DE TIRÓN A TIRÓN… EL PRÓXIMO JUEVES 23 CUMPLE 13 AÑOS CURRO RIVERA DE HABER FALLECIDO.

Amigos aficionados al mundo mágico, misterioso y polémico de la fiesta brava, sean bienvenidos a su columna…De Tirón a Tirón…!!! Sí señores, el próximo jueves 23 de enero cumplirá 13 años de haber muerto la gran figura del toreo mundial como lo fue, es y seguirá siendo por siempre la enorme figura del toreo mundial Francisco Martín Agüero “Curro Rivera”, el cual en estas siguientes líneas aparecidas en el ESTO del domingo 28 de noviembre de 1971, narra su periplo en España, en esta crónica da cuenta a la afición mexicana, a su manera muy personal diciendo: “ASÍ CONQUISTÉ ESPAÑA”:

“…El 13 de marzo pasado de 1971, llegué a España, junto con mis maletas, llevaba una duda: ¿gustaré como torero en la tierra de mi madre? Yo iba avalado por la afición de México como figura del toreo, por la afición de mi tierra, la tierra de mi padre Fermín Rivera que para mí ha sido el mejor torero que haya pisado una plaza. No dudaba pues de mi capacidad. Pero dicen que en gustos se rompen géneros. Esa era mi duda. ¿Gustaría mi toreo allá? Pronto iba a saberlo, pues pronto iba a vestir de luces para presentarme en ruedos españoles. Mientras llegaba el momento, ¿Por qué no ir despejando la incógnita? ¿Cómo? Hay que ver al público, me dije, hay que sentir sus reacciones en los tendidos mismos…

“…Eso hice. Ahora, después de torear en casi toda España, sé cómo son los públicos españoles. Los de Andalucía, parecidos a los nuestros. Tienen pasión, “sienten” al torero, están pendientes de todo, les gusta ver torear bien. Sí, los públicos de las plazas andaluzas son muy parecidos a los nuestros, sensibles, hasta físicamente nos parecemos: morenos, de pelo muy negro. Los del norte, más secos, pero todos, con marcada inclinación hacia el toreo de calidad…

“…El 18 de marzo me presenté en Valencia, cortando dos orejas, con reses de Juan Clemente Tassara y alternando con Miguelin y Parada. Comenzaba ahí una campaña que terminé con 60 corridas. El número de trofeos que gané, despejó mi duda y me dejó satisfecho. Mi toreo había gustado en España…”.

PREVIOS
“…Cuando me visto de torero trazo mentalmente una faena, poco caso hago a la ropa, lidiando un toro imaginario. Siento como si ya estuviera en la plaza. En la puerta de cuadrillas siempre hay nerviosismo. Yo hablo mucho. Cuento chistes de los que nadie se ríe. ¡Todos estamos igual de intranquilos! Durante el paseíllo se va palpando el ambiente que imponen, como los que se hacen en las plazas México, de Sevilla, Madrid, Bilbao. En la México el ¡olé! Con que se abre la marcha enchina el cuerpo. Los gritos, la música, “zangolotean” el estómago. En Sevilla, no hay música durante el paseo, tocan palmas, en diferentes tonos. Cuando estoy en el burladero, me doy una frotadita de manos, como diciendo: ¡ahí viene ya! ¡Y me da un gusto estar ahí! Si voy de primer espada, no tengo tiempo ya ni de pensar: Si voy de segundo, estoy tranquilo… primero. Luego siento un vacío en el estómago. Me sudan las manos, me pongo muy nervioso; quisiera estar ya frente al toro para quitarme la angustia de la espera. Si voy de tercero, se me hace un siglo lo que tarden mis compañeros en despachar a sus toros pero…

“…Hay más tiempo para observar, de ver bien cómo va saliendo la corrida. Los toros tienen virtudes y defectos lógicos, naturales. Del torero depende el que suba las cualidades de esos toros y bajen los defectos. El toro de lidia siempre tiene “algo” dentro. Todos tienen casta, bravura, en más o menos cantidad. Los mansos tienen poca casta, pero tienen lidia. Pelean donde se sienten seguros. Ahora que creo que hay un toro que se pasa de manso, es ese que se para. Ese no creo que sea bueno ni para la yunta. Es como tener enfrente una mesa. El que me gusta siempre es el toro bravo, el que siempre pelea, el que quiere coger, con el que hay que meterse para dominarlo y fijarlo en la muleta, ese toro que sigue el engaño con fuerza. Esos siempre van dando más y más. ¡Ese es el toro ideal para mí! Tiene peligro y produce emoción al torero y esa emoción la “siente” el público. Ojalá siempre salieran toros así…”.

