26 septiembre, 2021

ES EN LOS SUEÑOS CUANDO SE APROXIMAN LOS TOREROS A LA SOMBRA DE ESPAÑA, Y EN ELLA DIVAGAN.

ARRASTRE LENTO… ¿Quién no ha buscado la sombra de un árbol para soñar? ¿Quién al abrigo de un árbol no ha sostenido una lucha desesperada por conquistar el espacio interior de su propio universo? Pautas de vida: movimiento y quietud: eternidad y ruptura. Acción y embeleso. Sueño y realidad. Doble universo.

Queda claro que hay objetos cuya constitución resulta emocionadamente intrigante. Sobre todo los objetos vivos. Tal es el caso de los árboles. Tan originales son que las sombras que ocasionan en determinadas circunstancias participan de las virtudes del mismo árbol que las produce. Me han dicho, aunque no lo creyera, que hay árboles venenosos cuya sombra mata a los incautos que buscan alivio en la sombrilla de sus ramas. Lo que he podido com

ARRASTRE LENTO… ¿Quién no ha buscado la sombra de un árbol para soñar? ¿Quién al abrigo de un árbol no ha sostenido una lucha desesperada por conquistar el espacio interior de su propio universo? Pautas de vida: movimiento y quietud: eternidad y ruptura. Acción y embeleso. Sueño y realidad. Doble universo.

Queda claro que hay objetos cuya constitución resulta emocionadamente intrigante. Sobre todo los objetos vivos. Tal es el caso de los árboles. Tan originales son que las sombras que ocasionan en determinadas circunstancias participan de las virtudes del mismo árbol que las produce. Me han dicho, aunque no lo creyera, que hay árboles venenosos cuya sombra mata a los incautos que buscan alivio en la sombrilla de sus ramas. Lo que he podido comprobar es que la sombra de los árboles frescos también lo es, tanto que hasta parece que moja. Alguna vez alguien me alertó al respecto de la sombra del cafeto toda vez que está cargada de desvelos pues, ciertamente, el café es líquido de insomnio.

Así sucede en la selva del toreo. Al margen de cualquier divagación idealista los aficionados al toro siguen buscando en el llano de la historia el refugio en la sombra de los tallos humanos que, cual árboles, les conceden atributos a sus sombras. Lo mismo pasa con los toreros mexicanos que, pese a las sombras de sus bosques y selvas, se aferran en buscar la sombra de España.

Y es que, habiendo visto en México la personalidad enhiesta y frondosa del árbol personal de los toreros aztecas que fueron a Madrid en el pasado serial isidril, me resulta complejo entender sus circunstancias. Aunque aquí los hemos visto altos, recios, y duros como un roble, en España, según me cuentan, creyéndolos altos pinos que sudarían resina, finalmente para la clientela hispana lastimosamente no lograron sino escurrir baba.

Y me lastima que se diga en el tono coloquial que la sombra de los toreros mexicanos en España, opaca por la natural ausencia de luz, pareciera que, ante el juicio severo de los paisano de Cervantes, han diluido sus matices de optimismo y esperanza. Y no es justo que a su sombra mexicana –con el dulce sabor del maguey, y el mágico vuelo al águila llevando entres sus garras a la serpiente- la cataloguen como un remedo de ilusión.

Ya es tiempo que el torero mexicano vuelva a abonar y fertilizar sus propias selvas y bosques. Ya es tiempo que el torero mexicano deje de buscar la sombra española como único recurso para la sobrevivencia de jerarquía. Lo cierto es que nuestros toreros, cuales árboles plantados con sacrificios y cultivados con coraje y derroche de voluntad, en permanente forcejeo con la apatía, debiesen obligarse de nuevo a dirigir sus ojos al sol buscando la atmósfera de la pasión y la naturaleza de la esperanza. Ya es tiempo que, si bien en el lenguaje de los sueños, le hablen a la vida con gritos y alaridos clamando equidad toda vez que es injusto que una tarde en Madrid le garantice o niegue el certificado de nulidad o reconocimiento. La sombra del torero mexicano debe volverse otra vez abrigo de un sinfín de ilusiones.

Y es que, viendo a nuestros toreros en su propio hábitat derrochar entusiasmo y vitalidad torera, tal cual lo hicieron en el pasado ciclo sanmarqueño, éstos me hicieron sentir en las manos ese hormigueo de nervios y emoción que se experimenta cuando se mira el paisaje que, sin sombras que lo impidan , hacen posible el traslado de polen propiciando que, al crecer la semillas, se consume el renuevo de las ilusiones de los toreros mexicanos que no necesitan, a menos que se modifiquen las circunstancias, buscar sombras fétidas en los bosques españoles.

Deja un comentario