19 octubre, 2021

A LOS AFICIONADOS MEXICANOS LES PARECÍA DIFÍCIL CONTAR CON EL RAYO FULMINANTE DE LA RENOVACIÓN.

Lic. Adrián González S.
Porque mi edad me ha permitido ser testigo ocular de cambios ciertamente significativos en la Fiesta de toros mexicana, y por que sé lo buen aficionado que es usted, lo cual sin aspirar a suponer una igualdad de condiciones pues como rector que es en el callejón de la dos plazas locales me lleva amplísima delantera, nos es posible hablar el mismo lenguaje torero, me atrevo a comentarle las agradables consecuencias de haber podido observar la “graciosa huída” de la desesperanza.

Lic. Adrián González S.
Porque mi edad me ha permitido ser testigo ocular de cambios ciertamente significativos en la Fiesta de toros mexicana, y por que sé lo buen aficionado que es usted, lo cual sin aspirar a suponer una igualdad de condiciones pues como rector que es en el callejón de la dos plazas locales me lleva amplísima delantera, nos es posible hablar el mismo lenguaje torero, me atrevo a comentarle las agradables consecuencias de haber podido observar la “graciosa huída” de la desesperanza.

Como a un servidor, a muchos otros aficionados nos parecía difícil que así sucediera, pero la esperanza –taurina- está dando frutos. La espera por fin nos trae la recompensa. En tanto algunos toreros de Aguascalientes gozan con su victorioso ascenso, otros ya ocupan sitios de importancia. Así la cosas, me queda claro que el objetivo último de la esperanza no era un final feliz; el objetivo era crear la capacidad de tenerle amor al destino por desconocido que nos pareciera.

En este caso mi manía de esperar una conclusión satisfactoria en cada instante cumplió las expectativas. ¿Por qué lo digo? Porque el renuevo está a la vista, y ya se habla de ellos –de los toreros- no sólo como novedades, sino como pilares sobre las cuales descansará la Fiesta en los próximos años.

Así las cosas, me es posible comentarle que tal circunstancia me faculta para afirmar convencido que el toreo en general, a pesar de lo viejo que es, necesita conservar el virginal concepto de lo fresco, de lo reciente, de lo nuevo. Estoy consciente, pues hojear la historia me lo permite, que la renovación ha sido la tendencia natural de la Fiesta, y “el asombro su corona”.

La renovación es la novela eterna de las historias viejas que cuando se leen, asombran. Pero el toreo en particular, específicamente el mexicano, y eso lo tengo claro, a pesar de ser tan viejo –mas no obsoleto- todavía conserva facultades para entender que, luego de revisar su propio pasado, padece hoy las consecuencias –lamentable episodio- de uno de los más agudos desaires populares de su historia. Las plazas vacías lo afirman.

Y usted sabe que si bien Aguascalientes es un accidente excepcional para la Fiesta misma, en la geografía nacional se vive una situación tan acusada que a los aficionados que todavía alcanzaron a vivir en el epílogo de las reminiscencia romántica les parece que el toreo mexicano “vive de noche”. Máxime cuando, haciéndonos creer que vivimos de día siendo las diez de la noche, nos hacen dormir –en somnolencia- viendo la lidia irrespetuosa del novillo con apariencia de toro bravo.

Lo cierto es que la claridad del día se apreciará solamente cuando los jóvenes antes referidos se consoliden como auténticas figuras, y por la puerta de los sustos salgan reses astadas que por su impactante presencia, al margen de su belleza estética, en verdad también asusten.

“La Fiesta de Toros Mexicana de Noche”. Extraño título para una obra que si bien no es un cuento policíaco, ni es una historia tenebrosa, tampoco es una novela trágica con un remate de espanto. Le comento licenciado que el título lo fui componiendo letra tras letra, hilvanado meticulosamente como artesano de sastrería, con las normales inquietudes e interrogantes que me han asaltado en las largas noches en las que el sueño no quiso asistir a su nocturnal cita diaria.

Y aunque temiera que el toreo mexicano luciendo tan anciano que ya lo recubren las negras nubes con formas extravagantes y torcidas que sólo se detienen en el cementerio, me conmueve apreciar la imponente vitalidad de la esperanza que, aunque exigida, sabe cuando favorecer con los frutos de su bendecida presencia.

Licenciado Adrián: Esperando no haberle fastidiado con estas mal pergueñadas líneas, me despido de usted confiando en volver a saludarle en el sitio que atinadamente ocupa desde hace años: En el callejón de las dos plazas de Aguascalientes.

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