26 septiembre, 2021

TAN SÓLO LA SERIEDAD –RESPETO PROFESIONAL A TORO Y TORERO- LE DA AL TOREO UNA ALTURA CONSAGRATORIA.

ARRASTRE LENTO… Una de las impresiones fulgurantes de mayor densidad, de suyo súbitas, sorpresivas y arrebatadoras, ante las que se haya conmovido mi espíritu, han sido inicialmente las vividas en la contemplación del toro de lidia, y luego en la excitación de las corridas de toros.

Del primero me asombró su poder magnético, su corpulencia, su amenazante arrogancia, su mirada inexpresiva pero seductora, y su elegante silencio. Cuando la vi me paralizó, inmovilizándome queriendo huir, esa cabeza en la que lucen en armónico balanceo dos astros repletos de una intensidad mítica y legendaria: dos pitones que brillan con incendiaria presencia luego de haberse pulido en el adormecido aire campirano de la dehesa.

ARRASTRE LENTO… Una de las impresiones fulgurantes de mayor densidad, de suyo súbitas, sorpresivas y arrebatadoras, ante las que se haya conmovido mi espíritu, han sido inicialmente las vividas en la contemplación del toro de lidia, y luego en la excitación de las corridas de toros.

Del primero me asombró su poder magnético, su corpulencia, su amenazante arrogancia, su mirada inexpresiva pero seductora, y su elegante silencio. Cuando la vi me paralizó, inmovilizándome queriendo huir, esa cabeza en la que lucen en armónico balanceo dos astros repletos de una intensidad mítica y legendaria: dos pitones que brillan con incendiaria presencia luego de haberse pulido en el adormecido aire campirano de la dehesa.

En mi infancia, de las segundas, sorprendido al grado de reaccionar con docilidad bestial, no puedo sino reconocer, hoy que las conozco a fondo, que son la envoltura de un misterio todavía más inexplicable pues el embrujo subyugante me impide darles definición.

Y fue el torero el que, con sus proezas y hazañas, me hizo conocer, viviéndolas, los estragos de la sensaciones novedosas originadas en el seno del espectáculo de la tauromaquia. Nunca antes había padecido alteración alguna delante de un cuadro cualquiera; la relampagueante y encendida conmoción que me produjo la escenificación del toreo, acaso por su hondura, bruscamente oprimió mi alma sin evitar que gozara embelesado en la contemplación deleitosa del iris fascinante del toreo.

¡Qué es el toreo sino una repetición de los múltiples y variados hechizos de fantasía!

Dejo el ayer, y tomo el ahora. Cuánto celebro que Ricardo Frausto haya hecho reaparecer a la esperanza, figura tan joven y primaveral que los tapatíos, cansados en su peregrinar de luto, creían perdida. Celebro que con los arrimones y buenas maneras Frausto haya vencido a los brujos que en la oscuridad paren a la envidia, criatura vengativa que no tolera que existan estrellas más brillantes que ella. Cuánto celebro que los tapatíos perplejos y con azoro miren a Ricardo triunfar. Por lo menos en esta temporada de novilladas los aficionados ya no se sentirán al borde del vacío en el que sólo se escuchaban los juncos susurrando en el viento. Ya hay de nuevo alegría y encanto. Hay algarabía y triunfo. Y hay un nombre que se aproxima a la celebridad: Ricardo Frausto.

El toro y el torero dan por resultado el toreo, y al toreo solamente es posible admirarlo sobre la cima de la dicha, el drama y el misterio. El toreo, siendo una expresión, y hasta una rigurosa disciplina que para su ejercicio requiere de método y sincronía emocional, es apasionante y complejo, y en él no hay garantía de nada.

De ahí que los aficionados de Aguascalientes, convencidos de la necesidad de respetar la dignidad del toro, aplaudan la seriedad de la plaza tapatía empeñada en la búsqueda del arte, insólita amalgama que involucra emoción, estética, inteligencia, valor, mística, y hasta mercantilismo, condición que, sabido lo es, le da al toreo una estatura consagratoria. —

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