SEVILLA

Después de Valencia fui a Castellón, a Murcia, Barcelona… y. ¡Al fin Sevilla! Sevilla tiene su embrujillo, tiene ángel, duende, como Guanajuato. El clima es sabroso, aunque dicen que cuando hace calor, los pajarillos caen asados de los árboles y se fríen huevos en las banquetas. El día de mi presentación en la Maestranza, era fresco. El ambiente era torero y creo que es siempre propicio para el torero mexicano. La gente es alegre, como nosotros. Yo me sentía muy a gusto. Me saludaban en las calles y me hacían mil preguntas. Platicaba con cuanto me hacía conversación. La plaza no es tan impresionante como la México, pero sin duda alguna es otra Universidad del toreo, con su cátedra. Me sentía yo en un terreno que aparentemente no me era ajeno pero cuando hicimos el paseíllo Curro Romero y Victoriano Valencia y yo, al compás de las palmas, aquello parecía cambiar para mí. Ya en el burladero de matadores, la cosa cambió. Aquel ambiente acogedor de Sevilla, desapareció. Ya era yo el extranjero. Se me escapaba de las manos el embrujillo sevillano. Desperté. Y vi la puerta de chiqueros que es muy grande, como de tres metros de ancho. Esperaba ver salir por ahí un mastodonte. Al oír las fanfarrias anunciando la salida del primero de la tarde, me dije: ¡Bueno, ya estás aquí!…

“…Los toros eran de Bohórquez. Mi primero era muy bonito, bien armado, delantero, con muchos kilos y muchas patas. Remató en el burladero izquierdo, luego en el mío, luego en el de la derecha. No dejé que lo corrieran y le salí ya, de una vez. La plaza era un cementerio, sólo escuchaba mi propia voz citando al toro. Estaba tranquilo para entonces. Eché una rodilla a tierra y le di cinco verónicas que me corearon y cuando rematé, se soltó un murmullo que fue creciendo. Me dije: vamos bien, aunque todavía no responden lo fuerte que quiero. Con un mandil muy ligadito llevé al toro al caballo y ahí se me entregaron. ¡Ah, que gusto me dio! Y me volví a sentir en el ambiente de un principio, de la Sevilla con su embrujillo, con ángel, con duende, de las gentes buenas y simpáticas que me detenían en las calles para charlar, para preguntarme de México y los mexicanos. Ya estaba arropado por aquel clima. Cuando tomé la muleta estaba emocionado, pero a la vez seguro. El toro era bravo, bueno, aunque tenía su dificultad por el lado derecho. Y por ahí me enterqué en torearlo. Y el público se dio cuenta de eso agradeciéndomelo primero y aclamándomelo fuerte después. Cuando uno quiere, puede. Le di cinco por alto, sin moverme y el pase del desdén…

“…¡Por essse lao, no!, me gritaban cuando insistía por el derecho. Pues van a ver qué va a pasar, me decía. Y se me quedó dos veces abajo, pero lo aguanté y lo jalé, al pespunte le daba los muletazos que fui alargando, quebrando la cintura como toreamos nosotros y ellos pegaban unos olés largos también. Luego, silencio nuevamente. Había llegado la hora de entrar a matar. Y curiosa fue la reacción a la estocada buena que logré: otro murmullo como cuando cerré el capote. Y luego las palmas como en un tablado gigantesco. Y las orejas. Y yo me dije: ¡Ya cayó Sevilla! ¡Ah que alegría! Me tamborileaba fuerte el pecho, con el corazón tratando de salirse. Mi segundo, fue un manso que se refugiaba en las tablas. Y para mi agenda de anécdotas: tenía la muleta en la izquierda, de espaldas a tablas. Vino el toro y en lugar de ir al engaño, me pasó por la espalda. Yo no me moví. Hubo gritos. Se asustaron. El toro me rozó con la pancita y se fue. Le di una buena estocada y me dio el juez una oreja. El público pidió otra. No la concedió el juez. No importa yo me sentía muy bien. Ese día me salió a pedir de boca. Me levanté muy animado, contento. Me montó perfectamente la taleguilla, cosa rara en un vestido nuevo. Era el terno botella y oro, para no salirme de la línea de los verdes que es el que me gusta. Me sacaron a hombros, no por la Puerta del Príncipe, aunque el reglamento dice que el torero que corta dos orejas, debe tener ese honor. Y yo había cortado tres. No me importó. Sevilla ya estaba conmigo. Repetí a los dos días con un encierro muy malo de Benítez Cubero. Alternamos Diego Puerta, Sebastián Palomo y yo. Nada digno de recordarse…”.

