20 septiembre, 2021

TEXCOCO SE ILUMINÓ GRACIAS A UN TRAGO.

LA CENA era suntuosa, los invitados de lujo y muy conocidos en sus respectivos ámbitos artísticos, el anfitrión don José Pagés Llergo, director de la revista “Siempre”, era también el cómplice de ellos ya que el asistente especial era el licenciado Ernesto P. Uruchurtu, Regente del Distrito Federal, todos los comensales deseaban solicitarle algunos beneficios, entre ellos estaba don Silverio Pérez que en ese tiempo era Presidente Municipal de Texcoco, estado de México y solo quería le transfiriera algunos postes para las luminarias callejeras que conocía se desechando y cambiando en la capital azteca, desde luego bajo las ordenes de don Ernesto, y en Texcoco hacían falta.

LA CENA era suntuosa, los invitados de lujo y muy conocidos en sus respectivos ámbitos artísticos, el anfitrión don José Pagés Llergo, director de la revista “Siempre”, era también el cómplice de ellos ya que el asistente especial era el licenciado Ernesto P. Uruchurtu, Regente del Distrito Federal, todos los comensales deseaban solicitarle algunos beneficios, entre ellos estaba don Silverio Pérez que en ese tiempo era Presidente Municipal de Texcoco, estado de México y solo quería le transfiriera algunos postes para las luminarias callejeras que conocía se desechando y cambiando en la capital azteca, desde luego bajo las ordenes de don Ernesto, y en Texcoco hacían falta.

DADO QUE ya todos habían expuesto sus casos, mismos que les fueron negados, don Silverio aguantó estoicamente a pies juntos la pregunta del político que dijo… ¿Y usted Silverio, que es lo que quiere?… “Pues solamente un trago mas por favor licenciado”…

CLARO QUE los presentes entendieron a la perfección la petenera salida del “Tormento de las Mujeres”, cómo le cantara Agustín Lara al también llamado “Faraón” en el pasodoble a su dedicatoria.

AL DÍA siguiente el señor Presidente texcocano despachaba en sus oficinas y hasta ahí le avisaban sus empleados que estaban fuera del edificio varios camiones que requerían su presencia, debían entregarle un envío a su nombre de manera personal. Claro que se trataba de los arbotantes, don José Pagés le había comentado a solas a la máxima autoridad, del entonces tranquilo Distrito Federal, cual iba a ser la petición del torero y así, por medio de monumental trincherazo bien rematado “al pitón contrario”, destroncó la sensibilidad de don Ernesto que inclusive regaló los mentados postes, un camión de estreno para la basura y otras cosas que al municipio le cayeron como llovidas… ¡de un trago!…

DON AGUSTÍN Lara, don Pedro Vargas, inclusive don Mario Moreno, “Cantinflas”, con las peticiones negadas a la hora de sus respectivas solicitudes al señor Regente, sin pensarlo “bregaron” excelentemente a don Ernesto para beneficio de los paisanos de quien tiene un hermano que se asomaba a verlo torear…

ALGO TENÍA don Silverio que ni por un trono cambiaban sus barreras de sol… Nos Vemos.

Deja un comentario