20 septiembre, 2021

EL PASEÍLLO… VALL D’ALBA, LA SERIEDAD COMO NORMA.

Cuando hace unos años se inauguró la Plaza de Toros de Vall d’Alba, muy pocos hubieran apostado por que la corrida de toros de sus Fiestas Patronales llegara a consolidarse como lo ha hecho, con el mérito añadido de mantener el tipo en una época tan convulsa como la actual.

Cualquiera hubiera entendido que, tras esa primera corrida inaugural, el nuevo coso buscara un espacio entre la programación de festivales o novilladas que por entonces se programaban en la provincia, pero afortunadamente lanzó un órdago a la mayor y ha logrado mantener, ininterrumpidamente hasta la fecha, uno de los pocos festejos estables y plenamente consolidados de nuestra provincia. Tan solo la pérdida de la novillada sin caballos en el fin de semana precedente pone un

Cuando hace unos años se inauguró la Plaza de Toros de Vall d’Alba, muy pocos hubieran apostado por que la corrida de toros de sus Fiestas Patronales llegara a consolidarse como lo ha hecho, con el mérito añadido de mantener el tipo en una época tan convulsa como la actual.

Cualquiera hubiera entendido que, tras esa primera corrida inaugural, el nuevo coso buscara un espacio entre la programación de festivales o novilladas que por entonces se programaban en la provincia, pero afortunadamente lanzó un órdago a la mayor y ha logrado mantener, ininterrumpidamente hasta la fecha, uno de los pocos festejos estables y plenamente consolidados de nuestra provincia. Tan solo la pérdida de la novillada sin caballos en el fin de semana precedente pone un punto de sombra en este cartel, pero con los tiempos que corren, ese es un mal menor y perfectamente comprensible.

Merece especial atención los factores que han llevado a este pequeño milagro y que deberían servir, en muchos casos, como ejemplo a la hora de gestionar plazas de este tipo.

En primer lugar merece destacarse el buen criterio a la hora de confeccionar los carteles, anunciando toreros de reconocida solvencia, de la parte media alta del escalafón, junto a matadores de la tierra, sin olvidar jóvenes promesas que despierten el interés del aficionado. Combinaciones serias, en las que se ha huido, con buen acierto, de toreros mediáticos, que son, por lo general, pan para hoy y hambre para mañana. Otro de los puntos a destacar es la correcta presentación que suelen lucir los astados, acordes a la categoría de la plaza y en ocasiones incluso por encima de lo que uno espera ver en este tipo de cosos. Vuelve este año Fernando Peña con obligación de revalidar el excelente juego de pasadas ediciones, algo a lo que ya nos va teniendo acostumbrados. Vall d’Alba, desde la modestia bien entendida y con la seriedad como bandera, ha logrado un festejo con personalidad propia, apto tanto para aficionados exigentes como para público más festivo y de seguir en esta línea, tiene, con toda seguridad, una proyección de futuro que para sí quisieran muchos.

Buena “culpa” de este éxito la tienen, de una parte, Francisco Martínez, alcalde de esta localidad, por su férreo apoyo al festejo desde el primer día, e incluso por el hecho notorio y destacado de haber construido la propia plaza y de otra Rufino Milián, “alma máter” de esta corrida, en cuya organización vuelca la sabiduría que da una vida dedicada al toro. A ambos, mi más sincera enhorabuena.

Ojalá cunda el ejemplo.

Deja un comentario