18 junio, 2021

RECONVERSIÓN PROFUNDA DE FORMA URGENTE.

La alarma se ha instalado entre los profesionales del toreo. La sucesión de ferias y festejos con muy poco público en los tendidos es la norma de la temporada. Lo de Córdoba ya es conocido. Publicamos el SOS y todo ha venido a suceder como ya habíamos pronosticado. La empresa Chopera ha intentado racionalizar el asunto y se ha encontrado con la propiedad.

La alarma se ha instalado entre los profesionales del toreo. La sucesión de ferias y festejos con muy poco público en los tendidos es la norma de la temporada. Lo de Córdoba ya es conocido. Publicamos el SOS y todo ha venido a suceder como ya habíamos pronosticado. La empresa Chopera ha intentado racionalizar el asunto y se ha encontrado con la propiedad.

Este fin de semana, en dos corridas en Bilbao, cemento por todas partes. Fandiño, en su tierra con seis toros, un tercio de plaza. Ponce, el héroe de El Bocho, media plaza con Talavante y la novedad del actual Padilla. Es decir, que el producto no funciona y ya no hay excusas para dar un golpe de timón ante un futuro ciertamente negro.

No entiendo de números ni de economía taurina. Es evidente que los toreros deben ganar dinero. Los ganaderos, también. Y los empresarios están para lograr beneficios. No se puede ser empresario perdiendo siempre. El asunto está en racionalizar estas ganancias. ¿Quién es capaz de valorar lo que debe ganar un torero por exponer su vida en público? Sólo hay un medio: luz y taquígrafos en las cuentas de cada festejo y que cada matador cobre según su capacidad para llevar gente a las plazas. Es decir, que si Ponce, Talavante y Padilla fueron capaces de hacer una cantidad determinada de euros en la taquilla, a partir de ahí se deben evaluar sus ganancias. Y unos días ganarán más y otros menos, todo con arreglo a su fuerza taquillera.

Y todo ello encaminado a lograr que el público acuda a las plazas con mayor facilidad. Los precios actuales de las entradas son prohibitivos en la mayoría de los cosos. Si no se bajan los precios las plazas se quedarán vacías y la Fiesta morirá desangrada. Si los precios están ajustados a los gastos (toreros y ganaderos), se impone una adecuación de los ingresos ajustados a unos precios razonables. Que nadie diga que no va a los toros porque las entradas son muy caras.

Todo ello supone una reconversión del sector inmensa. Los ganaderos se quejan de que ya les han recortado, pero hay doce ganaderías que están en todas partes y otras ni aparecen. Los toreros, dicho queda, cobrarán con arreglo a lo que entre en la taquilla.

Los problemas son mayores. Hay otros sectores con los que será preciso negociar. Las cuadrillas, por ejemplo. En estos momentos no se entiende que haya seis picadores en una corrida. Y entre los hombres a pie también habría que hacer rebajas. Todo ello, además de las propias demandas de estos colectivos que llegan a poner en peligro la celebración de múltiples espectáculos.

Reconversión urgente es lo que necesita la Fiesta. Y también se impone un espectáculo más íntegro. La propia prensa debe ser más transparente y no caer en el vicio actual de cantar lo mediocre como si así le hiciera un favor a esta alicaída fiesta torera. La mejor publicidad de la corrida es la propia corrida bien hecha. Todo ello es ahora una quimera con el toro que sale a los ruedos, descastado, noble y sin emoción. Por tanto, si los precios son caros y el toreo está ayuno de interés, el futuro no puede ser más negro. Es la hora de trabajar para salvar este momento. Y no es la hora de tapar las cosas para aparentar que aquí hay mucha verdad y que la emoción está presente en las plazas, algo que, por desgracia, es una falacia.

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