19 septiembre, 2021

DISCURSO QUE PRONUNCIÓ SILVERIO PÉREZ EL DÍA DE LA TOMA DE POSESIÓN COMO PRESIDENTE MUNICIPAL, DE TEXCOCO, ESTADO DE MÉXICO, POR PRIMERA VEZ, EN EL AÑO DE 1958.

En la vida, que ha tenido como la de todos los hombres, días grises y días luminosos, he recibido satisfacciones múltiples. He formado un hogar limpio, he alcanzado para mis hijos un patrimonio honrado, he conquistado amigos tan valiosos que con frecuencia siento que no los merezco verdaderamente. Pero entre las satisfacciones más grandes, más preciadas, más bellas, cuenta indudablemente ésta, que me da la oportunidad de servir, con pleno amor y pleno entusiasmo, a mi pueblo, al que debo todo lo que soy y al que, ahora, una vez más, quiero entregarme por entero.

En la vida, que ha tenido como la de todos los hombres, días grises y días luminosos, he recibido satisfacciones múltiples. He formado un hogar limpio, he alcanzado para mis hijos un patrimonio honrado, he conquistado amigos tan valiosos que con frecuencia siento que no los merezco verdaderamente. Pero entre las satisfacciones más grandes, más preciadas, más bellas, cuenta indudablemente ésta, que me da la oportunidad de servir, con pleno amor y pleno entusiasmo, a mi pueblo, al que debo todo lo que soy y al que, ahora, una vez más, quiero entregarme por entero.

Si ese pueblo, al que me siento ligado entrañablemente pues mi orgullo mayor ha sido y será el no renunciar jamás a mi origen porque ello me aliente y me ennoblece; si ese pueblo, digo, me ha conferido, por su voluntad libre y soberana, este puesto de alta responsabilidad, como Presidente Municipal de mi solar nativo, yo lo acepto, no como un reconocimiento a mis virtudes personales, que son muy pocas y en extremo modestas, sino como un desafío cariñoso a mi capacidad de trabajo y de lucha y, sobre todo, como una obligación de desprendimiento y de esfuerzo, que ningún ciudadano.

Conciente de sus deberes con sus hermanos de patria puede rehusar, porque todos nos debemos a la labor suprema, que consiste en buscar, por medio de concordia y de justicia, el mejor bien para el mayor número posible.

Aquí, todos me conocen. Y eso es una fortuna, porque no podré, aunque en algún momento tuviera la tentación de hacerlo, exagerar mis cualidades para tratar de crear en el ánimo de ustedes una imagen falsa de mi persona. Ustedes conocen mis deficiencias y del mismo modo están ciertos de mis limitados alcances. Para mi gestión municipal, entonces, no ofreceré nada que no pueda cumplir cabalmente. A nadie le prometeré la luna y las estrellas, a nadie le diré que desde mañana vivirá en un perfecto paraíso. Somos un pueblo en crecimiento, formamos un país que se esfuerza denodadamente por superar atrasos, por desterrar miserias. Un ambiente de orden, un sistema de equidad, nos ha proporcionada ya avances considerables, logros felices; pero el camino a recorrer es largo y hemos de enfrentarnos a problemas difíciles, por lo que nos espera un trabajo arduo y difícil. Mi promesa es, en tales condiciones, sólo una: Trabajar mucho, con limpieza absoluta y sin descanso, Sin rehuir los problemas, sin achicarme ante los obstáculos, sin desoír jamás un reclamo o una demanda, porque aquí todas las voces honestas serán escuchadas y todos los propósitos justicieros serán atendidos.

La casa municipal, pues, no será recinto cerrado para nadie, porque ésta no es, en rigor, torre de marfil o santuario para nadie. Ni pertenece en exclusiva a éste o a aquel, porque es la casa de pueblo. Una casa donde todos habremos de encontrarnos, sin distingos, para dilucidar y solucionar discrepancias y para unificar, en actos fecundos, las intenciones positivas. En esta casa, así, sólo habrá un mandato indeclinable, insoslayable, el del pueblo y una sola voz gobernadora, la de la ley. Mandato y voz a la que todos, yo el primero, debemos de someternos gustosamente, porque en el respeto fidelísimo al uno y a la otra hallaremos la fórmula infalible para dar a nuestro terruño la tranquilidad y la prosperidad que se merece y con toda la lealtad a la nación que nos sustenta.

Les habla su amigo, si, que nunca olvidará los deberes cariñosos que la amistad impone, pero sin desconocer esa noble condición humana. Les habla también el conciudadano, igualado con todos ustedes en el amor y la devoción a México, el que, a cambio de entregar en el trabajo que hoy inicia su máximo esfuerzo y su voluntad mejor de servirlos, les pide su comprensión y ayuda generosa.

Texto tomado de archivos publicados en el blog de don Silverio Pérez.

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