lamentar su escandalosa posición, no son de fiar para la conciencia y el sentimiento popular.

Queda claro que despiertan mayores simpatías los aficionados orgullosos de su genuina lealtad a la reminiscencia del espíritu original de algunos de los grandes conquistadores del toreo. Con la sencillez del himno que brota del alma, todavía cantan la gloria y esplendor de la figuras de la primera mitad del siglo pasado. Y es tal su noble razonamiento y sensibilidad que también alaban a las figuras, entreveradas una con otras, de la segunda mitad de dicho siglo.

Estos aficionados, luego de observar con la amplitud de la visión del experto lo que sucedió en los festejos de la pasada Feria de San Marcos, comparten sus emociones y conceptos dando acceso a la intimidad de sus hipótesis y a la solidez lógica de sus argumentos. Hoy hablan maravillas del potencial de la nueva generación de toreros mexicanos, juventud que con un tanto de tiempo y madurez con toda seguridad ocupará el sitio de las figuras modernas.

Empero…

Pese a las notables virtudes de los jóvenes, descritas como verdades elogiosas, los aficionados –habiéndolos visto en la FNSM, y a algunos en la deslumbrante Feria de San Isidro- reconocen que es real la notable ausencia de liderazgo. No hay todavía quien, siendo mexicano, convoque multitudes.

Y son los “buenos” aficionados quienes argumentan que el toreo bonito, con ritmo y cadencia de adormecido vals, realizado a un toro que fue seleccionado por su comodidad temperamental y de estilo, y cuya bravura se desploma con tan sólo el roce de la puya, al no poderse efectuar con la pulcritud soñada todas las tardes, deja un tremendo hueco en el silo de la pasión.

Afirman, y pude que no les falte razón, que es nocivo para el toreo que los diestros modernos se perfilen a la depurada exquisitez interpretativa olvidándose –puesto que no hay espacios para realizarla con la brillantez de antaño- del íntimo goce de la lidia, del oficio que exige garra y desplante de guerrero.

Dicen –los buenos aficionados- que a la solemnidad del toreo moderno le falta un toque de brioso estremecimiento toda vez que la majestuosidad académica sólo brillará delante de la impactante bravura del toro. Sin ésta –así lo postulan los buenos aficionados-, sin la angustia perturbadora de la amenaza y el desconcierto que conlleva, se amputa las extremidades andantes del toreo.

Y dicen que Madrid es otra cosa: allá, por la jerarquía del escenario, y el trapío del toro, se sienten los amagos de los amargos temores que conturban el espíritu. De ahí que, así lo dicen, la condición de los toreros mexicanos – Arturo Saldívar, El Payo, El Zotoluco, Juan Pablo Sánchez, Diego Silveti, Ignacio Garibay, Fermín Espínola-, por la seriedad del compromiso y la plaza, no les alcanzó más que para pintar su rostro con matices adustos, compungidos, ello en colores que no les alcanzó para dibujar una franca sonrisa. ¿O será la interpretación mía de una radiación subjetivista?

Aún así, y pese a la falta de liderazgo que convoque multitudes, los buenos aficionados apuestan a la brillantez de la alegría del torero mexicano, del diestro que, por la calidad de su nacencia, se lleva en el alma cristalina, noble, transparente, genuina, y versátil.

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