“DOCTOR”, LO MEJOR EN EL XONACATIQUE.

Hubo más, pero no mejor ayer en la novillada de la Feria de los Chicahuales de Jesús María. El lienzo charro-plaza de toros Xonacatique se abrió en generoso espacio y en el redondo escenario se vieron pasar seis utreros de heterogénea lámina y buena lidia, esto globalizado; en tanto, el público, deseoso de observar su espectáculo de oro, seda, sangre y sol, hizo en los tendidos de herradura la media entrada.

La nota aprobatoria se grabó en el libro particular de la dehesa de Cerro Viejo, firmándose con el cuarto, un bovino gordo, corto de percha pero bravo, noble, fijo y de formidable estilo al embestir que, merecido o no, generó el indulto sobre el ánimo de los concurrentes y del juez, quien una vez balanceada la serie de inclinaciones, lo ordenó. Se llama “Doctor”, está quemado con el No. 173 y levantó en la romana 448 kilos.

E iba para Alejandro López (Al tercio y vuelta protestada tras el indulto), primer espada, joven sano que con sus diligencias delante de él no satisfizo a la mayoría. De siempre se le ha apreciado la afición, el deseo y la voluntad por realizar el proyecto de ser torero, empero existen para ellos muchos imponderables. La Madre Tauromaquia exige más que eso para acoger en su seno a los aspirantes. Quede en esta hoja solamente el acotamiento de algunos detalles, sobre todo con la sarga, y ese ahínco que agradecen, sin esperar más, los escasos miembros de algún departamento del gigantesco conglomerado del público taurino. Con facilidad se embarulla y extravía la ruta correcta.

Otro de Aguascalientes, Efrén Rosales (oreja y oreja), ya con la presentación en la México sobre la página de su currículum, se responsabilizó de dos novillos con pocas complicaciones y algunas virtudes; su primero fue suelto y reservón y su segundo noble, fijo y de clase –incluso se dejaron escuchar palmas tibias cuando eran sus restos conducidos al desolladero- acaso medido de fuerza. El espigado soñador tiene intocable su figura, buen trazo, sabroso estilo y notada enjundia, sin embargo acusa el estancamiento en su proceso técnico. El tener trece o catorce novilladas en tres años de trayecto, es muy poco, y aún, por ello y quizás algo más, pierde la distancia de sus oponentes con facilidad y le es complejo entonarse en el son natural del toreo. Dejen en el recuerdo tal detalle capotero en ambos novillos e igualmente cierto natural o derechazo templado, extenso y sentido, pero nada ligado, completo y/o acabado. Tampoco se desprecie por nada la entrega y buena ejecución de la suerte suprema con la que despeñó al quinto.

Para esta función se reprogramó el cartel; originalmente estaba anunciado Ricardo Frausto, pero como se atravesó la Monumental capitalina éste fue sustituido por Antonio Hernández (vuelta por su cuenta tras aviso y oreja), imberbe que se anotó el debut de luces. El tercero, primero de su lote, se llamó “Brujo”, tenía el No. 61 sobre el costillar izquierdo y pesó 345 kilos; bovino con virtudes, como nobleza y clase, que fue objeto del halago del arrastre lento. El que cerró plaza presentó una inconveniencia, lo tardo, y una cualidad, embestida larga y de excelente estilo. El aspirante posee por natura buen gusto, seriedad y temple. Agradó con detalles y es de los que ganan oportunidades en otras tardes; “se le puede invertir”. Hoy, además de serenidad y afición –recibió a sus dos adversarios de hinojos y poniendo valor del apreciable-, lógicamente destanteó una labor redonda con varios defectos técnicos que habrá de corregir. Hay tiempo para ello.

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