31 julio, 2021

LOS PUYAZOS DE SERGIO.

Abre su válvula otro año, como lógica consecuencia de que se cerró otro; ciclo o bloque de doce meses que debió dejar enseñanzas y experiencias. Pero, para dolencia y desesperación del aficionado pensante, el sector empresarial taurino, -al igual que otros que otros cancerosos monopolios- nomás no se regenera.

La primera feria importante del calendario es la que se da en la fea plaza de toros La Luz, de León de los Aldama, Guanajuato, finca taurina que, al igual que muchas en el centro y norte de la patria, es administrada por ETMSA (Espectáculos Taurinos de México, Sociedad Anónima), empresa inflexible, enquistada, de política inamovible, aclientada hasta el absurdo con “X” número de ganaderías y “N” suma de matadores y no con el ¿?.

Abre su válvula otro año, como lógica consecuencia de que se cerró otro; ciclo o bloque de doce meses que debió dejar enseñanzas y experiencias. Pero, para dolencia y desesperación del aficionado pensante, el sector empresarial taurino, -al igual que otros que otros cancerosos monopolios- nomás no se regenera.

La primera feria importante del calendario es la que se da en la fea plaza de toros La Luz, de León de los Aldama, Guanajuato, finca taurina que, al igual que muchas en el centro y norte de la patria, es administrada por ETMSA (Espectáculos Taurinos de México, Sociedad Anónima), empresa inflexible, enquistada, de política inamovible, aclientada hasta el absurdo con “X” número de ganaderías y “N” suma de matadores y no con el ¿?. Igualmente sumisa, entreguista, complaciente y lacayuna ante las abusivas pretensiones de los astros extranjeros, siniestros personajes de doble rostro, que en España han de asumir al toro genuino y entero, pero que en México se entrenan de luces matando novillones inofensivos, y todavía, encima de eso, cobran emolumentos groseros y ofensivos por ello.

Feria corta ésta, por lo que resulta absurdo el reiterar tres o cuatro nombres, sobre todo cuando se tiene el recurso de una nómina no reducida de matadores jóvenes que pueden generar interés. Están suspendidos los nombres de algunos, pero es notoria la ausencia de otros que por frescura, facultades, capacidad plástica, disposición y estilos taurómacos diversos, provocarían, ante el toro acreditado a la simple apreciación visual, una competencia leal, denodada, de fondo, abierta y sana que vigorizaría y, en más de un modo, blindaría el espectáculo taurino mexicano, tan necesitado de ello hoy más que en ninguna época.

Entre tanto llega la primera fecha en la capital mundial de las pieles, en el viejo pozo de las ladrilleras se vertió la corrida número doce de la campaña llamada grande, con la cual el departamento empresarial cumplió en el perfil legal respecto al reglamento, aunque haya dejado de cumplirle a la dignidad de la fiesta, que es más importante aún. Función interesante en más de un sentido. La dehesa de Carranco tiene no uno, ni dos, ni tres encierros que no le embiste un toro, sino años, quizás veinte que no sale de sus potreros algún bicorne perdido que se pudiese calificar de digno; el recuerdo y ejemplo fresco fue la partida de mansos que la temporada anterior le soportó estoicamente el sufrido y pagador aficionado, sin embargo, como premio se le mercó otro conjunto de reses que, para sorpresa, fue menos malo, y aceptable de presencia con algunos bureles de bien armadas testas, de lo que lógicamente se esperaba. Grandes y poderosas relaciones tiene la honorable señora Laura Herbert de Villasante, tanto como para petardear y al año siguiente regresar, y no precisamente por la revancha, al mismo escenario donde se destempló el hierro.

Pésimo y absurdo hábito se ha implantado en el coso de La México… ese de sacar a los alternantes a la zona del tercio una vez cerrado el paseíllo, indistintamente si han triunfado o no en fechas anteriores en el mismo nimbo o en otros de importancia, cuando este halago era espontánea manifestación del público como reconocimiento a los éxitos de alta talla con que llegaba antecedido algún matador, así en la México, en el caso particular, o en cualquier otra finca taurina subrayada. Se está transformando en ordinario lo que no lo era.

Jerónimo (oreja y palmas), poblano, pero mejor con gentilicio de mexicano; sí, ardientemente aluza su azteca concepto tauromáquico y así reapareció en el embudo de la “Ciudad de los Deportes”. Con el primer aplomado, breve pero muy sentido se manifestó con la capa; ya muleta en manos hizo un toreo de tintura demasiado propia, rehenchido, además de correcciones técnicas, con pincelazos sueltos, y la estocada fue de cuadro. Dimensiones plásticas formidables tiene, guarda y despilfarra este torero-charro que, pese a los desatinos empresariales sufridos por años, aún puede ser un diestro punto más que interesante en muchos… muchos carteles.

Leandro Marcos (silencio tras aviso, silencio tras aviso y palmas en el de obsequio) que confirmó la alternativa, no pudo romper la mojonera de lo regular ni de la sosería de sus antagonistas. Esto no impedirá que se le reconozcan los detalles ornamentales que dejó burilados al aire en sus tres intervenciones. Por ejemplo el folleto de chicuelinas y la arcana y extraña media de la rúbrica. Para mí que fue una gitanada.

Mario Aguilar (al tercio tras aviso y palmas) es un torero extraordinario, tan bueno como cualquiera de sus compañeros jóvenes, aunque menos chiqueado que éstos. Si no cortó la oreja de su primero, fue porque empleó mal el arma en la suerte suprema, pero al que toreó bellamente con el percal, como el gran capotero que es, y al que en la fase muletera midió divinamente en todo: temple, distancia y tiempo.

El joven Álvarez Palillo, criador de ganado bravo, tiene unos conceptos muy éticos y bonitos a cerca del espectáculo taurino, en el que sitúa al toro como centro. Sobre estos lineamientos estará haciendo empresa en algunos coso de la República… con el peligro de ser sofocado por el monopolio y el viciado sistema que imperan de hace muchos años en nuestra fiesta.

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