EL KIKIRIKͅ ARTE Y ROMANTICISMO.

Se despidió Pepe Luis Vázquez. O mejor, volvió para despedirse. Su amigo el Comandante Dorado, uno de los pocos románticos que quedan en el toreo, le montó un festejo de campanillas con Morante de compañero. Casi ná. Es de esos carteles que, como dijo el de la Puebla, ningún aficionado debería perderse. Y, claro, el llenar solo un tercio de plaza en Utrera, cuna del toro al lado de Sevilla, nos da una idea de cómo andamos de afición en estos tiempos. En fin, una pena. Ya en la arena, el hijo de Pepe Luis pudo dibujar algunos derechazos de seda, suaves caricias reflejo de un tipo de tauromaquia en clara vía de extinción.

Toreo sencillo, sin alardes pero de un gusto exquisito. También dejó trincherazos de cartel y algún que otro kikirikí de inmensa gracia sevillana. Sabor y arte en pequeñas dosis. Carrera escasa por falta de ambición y también de recursos. Solo gotas de aroma por aquí y por allá de un hombre tímido que reflejaba en la plaza esa misma personalidad. Mucho o poco según se mire. Lo mejor es que, por lo menos, el de San Bernardo pudo irse con buen sabor de boca e hizo disfrutar a los cuatro locos que fueron a verle.

Ya que de arte va la cosa, no puedo dejar pasar por alto la que montó Rafael de Paula en un homenaje que le hicieron en Ronda. Al artista jerezano se le cruzaron los cables y rajó contra todo aquel que había por delante, el director del Parador, la alcaldesa, el pintor Humberto Parra e incluso aconsejó que nadie comprara el libro que sobré él había escrito su propio hijo, presente en al acto. Se levantó y se fue a dormir a la habitación porqué todo estaba muy mal. Alucinado me quedé tras ver el video en la red.

Ahora bien, siendo sinceros y, muy a mi pesar, opino que el genio estuvo muy desafortunado y maleducado. Decepción para sus admiradores y flaco favor a la Fiesta. 2

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