26 septiembre, 2021

EL PASEÍLLO… PREDICAR Y DAR TRIGO.

Siempre se ha dicho que no es lo mismo predicar que dar trigo, por eso, cuando alguien predica con el ejemplo merece el mayor de los respetos.

La introducción viene al caso de la campaña que ha puesto en marcha “El Juli” consistente es sufragar la mitad del importe de las entradas para los jóvenes que acudan a verle torear. Una medida muy loable en la actual tesitura económica que de demuestra que para las verdaderas figuras el dinero no es el principal motor que les lleva a ponerse delante de un toro.

Siempre se ha dicho que no es lo mismo predicar que dar trigo, por eso, cuando alguien predica con el ejemplo merece el mayor de los respetos.

La introducción viene al caso de la campaña que ha puesto en marcha “El Juli” consistente es sufragar la mitad del importe de las entradas para los jóvenes que acudan a verle torear. Una medida muy loable en la actual tesitura económica que de demuestra que para las verdaderas figuras el dinero no es el principal motor que les lleva a ponerse delante de un toro.

Son tiempo complicados en lo económico, baste ver como plazas que no hace mucho rebosaban, ahora apenas pasan de la media entrada y, sin embargo, salvo este gesto de “El Juli”, apenas nadie ha movido ficha para resolver el problema. Y no creo que sea cuestión solo de los empresarios, que más de uno se las vera canutas para cerrar el año en positivo, tal y como van las cosas.

Lo que parece claro es que el negocio taurino necesita revulsivos que devuelvan al público a las plazas, ya sean mediante un ajuste de precios, una buena promoción o vaya usted a saber, pero algo habrá que ir pensando si queremos que esto siga funcionando.

En este sentido, me parece admirable, inteligente y digno de todo elogio, la actitud del empresario y los matadores de la reciente corrida televisada, en la que casualmente estaba de nuevo presente “El Juli”, quienes en lugar de exigir dinero por dejarse televisar, reclamaron por este concepto una mayor atención a los toros en la parrilla televisiva y en especial en los telediarios.

La ausencia de los toros en la televisión lleva a que sus máximas figuras no alcancen el nivel de popularidad necesario para que el gran público acuda a verlos a las plazas. En estos momentos hay figuras tan buenas o mejores que en cualquier otra época, sin embargo, su falta de conexión con el público ajeno al mundo taurino les hacen semi desconocidos para todos aquellos que son verdaderos aficionados, y que al final son los que de verdad llenan las plazas.

Estos dos gestos, el de regalar media entrada o el de facilitar la emisión televisiva no van a arreglar por si solos todos nuestros problemas, pero son un excelente punto de partida. Cada una de las partes que integran este complejo mundo taurino debería ir planteándose que puede hacer para volver a levantar la fiesta, porque los tiempos de verlas venir y esperar sentados han pasado a mejor vida y mucho me temo que tardaremos en volver a esa situación.

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