21 junio, 2021

LA EVOLUCIÓN EN EL TOREO NO ES SINÓNIMO DE DEGRADACIÓN: HOY SE TOREA MEJOR QUE NUNCA.

ARRASTRE LENTO… Su destino está marcado. A la Fiesta de toros poco hay que cambiarle a condición de hacerla digna de honrosa longevidad. La Historia nos ha hecho desconfiados de los saltos bruscos pues en el toreo los cambios se han sucedido tan despacio que, en todo caso, será el refinamiento el objetivo a alcanzar.

Cierto es que se tiene la impresión que a la inventiva de los toreros se le agotó la creatividad: pareciera que ya no hay otras suertes posibles, y que a la imaginación tan sólo le queda depurar las que ya existen. Y esa es su característica actual: el refinamiento en los procedimientos técnicos, pero sobre todo en las dimensiones estéticos.

ARRASTRE LENTO… Su destino está marcado. A la Fiesta de toros poco hay que cambiarle a condición de hacerla digna de honrosa longevidad. La Historia nos ha hecho desconfiados de los saltos bruscos pues en el toreo los cambios se han sucedido tan despacio que, en todo caso, será el refinamiento el objetivo a alcanzar.

Cierto es que se tiene la impresión que a la inventiva de los toreros se le agotó la creatividad: pareciera que ya no hay otras suertes posibles, y que a la imaginación tan sólo le queda depurar las que ya existen. Y esa es su característica actual: el refinamiento en los procedimientos técnicos, pero sobre todo en las dimensiones estéticos.

Al toreo, especialmente en su aspecto técnico, poco hay que cambiarle, circunstancia que nos permite argumentar, previa acuciosa mirada, que hoy se torea mejor que nunca. Claro que quienes no comparten la idea son los tradicionalistas.

Y es que, si me refiero al entorno que rodea a la Fiesta en México, habrá de resultarme complicado no tomar en cuenta, como forma de desorden, a la insatisfacción que circula entre los aficionados tradicionalistas que, apegados al catecismo doctrinal en el terreno de las ideas, juzgan como descabellado, pese al virtuosismo manifiesto, que es a donde se perfila el arte moderno, la expresión del toreo actual.

Permítaseme divagar para precisar las ideas. Frente a la luminosa riqueza simbólica y ornamental del toreo, la cual en un principio admiré como gala emocional, se opone la imagen del toreo moderno, ciertamente convulsionado con tanta teoría encontrada. Cuan difícil me resulta olvidar la fuerte connotación –emocional- que se grabó en lo más íntimo de mi ser cuando, por primera vez, presencié el ritual festivo en una plaza de toros (Plaza San Marcos/1956).

Debido al calor de los recuerdos personales me encuentro ante la dificultosa obligación de entender y comprender los cambios que, al paso de los años, se han sucedido para contrariedad de los tradicionalistas y ortodoxos. Aficionados que no abandonan su teoría, esa que pondera al tiempo pasado como el mejor, y destruye, degradándolo, al presente.

De niño, que fue cuando, sorprendido, quedé cautivado, hasta hacerme adicto, por la revolucionaria explosión de emociones que experimenté en una plaza de toros, no llegué a sospechar que, ya de viejo, habría de encontrarme con el absurdo reclamo de taurinos que ahora sienten vacía a la Fiesta de fondo y contenido. Por dentro la miran carente de romanticismo y actitud: en el toro modificada la concepción del trapío: engañada la edad, y violado el término bravura. Su amarga queja es constante y reiterativa: sienten desencanto e insatisfacción. Y hablar de insatisfacción promueve la necesidad que explique el notable distanciamiento que se ha originado entre los adictos al toreo viejo y los adherentes a la Fiesta moderna.

Me queda claro que el toreo tiene validez cuando se aprecia de manera personalizada, lo cual significa que, siendo uno, tiene tantas caras como observadores tenga. Lo cierto es que entre tanta oferta de palabras hay algunas que resultan discutibles: como esa que insinúa que la evolución significa degradación. Hoy, pésele a quien le pese, se torea mejor que nunca: la pureza estética es deslumbrante, y la concepción de la lidia tiene una arquitectura que no termina, como antaño, en la consumación de suertes aisladas, como fue la llamada suertes suprema, la de matar.

Claro que no puedo cerrar los ojos para no ver unos hechos coludidos con la trampa y el engaño. Hechos que bien podrían explicar el descontento –insatisfacción- latente en la afición vieja que también sabe que esas máculas han existido siempre.

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