19 junio, 2021

RONDA: UNA VULGAR CORRIDA GOYESCA DEL SIGLO XXI.

La LVI edición de la corrida Goyesca de Ronda se vio deslucida por el juego poco brillante de los toros de Núñez del Cuvillo, tan terciados como descastados, sólo con alguna nobleza. De la terna, el mejor fue Paquirri, que sólo por el fallo con la espada se quedó sin Puerta Grande. La plaza no se llenó.

La LVI edición de la corrida Goyesca de Ronda se vio deslucida por el juego poco brillante de los toros de Núñez del Cuvillo, tan terciados como descastados, sólo con alguna nobleza. De la terna, el mejor fue Paquirri, que sólo por el fallo con la espada se quedó sin Puerta Grande. La plaza no se llenó.

Plaza de Ronda. LVI corrida Goyesca. Casi lleno. Seis toros de Núñez del Cuvillo, terciados, descastados, de juego desigual. Nobles, primero y cuarto. Difícil, el segundo. Manejable, el tercero; Paquirri, obispo y bordados en plata, ocho pinchazos y descabello (silencio tras aviso). En el cuarto, estocada atravesada (una oreja). El Fandi, grana y bordados negros, estocada corta y descabello (silencio). En el quinto, estocada caída (una oreja). Alejandro Talavante, blanco y bordados negros, estocada (una oreja). En el sexto, pinchazo y estocada baja (silencio).

Carlos Crivell.- Ronda
La noticia fue que la plaza de piedra de Ronda no se llenó en la Goyesca. Lo nunca visto en el histórico coso en el día de su festejo más solemne. Algunos decían que era la crisis. Otros lo achacaban al cartel. Entre unos y otros, la plaza sin llenar. El espectáculo respondió a las coordenadas previstas y ya tradicionales de las goyescas. Una corrida terciada de Cuvillo que no acabó de romper nunca en la muleta. Los toros nobles se apagaron en la muleta. Y salió el típico Cuvillo con mal estilo que se quiso llevar el dinero de la temporada de la temporada de El Fandi. Cuando a una ganadería etiquetada como comercial le sale un toro malo, no lo hay de peor condición en la cabaña brava.

Todo lo demás fue clásicamente rondeño. El público fue a divertirse y estuvo a punto de lograrlo. Si no hubo felicidad total fue precisamente por el juego de los toros. Es la eterna cantinela de siempre. La nobleza no puede ser el único atributo de una fiesta que necesita emoción.

Había toreros banderilleros, Rivera y El Fandi. A Talavante lo pusieron en un compromiso en el cuarto al ofrecerle los palos sus compañeros. El extremeño no sabe decir que no, ya El Juli lo obligó en Huelva. Solventó el trámite como pudo. A pesar de ello, este tercio fue uno de los momentos de mayor intensidad de la corrida.

Paquirri sólo cortó una oreja en sus dos toros de lidia. Sin embargo, fue una sus mejores tardes en esta temporada. Al muy buen toro primero – se llevó el lote -, le hizo una faena de temple en los pases fundamentales, limpia y adobada con circulares. Lo pinchó hasta ocho veces. El cuarto fue también noble. Toreó muy cerca de las tablas, tal vez por culpa del viento, pero ello le restó fuerza a una faena que mostró a un diestro centrado, sereno y torero. Y no cortó las dos orejas por una defectuosa forma de realizar la suerte suprema.

El Fandi sorteó como pudo al marrajo segundo. Al principio quería coger por el lado izquierdo; al final, lo sabía todo por ambos pitones. Sólo cabía demostrar facultades, algo que en el de Granada es consustancial. Con el quinto, un sobrero que sustituyó a otro que se descoordinó en la plaza, pusieron los palos El Fandi y Paquirri. Ahora se tapó Talavante. Al final, casi en plan de recortadores, cada espada colocó una banderilla al violín. Fandila anduvo espeso ante un toro vulgar. Se juntaron un toro de miseria y un torero sin mayores prestaciones. Se tiró de rodillas en un alarde absurdo cuando no había podido dibujar ningún pase limpio. La generosidad del respetable le permitió pasear una oreja sin historia.

Talavante anda en horas bajas, al menos ha modificado su estilo que ahora es el de un espada envarado, retorcido y desconocido, sobre todo cuando lo hace sobre la derecha. Mantiene ese toque sutil que le permite ligar y resolver situaciones de apuro. Con un toro simplemente manejable, el extremeño anduvo cumplidor, a veces poco templado, y siempre muy retorcido. La izquierda apenas la cogió. La oreja fue típicamente goyesca.

El sexto se tumbó al final de la faena de Talavante. El extremeño le dio pases sin gracia a un toro sin raza ni fuerzas. Fue una nueva versión de este Talavante que anda sin norte en este tramo de la temporada. Cuando murió ese sexto, el personal estaba hastiado de una corrida sin contenido en la que no pasó casi nada digno de ser contado. La corrida fue una más de los tiempos que corren. Una corrida del siglo XXI.

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