13 junio, 2021

DE SINVERGÜENZA A TORERO Y EL CHAVAL DEL 7.

‘El Juli’ salió en el quinto encelado y celoso de la belleza derramada por Morante. Talavante tuvo que verles triunfar sin poder hacerlo él.

Está confirmado: Habrá una tercera novillada en la plaza cuadrada de Deba.

Talavante recibió de la peña El Artista el premio a la mejor faena de capote realizada en 2011.

‘El Juli’ salió en el quinto encelado y celoso de la belleza derramada por Morante. Talavante tuvo que verles triunfar sin poder hacerlo él.

Está confirmado: Habrá una tercera novillada en la plaza cuadrada de Deba.

Talavante recibió de la peña El Artista el premio a la mejor faena de capote realizada en 2011.

El Juli paseaba por el Muelle en la mañana. Encontrose, lógicamente, con toda la muchachada pirata y su flota corsaria. A la misma hora, Morante, Morante de la Puebla, llegaba a Illumbe. En taxi. Ante la sorpresa de aficionados, caballistas y autoridades. Morante entró, acompañado de uno de sus hombres de confianza, a los corrales de la plaza. Allí se juntó con las cuadrilla de Talavante y Julián López. El asombro maravillado de los presentes continuaba. La tradición y la leyenda afirman que los matadores no gustan de ver sus toros antes de su encuentro en el ruedo.

Leyendas viejas de cuando el Gallo, Rafael y también Curro se negaban a torear porque el bicho les había mirado mal. Por eso son los apoderados y peones de azabache quienes participan en el sorteo y luego, cuentan las viejas crónicas, describen a su maestro los animales que le han tocado en suerte. Y les dan consejos mientras les calzan las medias en el hotel.

Pero como las tradiciones nacieron para romperlas, ahí estaba Morante con camisa floreada en figuras protozoicas. Observando a ‘Ropalimpia’ que le traería en la tarde la desgracia absoluta y a ‘Esparraguero’, que le elevó a las alturas y le abrió la puerta grande de Illumbe. Los dos eran ‘Cuvillitos’ de 515 kilos. El primero, un castaño listón y el segundo (cuarto de la tarde), colorado ojo de perdiz bocoblanco listón. Derribó el castaño al caballo del picador Cristobal Cruz y ninguno de los dos recibió lo que los cánones llaman una vara. Ni de las buenas ni de las malas.

Estaba pues El Juli en el Muelle con los piratas y Morante en corrales con los Cuvillo. Fuera, su cuadrilla (¡ay ese mozo de espadas pelirrojo, su primo hermano Juan Carlos!) apoyados todos en la furgoneta blanca de los mil viajes. Repartían a la afición una hermosa foto del de la Puebla, firmada por Mazuelos. De verde botella y oro iniciaba en ella un derechazo de mano muy baja y con el toro embebido en la muleta.

Llevaba Morante la barbilla tan baja (otra norma de oro de la torería) que casi rozaba el corbatín amplio y rojo. Era la foto soñada de una faena soñada. Resultaría luego en la plaza que habría un instante donde, fugazmente, se reprodujo ese gesto, esa foto. Solo cambiaron las tonalidades del verde y las hechuras del fajín. Rojo y ancho en el sueño; negro y estrecho en Illumbe.

Estaba El Juli en el Muelle entre balsas y piraguas. Y Morante en los corrales. Mientras, la afición se congratulaba de que la tercera novillada de Deba, la del 19, domingo, ya estuviera ratificada. La Feria de San Roque no merecía perder una de sus tardes de puro toro. Y para Zestoa, 8 y 9 de septiembre, apalabrados están una promesa de Badajoz, Alejandro Fermín, y una de las figuras de la escuela del Juli: Amor Rodríguez.

Julián López en el Muelle, entre Ezkila Kapitaina y los demás. Morante en los corrales y Javier Moreno con los zajones puestos y el yunque fuera de su furgoneta aparcada en el exterior de Illumbe, la puerta del patio de arrastre abierta. Javier es herrador. Más de una vez ha sido calzador de guardia en concursos hípicos de saltos disputados en Loiola. Ayer herraba a ‘Uda’, el castaño que debutaría en la tarde como caballo de picar. Le calzaba Javier ante la expectación de aficionados, curiosos y caballistas.

El Muelle. Las herraduras. Aquella foto y, a la tarde, la corrida. La abriría el deslucido ‘Ropalimpia’. La cerraría ‘Campanito, un sexto desclasado. El público abuchearía pronto a Morante porque hizo lo que debía hacer: deshacerse del castaño listón rápidamente pues no valía para la gloria. Antes de eso, la presidenta de la peña taurina El Artista, Mari Vázquez, entregó a Talavante un premio conseguido por votación popular, el reservado a la mejor faena de capa realizada en Donostia 2011. Mari lucía un hermoso mantón bordado a mano en Zamora.

‘¡Sinvergüenza!’ le gritaron al de la Puebla cuando se deshizo sin honores del primero después de haberle recibido con suavísima exquisitez. ‘¡Torero!’ le gritaron hasta enroquecer en el cuarto, un toro al que convenció de que podía venirse para arriba. Hubo un instante antes de que la belleza estallase que dejó a los espectadores con la sorpresa en los ojos: aquel cuando le vimos un increíble juego de muñecas para mecer la capa aún no abierta, esa con la que le llevaría al caballo.

Morante, Juli, Javier. Y el niño que acompañaba a su abuelo en 7.

Mientras la afición insistía en que Talavante lo estaba bordando, el chaval no hacía más que comentar que ya estaba, que ya valía, que no quería más pases. Que sacase la espada. Que por qué seguía con el trapo. Ni el abuelo ni, lo que es peor, Talavante le hicieron caso. Al final, ‘Encendido’ se cansó de pasar y pasar y se desentendió de todo. Y Alejandro perdió la oreja. Por pesado. Por no escuchar a los niños.
Fuente: www.diariovasco.com

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