ESCUELA DE VERANO.

La Escuela Taurina de Castellón, lejos de cerrar sus puertas con la llegada del estío, como la mayoría de centros de enseñanza, mantiene e incluso incrementa su actividad, al menos en lo que a actuaciones públicas de refiere. Una docena de localidades provinciales acogerán a lo largo del verano algún festejo protagonizado por los alumnos de esta institución y eso, en una provincia donde raramente se superan los treinta festejos anuales, supone un auténtico revulsivo para la fiesta.

Pensemos que, salvo la Feria de la Magdalena que ha logrado mantener el número de festejos habitual, el resto de celebraciones se ha visto reducida a su mínima expresión. De los festivales, tan solo se salvará, probablemente, Alquerías, desapareciendo Lucena y mudando a clases prácticas los de Alcora y Benassal. Al margen de esto, las corridas de Vall d’Alba y Vinaroz, el festival de Villafranca y un par de novilladas sin caballos completan una de las temporadas más escuetas que uno recuerda.

Afortunadamente, la docena larga de festejos propiciados por la Escuela, permitirá computar unos números a final de temporada mucho más aceptables, rondando de nuevo la treintena de festejos.

Entiendo que para muchos este tipo de espectáculos no tenga el aliciente o no debería tener la misma consideración que los festejos mayores. Obviamente hay diferencias notables, pero en época de escasez, no deberíamos despreciar lo que se nos ofrece, máxime cuando su realización supone un importante esfuerzo para sus organizadores y, además, constituye la simiente para metas más elevadas cuando los tiempos se muestren más benignos.

Creo que el esfuerzo que está realizando la escuela conlleva un doble beneficio para el mundo del toro y para los pueblos de nuestra provincia. De un lado, ofrece unas inmejorables oportunidades de darse a conocer y formarse como toreros a nuestros jóvenes, base sobre la que se sustenta la propia Escuela, y de otro, permite a nuestro pueblos celebrar espectáculos de toreo de plaza a un coste ínfimo, algo totalmente impensable en cualquier otra circunstancia.

La Escuela ha pasado de ser un mero centro de enseñanza a convertirse en el mejor embajador de la fiesta, llevando el toreo a la propia puerta del aficionado.

Como es de suponer, no todo son ventajas, ya que si bien se aprovecha en muchos casos los mismos permisos que para el toro de calle, la legislación impide en estos casos el sacrificio público de la res, mermando al espectáculo de uno de sus momentos vitales.

Resulta cuanto menos chocante que en plazas donde si se permiten celebrar festivales, con el consiguiente incremento del capítulo de gastos, no se permitan celebrar clases prácticas, en las que si esta permitido matar los novillos, debiendo conformarse con exhibiciones de toreo, a las que se da forma de festejo, pero en la que el novillo debe volver obligatoriamente al corral.

La legislación valenciana tiene muchos puntos favorables a los espectáculos taurinos pero, como en la mayoría de los casos, adolece de una legislación que recoja la realidad de las escuelas taurinas, debiendo, en muchos casos, interpretar o acomodar la legislación a situaciones concretas, lo que lleva, en ocasiones, a agravios comparativos y a situaciones difíciles de entender.
br> No tiene sentido devolver al corral un novillo que a continuación debe ser sacrificado obligatoriamente, del mismo modo que tampoco lo tiene el tener que quemar las canales, cuando existen medios para conservarlas en óptimas condiciones. Hay cosas que nunca entenderé.

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