26 septiembre, 2021

SÁNCHEZ MEJÍAS SE HIZO TORERO EN MÉXICO.

Copia completa de lo escrito por Miguel Gil en la revista La Afición en agosto de 1934 que dice…
Algunos actos de su vida completamente desconocidos.
Sus toreadas a la luz de la luna, “su malaje”, los acontecimientos más notables durante su estancia en México. Especial para el Magazine de La Afición.
Nada ni nadie puede destruir la verdad porque es única, la verdad pertenece a la Historia, es parte de ella: posiblemente la mayor parte. Por esto, que perdonen los “apasionados” si digo aquí algunas verdades, que ya no pueden alcanzar el “amor propio del lidiador mortalmente “corneado”” en la plaza de Manzanares.

Copia completa de lo escrito por Miguel Gil en la revista La Afición en agosto de 1934 que dice…
Algunos actos de su vida completamente desconocidos.
Sus toreadas a la luz de la luna, “su malaje”, los acontecimientos más notables durante su estancia en México. Especial para el Magazine de La Afición.
Nada ni nadie puede destruir la verdad porque es única, la verdad pertenece a la Historia, es parte de ella: posiblemente la mayor parte. Por esto, que perdonen los “apasionados” si digo aquí algunas verdades, que ya no pueden alcanzar el “amor propio del lidiador mortalmente “corneado”” en la plaza de Manzanares.

Nunca fui agonista, y por ende, no se puede tachar de desahogo esta parte de la historia sobre la vida del lidiador que acaba de rendir tributo a la Madre Naturaleza, expirando en Madrid, después de su pase favorito sentado en el estribo. Minutos antes de comenzar este articulo he consultado con “Monosabio”, el exquisito cronista taurino, sobre este articulo.

-¿Se me admitirá?- le he dicho.

El me ha expresado lo que todos los que creen que las informaciones largas en el periódico, acaban por cansar al lector, teoría en la cual no comulgo, quizá porque no puedo medir el espacio en ningún periódico. Cuando me acomodo en mi mesa de trabajo, dejo que mis dedos interpreten mi pensamiento, y que mi cerebro vibre al unísono de una idea. Pero su fin: voy a ser corto para que mi prolijidad no sea un obstáculo, y “LA AFICION”,-periódico admirable porque simboliza el espíritu de un grupo de trabajadores que repudiaron la soberbia de los ampulosos patrones que creían haber comprado su espíritu con un puñado de pesos, y que no tenían derecho humano ninguno porque al “trabajar” en un periódico se vendían a él,-pueda publicar estas cuantas líneas que rebosan sinceridad y se ajustan a la historia, sobre la vida de Sánchez Mejías, antes de ser torero.

ALGO DESCONOCIDO

Algunos aficionados saben todo; el público ignora la mayor parte. Por esto me he decidido a escribirlo.

Ignacio Sánchez Mejías llegó a México poco después de su hermano Aurelio Sánchez Mejías “caporal” de los toros de Miura contratados por la empresa Bravo-Rivero, en el año de 1909, toros que servirían para la temporada que abarcaba los últimos meses de este año y principalmente de 1910. Parece que en el viaje influyó de manera decisiva la voluntad del banderillero “Almendro” y que esto dio ocasión a continuas riñas entre Aurelio, su mujer, de nombre Lolita y el mozalbete, a la sazón corriendo vida, pues en forma continua Ignacio, entonces un “golfillo”, contando de 18 a 19 años, se separaba del hogar común en la plaza de “El Toreo”, e iba a la antigua plaza “México”, donde tenia una amigo con el cual podía comer.

Desde aquella apoca Ignacio Sánchez Mejías y su hermano Aurelio demostraban “un malaje especial” y baste decir que el primero, cuando salía a caballo, no teniendo a quien lazar, y estando acostumbrado a lazar, echaba “la reata” sobre las macetas de los balcones, haciéndolas venir abajo, con gran estrépito y sentimiento de sus dueñas.

Así también Ignacio Sánchez Mejías, que en paz descanse, tenia como obsesión demostrar que era malo, aunque fuera bueno en el fondo, y gozaba con los sufrimientos de los demás. Por esto, cuando estaba a punto de partir plaza, se quedaba mirando la ropa, y exclamaba: “!a ver ahora de donde sale la sangre!” Con esto, quería “ciscar” a sus contrarios, y en especial a uno, a Rodolfo Gaona, con el cual formó la “pareja inolvidable” que hizo resurgir la fiesta brava haciendo que se recordasen los tiempos del Espartero y de Guerrita que habíamos leído en las crónicas de España.
br> ¿He dicho verdad?… Si así es, que la afición me lo premie, y si no, que me lo demande, siquiera sea leyendo este artículo.

SU PRIMERA ACTUACION

Sánchez Mejías, siendo un “golfillo”, y esto sea dicho sin ánimos de hacer daño a su memoria, muy respetable y digna para los aficionados a toros, tenía una gran cualidad: ¡su valor! Por éste, llegó a escalar uno de los primeros peldaños de la tauromaquia en México, y completó su esfuerzo Rodolfo Gaona, sin el cual no hubiera valido nada, como que no valió después, cuando actuó en nuestra olaza máxima, al lado de otros toreros.

