31 julio, 2021

EL PASEÍLLO… GRACIAS CARLOS.

El pasado sábado Carlos Fabra puso fin a una extensa e intensa carrera política y, llegados a este punto, considero que ha llegado el momento de valorar en su justa medida la importantísima aportación que, desde sus responsabilidad institucional, ha hecho al mundo del toro en nuestra provincia.

El pasado sábado Carlos Fabra puso fin a una extensa e intensa carrera política y, llegados a este punto, considero que ha llegado el momento de valorar en su justa medida la importantísima aportación que, desde sus responsabilidad institucional, ha hecho al mundo del toro en nuestra provincia.

Pocas veces un político se ha volcado tanto con la fiesta y ha sabido presumir de taurino, sin complejos, dejando claro que aquí, en Castellón, el toro tiene su sitio porque forma parte de nuestra propia forma de ser.

Su primera aportación como presidente de la Diputación Provincial fue recuperar la tradicional corrida de la Beneficencia, impulsándola hasta el punto de llegar a organizarse un mini- ciclo de tres festejos, en el que los novilleros locales gozaban de inmejorables oportunidades. La voluntad política, unida a una tesitura económica muy distinta de la actual, potenciaron este festejo hasta convertirlo en un referente, tanto a nivel taurino como por su labor social.

Su segunda gran aportación fue sin duda la creación de la Escuela Taurina de Castellón, de la que ya han salido media docena de matadores y un buen número de novilleros, convirtiéndose, además, en motor de la temporada taurina provincial. Especial mención merece su buen criterio a la hora de poner al frente a alguien con la experiencia de Rufino Milián. Estas aportaciones le valieron la concesión de un Premio Nacional Cossio por parte de la Real Federación Taurina de España a la Diputación Provincial.

Existe, además, un capítulo por el que la afición local le está especialmente agradecida, y este no es otro que su personal implicación en la resolución de la huelga que estuvo apunto de dar al traste con nuestra feria de la Magdalena. También en este caso recibió un reconocimiento, quizá menos rimbombante, pero sin duda más entrañable, convirtiéndose en el primer “Revolero de Honor”.

Finalmente, y como una especie de último servicio público a la fiesta, nos deja un sucesor que, por imposible que parezca, quizá tenga todavía más afición que él.

En nombre de los aficionados de esta tierra que tanto quieres, gracias por todo lo que has hecho por la fiesta y, aunque ya sabes que los “manzanaristas” y los “morantistas” siempre tendremos nuestras diferencias, en el fondo, a los dos nos gusta una buena verónica, la pegue quien la pegue. ON

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