EL CABALLO DE LA PICA.

Esta es la historia de dos caballos, dos equinos, dos destinos, dos caminos, que por esas cosas raras de la vida habían nacido en el mismo potrero, en la misma caballada, de la misma camada. Ahí los dos compartieron sus primeros paisajes al abrir los ojos en la misma comarca, también sus primeros escarceos, juegos, corretizas, mordidas y patadas juveniles. Les tocó el mismo panino los mismos truenos, tormentas, lluvias y lunas nuevas. Los dos pegados siempre a la chichi de la madre junto a la cuál iban, venían, se echaban a dormir, compartían con la yeguada las aguas y los pastos de aquella tierra tan rica, fértil y bella como la pampa. Así llegó el tiempo del destete, cada chango a su mecate, cada camino a su destino, cada quién tomó su vereda.

Pasado el tiempo, también por esas cosas raras de la suerte, por distintos caminos un buen día se encontraron en un patio de caballos en la feria de la comarca, al reconocerse mutuamente después de la fuerte impresión por a aquél inesperado y sorpresivo encuentro, le dice uno al otro: ¿y tú qué haces?…. ¿Cómo te ha ido?… Verás- dijo el otro- no yo me la paso de jefe, vivo en una caballeriza en el hipódromo, con una cama de aserrín, aire acondicionado, como alfalfa, avena con granos preparados con vitaminas, minerales, todos los días me sacan, limpian, ensillan y vamos a trotar alrededor de la pista una hora al trote, al paso y al galope, después me bañan, me ponen mi pijama y me meten a dormir. Un día cada quince días compito en una carrera con otros siete caballos, cuando gano hasta me toman fotos, salgo en los periódicos, en la tele. A mí me va a toda madre y a ti?

Pa´que te cuento maestro- respondió el otro- yo fui a dar a la casa de un campesino donde vivo en un corral que se le cuela el agua cuando llueve, paso mucho frio, duermo junto a un burro y unos borregos donde por las tardes nos echan de comer rastrojo de maíz y párale de contar. En las mañanas temprano mi patrón me carga los botes de leche, me lleva a recorrer el pueblo vecino repartiendo leche de puerta en puerta a todos sus clientes habituales. De regreso me cuelga el arado, me lleva a trabajar las tierras, más tarde ya cansado jalo la carreta cargada de pastura o de majada. En fin maestro, qué te puedo contar la vida que me ha tocado es, tal vez bastante dura. ¡Ah! Eso si no me puedo quejar, soy feliz porque los domingos por la tarde me ponen mi abrigo, mis lentes obscuros y me llevan a los toros! Soy el caballo de la pica.

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