La partida de toros de Miura, llegados a México para la temporada 1909 a 10, quedó en la hacienda de Los Morales, donde a su vez quedó igualmente Ignacio Sánchez Mejías, mientras su hermano Aurelio se alojaba en El Toreo, como gente mayor y de más respeto en aquella temporada, memorable para todos los “aficionados verdad”, rindieron pleitesía a los gustos taurófilos de entonces, algunos toreros de tronío, entre otros El Gallo, Bienvenida, Moreno de Algeciras, Regarterín, Relampaguito, Cochero de Bilbao, Gaona y algunos otros. Ignacio Sánchez Mejías tenia un año de encontrarse en México, y ya el “gusano de la afición” había roído sus entrañas cuando en 1911 Antonio Giraldo “Jaqueta” llevólo a torear, como banderillero, a Teziutlán, Pue, siendo en esta plaza su primera actuación, ya vestido de luces, pues antes había tenido oportunidad de torear no solo los toros sobreros de El Toreo, si no los de la lidia “encorralados para el próximo domingo…”

De la plaza de Teziutlán arrancó su vida torera. Después fue con Marchenero, un tipo elegante y castizo, que salió a torear por algunas de las plazas de México, hasta presentarse en la de El Toreo, durante una novillada de concurso, en la cual obtuvo el premio destinado a la mejor pareja de banderilleros, actuando con Galeita, hijo del banderillero de Mazantini, José Galea.

EL SUSTO MAS GRANDE SU VIDA

Cuando Ignacio Sánchez Mejías atravesaba por esta época de su vida, ocurrió en México un acontecimiento notable. A eso de las cuatro de la mañana de cierto día de 1911, en que hacia su entrada triunfal don Francisco I. Madero, tembló fuertemente en la Capital, y como Sánchez Mejías se hallaba a esas horas durmiendo en uno de los corrales de la plaza de toros, se le cayeron encima los arcos y casi toda la fachada del edificio. Esa madrugada, Lolita, la esposa de Aurelio, Sánchez Mejías y Almendro, salieron corriendo hasta media calle, con el espanto en sus semblantes, pero quien más susto demostraba, era Ignacio, muy joven aún.

La época de Sánchez Mejías como principiante de torero, marca otros no menos interesantes, pues de aquel entonces Gaona, seguramente inspirador del mozalbete, que ya un hombre acaba de morir en Manzanares, era algo así como un rosal en flor, y actuaba en la plaza México con Jerezano y Chiquito de Begoña, pasando de allí a “El Toreo”.

Precisamente en una de las corridas de la temporada en esta plaza, sucedió algo notable, que no podrán olvidar los aficionados. Salió un toro de Miura, de los que había traído Aurelio Sánchez Mejías. Este toro había sido molestado grandemente por Ignaro en los chiqueros, al grado de que salió a la plaza bañado en sangre, y al tiempo de torearlo de capa Cochero de Bilbao, se llevó la montera de este prendida en un pitón.

Otro de los acontecimientos anecdóticos de Sánchez Mejías, es aquel que se relaciona con un toro de La Laguna, que lo enganchó de forma aparatosa a la altura de toriles. A ese toro, como se sabe, Gaona lo mató de un estoconazo abajo del biombo, pero el suceso de la cogida dió margen a la protesta de la “Porra”, por lo que Bombita IV salió al ruedo y para justificar a su matador, que se hallaba en la enfermería, enseñó al publico los algodones.

Ya estoy hablando, por supuesto, de la temporada en que Ignacio Sánchez Mejías actuó como matador de toros, o sea la segunda temporada que hizo en México (1922).

Hombre de un extraordinario valor, Ignacio no temía, sin embargo, a Rodolfo Gaona, pero ¡cosa curiosa! si a Silveti y por esta causa el meco Juan tuvo que matar solo una corrida de seis toros de don Manuel de los Santos, pues Sánchez Mejías se quedó en casa.

TORERO DE LEYENDA

Sánchez Mejías es seguramente el torero que más boato se dió en México, después de Tomás Alarcón “Mazantinito”. Vivía como príncipe en la Avenida Jalisco y todavía se recuerda un baile que se dio en su residencia, durante el cual corrió el “champagne” como agua.

El torero vestía exquisitamente y con toda seguridad gastó en México la mitad cuando menos de lo que ganó en sus temporadas, al contrario de la mayoría de los diestros españoles que van a entrenarse a las haciendas para ahorrarse la estancia en México, y cuando se hallan frente a un grupo de amigos piden “un vaso” de leche, con objeto de no convidar después.

El amor más grande del torero fue “La Argentinita” a la que cuajó de brillantes y atenciones, haciéndola reina de su corazón, pues parece con ella tuvo algunos hijos.

Solamente Ignacio Sánchez Mejías, con su acendrado amor propio, pudo creer que llegaría el día en que tomara “champagne” en México, después de haber vivido una miseria constante por espacio de cuatro años desde que vino de España, años en que la mayor parte comió de a 15 centavos en la casa de doña Petra, una vieja gorda que tenia su fonducho en las calles de Valladolid y Jalisco, junto a la pulquería de Marín un viejo que usaba los pantalones angostos y a la altura de los tobillos y que murió tísico años después.

El amigo favorito de Ignacio Sánchez Mejías era “Chipirul”, actualmente comisionado en la Inspección General de Policía; este hombre lo ayudó en los más apurados trances de su angustiosa vida de “golfo”, y por esto cuando Ignacio regresó a México ya convertido en matador de toros, le brindó el primero al que dio muerte, en aquella corrida mano a mano, con Rodolfo Gaona.

Al dejar correr mi pensamiento, he sido quizá poco cuidadoso en el relato. Lo he hecho de prisa. Sin embargo, creo que como entraña verdad, será respetable por el aficionado.
MIGUEL GIL.

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