20 septiembre, 2021

HABLEMOS DEL AFEITADO.

¿Queréis que hablemos del afeitado? Pues hablemos, pero sin pelos en la lengua… Un libro que todavía no se ha escrito y que se hace necesario es el de la historia del fraude en la fiesta de los toros. Hay mucho desconocimiento al respecto. Se cree que el fraude es un mal de la fiesta moderna. Nada de eso. Vean, vean…

Dejando a un lado todos los tipos de puyas fraudulentas usadas durante todo el siglo XIX y gran parte de XX (que es mucho pasar por alto) y ciñéndonos única y exclusivamente al asunto de los cuernos y las ganaderías, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que el afeitado tiene una antigüedad centenaria. Cuando en los años cuarenta saltó el escándalo del afeitado y se lo comentaron a Guerrita, éste contestó:
-“Inocentes

¿Queréis que hablemos del afeitado? Pues hablemos, pero sin pelos en la lengua… Un libro que todavía no se ha escrito y que se hace necesario es el de la historia del fraude en la fiesta de los toros. Hay mucho desconocimiento al respecto. Se cree que el fraude es un mal de la fiesta moderna. Nada de eso. Vean, vean…

Dejando a un lado todos los tipos de puyas fraudulentas usadas durante todo el siglo XIX y gran parte de XX (que es mucho pasar por alto) y ciñéndonos única y exclusivamente al asunto de los cuernos y las ganaderías, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que el afeitado tiene una antigüedad centenaria. Cuando en los años cuarenta saltó el escándalo del afeitado y se lo comentaron a Guerrita, éste contestó:
-“Inocentes. Si llego a durar un par de años más en el toreo dejo a todos los toros mochos”.
Hay una lámina de la revista “La Lidia” de los años de Guerrita muy ilustrativa al respecto: Se ve en ella a un grupo de hombres que tiran de una soga. En el otro extremo de la soga y atado con ella hay un toro. Lo que pretenden los hombres es atar la testuz del toro a un árbol que se ve entre ellos y el toro…¿Para qué quieren amarrar el toro al árbol? Es obvio…; menos mal que se rompió la cuerda y el toro se tomó cumplida venganza cogiendo a uno de los presentes.

Contaban los viejos mayorales una curiosísima forma de afeitar los toros: ¡¡metiéndolos en el Guadalquivir!!. Cuando el toro nada, no puede hacer fuerza. Y así se le acercaban en una barca y en medio del río le afeitaban…de esto ¡!!Hace un siglo¡¡¡ Guerrita manda en la fiesta. La mangonea a su gusto. Siempre que pudo toreó utreros, e imponía a las ganaderías de Saltillo, Murube y Guadalest, las más suaves de la época. Esto también les hubiera gustado a sus antecesores, pero no pudieron, no tuvieron fuerza para hacerlo. Los ganaderos le hacían la pelota al Guerra reservando para él los toros más comoditos y dejando para los demás los más desagradables de la corrida, ¡Claro! En cuanto se retiró Guerrita se impuso el sorteo porque los demás toreros estaban hartos del trato de favor dispensado a Rafael Guerra. Con todo lo expuesto, es evidente que el Guerra afeitó, tenía el poder preciso para ello y a Guerrita le gustaba ejercerlo.

En época de Joselito también cocieron habas… En el cortijo de los “Merinales” se daba “fiesta” a las corridas destinadas a José y Juan, por orden del primero. Gregorio Corrochano se entera y lo publica en ABC con el consiguiente escándalo, y Joselito, para congraciarse con el crítico acepta torear la corrida de la feria del pueblo de Corrochano: Talavera de la Reina. Lo que pasó después ya lo conocen todos ustedes. Por cierto, Bailaor hoy día no hubiera pasado el reconocimiento en ninguna plaza de pueblo. Con esto se destruye el mito de los toros que mataba Joselito. Sí, mató 86 toros de Miura y 51 de Pablo Romero. Pero entonces esas ganaderías no tenían la dureza de ahora en comparación con el resto de las vacadas. De las auténticamente terroríficas (Palha, Sotomayor, López Plata…) no mató ninguno. Esos se quedaban para los desesperados de la profesión: Paco Madrid, Larita, García Malla, etc.

Por supuesto, en época de Joselito se da el definitivo golpe de gracia a las castas navarra y jijona, que desaparecen de todas las ferias medianamente importantes. Joselito elige por sistema las ganaderías de encaste Vistahermosa, que terminara imponiéndose definitivamente. A saber: Murube, Santa Coloma, Parladé, Contreras, Martínez… Y Juan cucamente dejaba hacer a José: “Lo que haga José, bien hecho está”. Juan, como hemos dicho, aprendió mucho al lado de José; y no solo la técnica del toreo; también la gramática parda.

Belmonte en sus reapariciones se alivió todo lo que pudo, Iba cerrando todas las ferias, toreando la última corrida. Los primeros días los veinteañeros se exponían al toro y a las iras del respetable. El último día aparecía Belmonte con su amiguete El Gallo para matar una becerrada ante la complacencia general. Y quien no me crea ahí tiene las enternecedoras imágenes de la Feria de Nimes de 1.934 con “tout l’intelectualité” en el tendido aplaudiendo el infanticidio.

Como se ve, cuando Manolete llegó al toreo ya estaba muy mareada la perdiz. Camará, apoderado de Manolete, se limitó en todo caso a hacer lo que vió a su admirado Joselito.

Curiosamente, el día que saltó el escándalo del afeitado no estaba Manolete en el cartel. Fue durante la Feria de Julio de 1.942. Estaban afeitando una corrida del Conde de la Corte en los corrales de la Plaza de Valencia cuando de improviso se presentó un comisario de policía que dio publicidad al asunto. La corrida la iban a matar Marcial Lalanda, Pepe Luis Vázquez y Gallito (sobrino de José y Rafael). ¡Vaya, vaya! Los toreros idolatrados por los defensores de la fé cometiendo esos pecadillos… Lo que vino después de ese día no es necesario comentarlo porque todos lo sabemos, y la conclusión a la que llegamos es que, en cuanto pueden, todos los toreros afeitan.

Todos sin excepción. Y es lógico, porque el toro produce un miedo terrible, y es una tentación muy humana intentar aminorar el riesgo. Y el que no afeitó es porque no pudo. Y con esto no estoy intentando justificar el fraude; simplemente, estoy intentando situarlo en unos parámetros realistas. Que se haya afeitado siempre no justifica la existencia del afeitado, como tampoco se justifica el asesinato porque hayan existido asesinatos desde la más remota antigüedad.

El afeitado es un fraude, y una estafa debe ser combatida, Pero debemos ser nosotros, los aficionados, los que lo persigamos. Y lanzo aquí un aviso a los navegantes: ni con la Restauración, ni con Alfonso XIII, ni con la República, ni con Franco, ni con el sistema vigente, los gobernantes han hecho nada por la fiesta. La han ignorado. Así la picaresca lo ha tenido muy fácil para actuar. Es hora de tomar conciencia. De los aficionados depende que la fiesta tome un nuevo rumbo. Dejemos ya de lamentarnos; dejemos de esperar de los políticos unas soluciones que jamás aportarán (pues lo suyo es calentar la poltrona y gozar de las prebendas, no arreglar los problemas). Dejemos ya de acusar a los taurinos de estafadores. Si nos estafan es porque se lo consentimos. Nos tenemos que organizar e imponer nuestro criterio. Y si no lo hacemos y dejamos hacer a los demás, que luego no vengan los lloros ni los lamentos…

Deja un comentario