RECORDANDO A UN VALIENTE, ANTONIO VELÁZQUEZ.

Nadie duda del valor y afición que Antonio Velázquez Martínez mostró durante toda su carrera, un torero valiente entre los valientes, cocido su cuerpo a cornadas y que de forma irónica murió al caer desde la azotea de su residencia, en la ciudad de México, Distrito Federal, en la avenida Mariano Escobedo. Don Antonio nació en la ciudad de León, Guanajuato, el 14 de diciembre de 1920, inicia su formación taurina en una cuadrilla juvenil que formo don Bernardino Torres Arrona a la cual ingresa como banderillero. Por cierto que debuta en el cercano a esta ciudad de Aguascalientes, en San Pedro Piedra Gorda, Zacatecas, esto se da el 3 de mayo de 1935. Al paso de los años se dedica cumplidamente a fungir como subalterno en la cuadrilla de Luís Castro, “El Soldado”, al tener un problema con su matador es que decide probar suerte como novillero debutando en “La Condesa” el 19 de julio de 1942, a los ocho días de del problema con el de Mixcoac. Esa tarde se anuncia a Antonio Toscano y a Luís Briones con reses de “Piedras Negras”, debuta con “Quitasol” y abandona la plaza como triunfador. Repite a los ocho días con la misma ganadería y repite el éxito con “Patraño”. Siete tardes suma en la capital y queda listo para tomar la alternativa al lado de Fermín Espinosa y Silverio Pérez, 31 de enero de 1943, tarde por cierto importantísima para la fiesta mexicana ya que sus padrinos inmortalizaron a “Clarinero” y a “Tanguito” respectivamente.

Pasa por un bache que le deja con dudas sobre su porvenir, pero llega el 28 de febrero de 1945 y disputa la “Oreja de Oro” a Joaquín Rodríguez, “Cagancho”, “El Soldado”, Pepe Luís Vázquez, Antonio Bienvenida y Procuna con “Torreón de Cañas”, y se la lleva a casa. De esto es que surgen anécdotas…

En el cartel original se anunciaba a David Liceaga que enferma de última hora y Arturo Álvarez, “El Vizcaíno”, y don Antonio, se peleaban la substitución. La solución se da de manera muy a la mexicana y entre los dos toreros termina la duda por la vía del clásico “volado”, el cara o cruz, águila o sol…

El otro suceso es que don Antonio debe de alternar en quites con su ex matador, “El Soldado”, y al superarlo cumple la promesa dada con el antiguo problema al abandonar su cuadrilla, de que llegaría el momento de alternar los dos como toreros de alternativa y superarlo en el ruedo. Cada uno tuvo un lugar muy importante en la historia, ni duda cabe…

Antonio Velázquez se arrimaba en la plaza que fuese y en Papantla, Veracruz, en 1947, ve de cerca la muerte, sufre una cornada que literalmente le deshace un pulmón. Llega la tarde del 30 de marzo de 1958 en que se le programa en “Cuatro Caminos” al lado de Humberto Moro y el mazatleco José Ramón Tirado con toros de “Zacatepec”, y en donde la suerte del sorteo le deja a “Escultor” que le causa una cornada en la boca que da el siguiente parte médico… “Herida por cuerno de toro, de dos centímetros de extensión por 18 de profundidad, con trayectoria ascendente en la región submaxilar derecha, que intereso planos blandos, rompiéndolos; fracturó la masa horizontal derecha del maxilar inferior derecho; perforo el piso de la boca; desgarró totalmente la lengua en tres porciones de 5, 4 y 3 centímetros; fracturo el paladar óseo, el maxilar superior sobre la línea media del hueso esnoides, llegando al piso anterior del cráneo encefálico en su base. Esta herida es de las que ponen en peligro la vida”… El parte médico habla por sí solo de su afición si tomamos en cuenta que don Antonio continuo toreando once años más, inclusive, al tener la boca deshecha, en pedazos, y por consecuencia normal y lógica no poder articular palabra, al recobrar la conciencia después de la operación, a señas solicitaba papel y pluma en donde preguntaba a sus allegados cuando volvería a torear. ¿Sobre humanos ciertos toreros? No, humanos como todos, pero llenos de amor a su profesión, dignos de ser recordados, de ser respetados y que lo conozcan las nuevas generaciones a las que deberá de servirles como un claro ejemplo de honestidad… Por hoy… Nos Vemos.

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