30 julio, 2021

LOS PUYAZOS DE SERGIO.

La palabra arte tiene algunas definiciones etimológicas; quizás la que equilibra a todas, es la que dice que es “el conjunto de principios, preceptos y reglas para realizar bien alguna cosa”.

El arte lleva mucho del alma; es expresión que dice lo que el artista quizás no pueda decir, aún con todas las palabras existentes, en ningún idioma. Es manifestación de honduras inalcanzables; extensión del espíritu y tal vez lo más acercado a lo divino salido de lo humano.

La palabra arte tiene algunas definiciones etimológicas; quizás la que equilibra a todas, es la que dice que es “el conjunto de principios, preceptos y reglas para realizar bien alguna cosa”.

El arte lleva mucho del alma; es expresión que dice lo que el artista quizás no pueda decir, aún con todas las palabras existentes, en ningún idioma. Es manifestación de honduras inalcanzables; extensión del espíritu y tal vez lo más acercado a lo divino salido de lo humano.

El arte para hacer aparecer su espectro exige estética, belleza, armonía, conjunción, paralelismo, son, simetría, originalidad, autenticidad y otros valores que lo hacen llegar a la sensibilidad de los receptores.

Esto a su vez implica disciplina, esfuerzo y, por su puesto, una técnica, un modo o un grupo de métodos a través de los cuales poder fraguar una pieza a la cual poder juzgarla como obra de arte.

Se dice, tal vez con los argumentos suficientes, que con clase, virtud imprescindible en el arte, se nace, sin embargo la dimensión total de ésta no toma entidad sino por medio de la técnica, la cual se puede enseñar porque con ella no se nace. Se adquiere.

Y el toreo es arte y su técnica, desde luego, se puede aprender; la deben aprender quienes pretendan pasar por esta existencia terrena y transitoria como profesionales en la lidia de reses bravas.

Aguascalientes cuenta hasta con tres escuelas de tauromaquia: Escuela Taurina Triana, Academia Taurina Municipal y la Secundaria de las Artes y el Toreo.

En cada una están matriculados muchos niños y pubertos que tarde a tarde, sobre el pequeño mar redondo de arena ardiente y bajo el sol quemante, reciben la enseñanza del toreo entre sus sueños de fortuna, fama y gloria.

Las ilusiones, en cada sesión, son huéspedes agradables del pensamiento de los chavales.

Precioso recurso este de las escuelas institucionalizadas, que antaño, en México no tenían los aspirantes a la trascendencia entre las astas de los bovinos de casta; la enseñanza de la lidia era un hecho catalizado por la espontaneidad y al que tímidamente y poco a poco penetraban los jóvenes, normalmente vagos o con alguna historia dramática en el prólogo de sus vidas. O bien, la adquirían en aquellos pueblos huérfanos de señalamiento en los mapas, burlando las embestidas de las bestias cornudas de media, o un cuarto de casta, resabiadas y toscas, echando a sus apocalípticas perchas líricamente los encajes de sus avíos raídos, decolorados y viejos.

Teóricamente, en la actualidad, “existen más y mejores medios para poder hacerse torero”. Sin embargo, pese a la existencia de esas entidades protocolizadas en donde se sigue un “método oficial” para enseñar la tauromaquia y se le dan a los alumnos espacios para torear, ya a puerta cerrada, ya en festivales, nuestro México taurino sigue padeciendo la resequedad de novilleros realmente atractivos.

Igualmente es cierto que las escuelas en donde se da instrucción práctica y teórica de asuntos taurómacos, no necesariamente tienen la obligación de hacer figuras; esto tiene implicaciones muy alejadas de la órbita en donde ejercen su fuerza y sus alcances.

Si Aguascalientes ya protegió oficialmente la tauromaquia contra ignorantes animalistas, ecólogos sentimentalidad y despistados y grilleros ociosos, le falta engranar las etapas para dimensionar más concretamente esa presunción de que es “cantera de buenos toreros”. En cuanto que no se una otro inciso al proyecto, el asunto quedará en un hecho hueco que únicamente sirvió para que el gobierno de Carlos Lozano de la Torre “se pare el cuello” de muy taurino y así identificarse populistamente con uno de los identificativos del estado que se auto presume como el de mayor arraigo en la fiesta brava.

Niños y adolescentes con cualidades subrayadas, los hay a manera de granel; no obstante los verdaderos problemas en su formación inician al salir de dichas escuelas. Allá, cuando la puerta que da paso al rango novilleril se abre. Y penetran varios a probar el amargo líquido donde están en infusión otros intereses, otras metas; en donde los negativos sentimientos encuentran terreno fertilizado para dar su fruto venenoso. Y como en mancuerna de complicidad para obstaculizar la producción de toreros, aparece la modorra de las empresas que, más preocupadas por organizar corridas cómodas y al gusto de las figuras extranjeras, se olvidan de los novilleros. Muy pocas plazas son las que ofrecen tardes para los novicios. Se podrán contar las de Aguascalientes, Guadalajara y México, aunque ésta proponga la campaña sin un proyecto sólido y con la intención central de “cumplir” con unos códigos que le den la licencia de ofrecer la temporada grande sin alma, sin cabeza, sin objetivo y a favor de los abusivos ases españoles que con el torillo manso, menso, descastado, pequeño e inofensivo, se llevan a su tierra el billete rico, opulento… y solo falta que sus contratos sean firmados en dólares o euros…

Faltan más festejos novilleriles a lo largo y extenso de la patria. Es evidente.

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