26 octubre, 2021

LÁZARO

Era todo un personaje en el pueblo donde nació, era cojo de la pata izquierda, tenía el pie diminuto pues de niño enfermó de poliomielitis y desde entonces aprendió a reírse a carcajadas de las desgracias humanas superando todo clase de burlas, desprecios, groserías y malas ondas de tanta gente tonta y sin tatema, sobre todo de los más ricos, pero aún así se hizo amigo de todos.

Cuentan que en la escuela primaria, mientras sus compañeros jugaban en el recreo al futbol, Lázaro y sus amigos medio gitanos jugaban baraja y fumaban tabaco. En cuanto pudo, se ocupo de mesero en fiestas, ferias, festines ó festejos y se hizo amigo de los maletillas, de los mariachis, músicos, meseras, toreros, caporales y ganaderos, a pesar de su cojera, de vez

Era todo un personaje en el pueblo donde nació, era cojo de la pata izquierda, tenía el pie diminuto pues de niño enfermó de poliomielitis y desde entonces aprendió a reírse a carcajadas de las desgracias humanas superando todo clase de burlas, desprecios, groserías y malas ondas de tanta gente tonta y sin tatema, sobre todo de los más ricos, pero aún así se hizo amigo de todos.

Cuentan que en la escuela primaria, mientras sus compañeros jugaban en el recreo al futbol, Lázaro y sus amigos medio gitanos jugaban baraja y fumaban tabaco. En cuanto pudo, se ocupo de mesero en fiestas, ferias, festines ó festejos y se hizo amigo de los maletillas, de los mariachis, músicos, meseras, toreros, caporales y ganaderos, a pesar de su cojera, de vez en cuando tiraba la charola con todos los platos pero nunca tiró una copa y mucho menos de coñac. La mayor parte del tiempo la pasaba sentado ayudando a su padre, un viejo viudo, buena onda, arreglando zapatos viejos, cambiando suelas, medias suelas, tacones y todo el arte de hacer calzado. Dónde bien que mal sacaba dinero suficiente para irse de parranda, de juerga a cualquier mole, pachanga o cantina dónde fuera solicitado y convidado, siempre llevando chelas, chescos, hielos, copas, chalupas, chuletas ó lo que hiciera falta para la fiesta, que no faltara de comer, de beber suficiente y hasta bastante, que bastante es suficiente casi siempre.

Guapo y joven se independizó de su viejo padre y su zapatería se convirtió además en cueva de vagos, tahúres, toreros, taloneras, bola de golfos pero golfos, vagos con los ojos abiertos, ningún tonto. Más listos que el hambre. Así fué como Lázaro pasó de ser un zapatero remendón a ser un señor zapatero ya que aprendió a hacer zapatos de una pieza, zapatillas de torero, botas vaqueras, zapatos de tacón, botas de Adelita, zapatón de picador y alpargatas de señorita. Siendo de un pueblo de trenes y toros pues hizo amigos ferrocarrileros en la estación del tren donde había de todo, putas, vendedores, mercaderes y con el toro, los toreros.

Era tan popular en el pueblo que nunca le fallaba la facha ni la fecha qué festejar ni amigo con quién llorar y aunque le tocó bailar con la más fea, (según él decía), con su inseparable, admirable mujer, hizo corte, cortijo, casa, familia, prole, amigos, ¡un prestigio bien ganao!, de ser un hombre cabal!. Ahora es un viejo golfo, abuelo cojo, que anda en una motoneta por el pueblo con su mujer en ancas, flaco, feo, viejo y feliz, sigue haciendo sus zapatos, tiene un hijo banderillero, un hijo empresario, un nieto que quiere ser zapatero.

Ah! Otro nieto, quiere ser torero!

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