20 septiembre, 2021

OCHO DÉCADAS DE TOREO EN LAS VENTAS.

El primer festejo taurino en la plaza de Las Ventas tuvo lugar el 17 de junio de 1931, fecha en la que quedó inaugurada la plaza. Fue una corrida de toros, organizada por el entonces alcalde de Madrid, Pedro Rico, con el fin de recaudar fondos destinados a paliar las dificultades por las que atravesaban los muchos desempleados que habitaban en la ciudad. Los diestros que tomaron parte fueron Diego Mazquiarán “Fortuna”, Marcial Lalanda, Nicanor Villalta, Fausto Barajas, Luis Fuentes Bejarano, Vicente Barrera, Fermín Espinosa “Armillita” y Manuel Mejías “Bienvenida”, siendo el primer toro que saltó a la arena “Hortelano”, de la ganadería del Duque de Veragua.

El primer festejo taurino en la plaza de Las Ventas tuvo lugar el 17 de junio de 1931, fecha en la que quedó inaugurada la plaza. Fue una corrida de toros, organizada por el entonces alcalde de Madrid, Pedro Rico, con el fin de recaudar fondos destinados a paliar las dificultades por las que atravesaban los muchos desempleados que habitaban en la ciudad. Los diestros que tomaron parte fueron Diego Mazquiarán “Fortuna”, Marcial Lalanda, Nicanor Villalta, Fausto Barajas, Luis Fuentes Bejarano, Vicente Barrera, Fermín Espinosa “Armillita” y Manuel Mejías “Bienvenida”, siendo el primer toro que saltó a la arena “Hortelano”, de la ganadería del Duque de Veragua.

Fue una inauguración de la plaza prematura, ya que los accesos al recinto presentaban muchas dificultades para los aficionados y hubo que adecuarlos apresuradamente. Por ello, la inauguración oficial de la plaza se retrasó hasta el 21 de octubre de 1934, con una corrida de toros en la que se lidiaron reses de Carmen de Federico, antes Murube, y en la que intervinieron las principales figuras de aquel entonces: Juan Belmonte, Marcial Lalanda y Joaquín Rodríguez “Cagancho”.

Esta primera temporada formal de la plaza de toros la integraron tres festejos: dos corridas de toros y una novillada. Ya en 1935 se organizó una temporada continuada, compuesta por 47 festejos, de las cuales 23 fueron corridas de toros y 24 novilladas.

Precisamente en 1935, en el segundo de los festejos celebrados, se registró el primer herido en el coso, concretamente el novillero Félix Almagro, quien, desgraciadamente sería herido mortalmente el 13 de julio de 1939, en uno de los primeros festejos celebrados en el ruedo de Las Ventas, al término de la Guerra Civil.

El 22 de septiembre de 1935, se vistió por última vez en este ruedo Juan Belmonte, apodado el “Pasmo de Triana”, dejando constancia de su innegable arte, al cortar las dos orejas y el rabo a un toro de la ganadería de Coquilla. Una semana más tarde se despedía del toreo, aunque reaparecería años más tarde como rejoneador.

SE CREA LA FERIA DE SAN ISIDRO.

La actividad taurina en la Plaza de toros de Las Ventas quedó momentáneamente suspendida con la celebración de una novillada el 22 de julio de 1936. Cuatro días antes, el 18 de julio, había estallado la guerra civil. Durante tres años, la plaza de toros de Madrid se convirtió en una inmensa huerta, destrozándose su mobiliario interior. Acabada la contienda, el 1 de abril de 1939, en apenas dos meses se rehabilitó el edificio y el ruedo para que el 24 de mayo de 1939 se organizara la llamada “corrida de la Victoria”, en las que hicieron el paseíllo, Marcial Lalanda, Vicente Barrera, Luis Gómez “El Estudiante”, Pepe Amorós, Domingo Ortega, Pepe Bienvenida y el rejoneador Antonio Cañero.

El inicio de la nueva década de los años cuarenta se caracteriza por celebrarse más novilladas que corridas de toros, debido, principalmente a la delicada situación en que había quedado la cabaña brava española como consecuencia de la contienda bélica referida.

A lo largo de los años sucesivos se producen una serie de hechos que van a marcar de forma definida la vida de la Plaza. Así, por ejemplo, en 1942 Marcial Lalanda se despide del toreo y surgen con gran fuerza diestros como Manuel Rodríguez “Manolete”, Pepe Luis Vázquez, Luis Miguel “Dominguín”.

Manuel Rodríguez “Manolete” tuvo destacadas actuaciones en el ruedo de Las Ventas, destacando por encima de todas ellas la faena realizada el 6 de julio de 1944 a un sobrero de la ganadería portuguesa de Pinto Barreiros, de nombre “Ratón”.

Pero quizás, en 1947 tuvo lugar un hecho de relevancia para la vida de la plaza, cuando Livinio Stuyck crea la Feria de San Isidro, un ciclo continuado de corridas de toros, lo que supuso el espaldarazo definitivo al prestigio de la Monumental de Las Ventas, que la convirtió en la plaza de toros más importante del mundo.

BRILLANTES AÑOS 50 Y 60.

En la década de los años cincuenta y sesenta surgen diestros de gran trascendencia histórica como Julio Aparicio, Rafael Ortega, Miguel Báez “Litri”, César Girón, Manolo Vázquez, y por supuesto Antonio Ordoñez, cuyos éxitos continúan en los años sesenta. Los tendidos de Las Ventas se van a llenar como nunca. En verdad algunos escritores la llaman la segunda edad de oro del toreo, porque a los nombres ya citados se añaden toreros de gran valor y calidad, como Gregorio Sánchez, Jaime Ostos, Antonio Chenel “Antoñete”, Diego Puerta, Paco Camino, Santiago Martín “El Viti”, Curro Romero y Manuel Benítez “El Cordobés”, a los que sucederán otros dos que también tendrán mucho que decir en la década siguiente: Francisco Rivera “Paquirri” y Sebastián Palomo Linares.

Los años sesenta son años de incertidumbre política, de agitación social y ello se traduce en un mayor carácter reivindicativo de los públicos, alentados por una nueva crítica taurina. Es una década polémica, pero en la que también ocurren hechos claves como fue la aparición de un gran ganadero que se convierte en el referente del toro bravo, fiero y al mismo capaz de embestir muy humillado y con nobleza.

En el capitulo personal, aparte de los ya citados, hay que destacar otros nombres que serán decisivos e históricos como Francisco Ruiz Miguel, Pedro Gutiérrez Moya “Niño de la Capea”, Julio Robles, Ortega Cano y José María Manzanares.

JÓVENES QUE DAN CONTINUIDAD.

En la década de los años ochenta se produce el retorno a los ruedos de dos grandes toreros clásicos, cuyas maneras contrastan con las de los grandes toreros clásicos, cuyas maneras contrastan con las de los nuevos valores. Pero los primeros años ochenta son los de la aparición de la primera generación de toreros surgidos de las escuelas de tauromaquia, como José Cubero “Yiyo”, tan prematuramente desaparecido, y “Joselito”, y también los de los éxitos de Paco Ojeda y la confirmación de los ya citados Ortega Cano y “Niño de la Capea”, como toreros del gusto y aprecio de Madrid, junto con otros como Roberto Domínguez, José Antonio Campuzano y Juan Antonio Ruiz “Espartaco”.

No podemos olvidar al hacer este repaso de los años ochenta, la posición privilegiada que alcanza Victorino Martín, culminada con el indulto del toro “Belador” en la corrida de la Prensa de 1982 y en los grandes éxitos en las corridas de San Isidro y especialmente en la recordada “corrida del siglo” celebrada el 1 de junio de 1982 en la que salieron a hombros junto al propio ganadero los diestros, Ruiz Miguel, Luis Francisco Espla y José Luis Palomar, después de que al cuarto toro se le diera la vuelta al ruedo.

La recta final del pasado siglo (años 90), estuvo marcada, sin duda alguna, por el equilibrio entre las novedades, representadas por el gran torero colombiano Cesar Rincón, Enrique Ponce, José Tomás, “Morante de la Puebla” y la joven veteranía de “Joselito”. Ya a finales de esta época surge la figura de Julián López “El Juli”. Es ya el panorama del toreo en el nuevo siglo en el que la plaza de Las Ventas cumplió su primer 75 aniversario, consolidada como el gran ruedo soñado del toreo para los éxitos de toreros y ganaderos.

Deja un comentario