MADRID

“…De Sevilla fui a Palma de Mallorca y de ahí a Madrid, a la Feria de San Isidro, donde el 18 de mayo confirmé la alternativa mexicana ante la cátedra de la capital de España. Mi padrino fue el maestro Bienvenida y el testigo Andrés Vázquez. Los toros de Samuel Flores. Desperté a las ocho de la mañana de ese 18 de mayo, lo primero que hice fue asomarme por la ventana. Había mal tiempo. El día se veía triste, gris, con una llovizna menudita y fría. Me vestí en el hotel Wellington y venían reportes de “se suspende”, “no, siempre sí se da”. Me iba metiendo en el terno verde manzana y oro y repetía: que no se suspenda, yo toreo aunque sea en esquís. Afuera hacía frío. Pero yo aquí adentro sentía calor. El ruedo estaba un poco encharcado. El maestro Bienvenida lo examinó y dijo: sí, sí se puede torear. Yo sentí que se abría el cielo, aunque seguía anubarrado. Cuando me confirmó la alternativa el maestro Bienvenida, me sentí muy orgulloso. El maestro Bienvenida le dio la alternativa al maestro Joselito Huerta y éste me la dio a mí. Gratas coincidencias de la vida. Como en Sevilla, silencio total durante los preámbulos a mi actuación. Me observaban. Creo que toree bien de capa y escuché olés secos, sin la alegría sevillana. Comparé a los públicos de Sevilla y Madrid…

“…Aquel, emocionado en sus manifestaciones. Este, severo, pero también dispuesto a entregarse en cuanto ve entrega y buenas maneras en el torero. Anduve tranquilo una vez que pasaron los primeros momentos y le hice una faena al primero por el que me dieron una oreja con petición de otra que no concedió el juez. En el segundo anduve más a gusto, pero lo pinché. En el camino de regreso a casa, iba pensando en muchas cosas, recordando que cuando uno empieza a torear en cualquier plaza. Luego en la México. Después quiere uno ir a España y torear en Sevilla, en Madrid, en Bilbao. Yo ya había toreado en la México, en Sevilla y en Madrid. Di cima a un anhelo caro. Y mejor aún por haberlo hecho con éxito. Cuando llegué al departamento que rentamos en Madrid, ahí estaba toda la familia tomando un tintito. Respiré hondo. Consolidé la seguridad que tenía en mí mismo. Y pensé en la afición de México, en su aval. Estaba seguro que no lo había defraudado. Que el título que me dio lo había revalidado en plazas de prestigio en España, y me dije: de aquí en adelante todo será mejor y voy a torear lo menos sesenta corridas. Esas fueron las que cumplí finalmente…”.

MIEDO
“…Fui a Francia el 29 de mayo para alternar en Nimes con El Cordobés y Curro Girón, matando reses de Martínez Elizondo. No es público fácil el francés. Y como en México, quieren que tumben al toro a la primera o no dan orejas. Fue una grata experiencia. El 3 de junio actué en la corrida de Beneficencia de Madrid, en mano a mano con el maestro Bienvenida. Corté dos orejas. Y algo más para mi anecdotario: los toros fueron de Felipe Bartolomé. El sexto de nombre “Niño”, saltó hasta el tendido por encima del burladero donde estábamos El Pirri, Juanito Vázquez y yo. Por fortuna el toro casi voló, de otro modo media tonelada de carne nos hubiera convertido en puré. Ese fue uno de los momentos que más miedo he sentido. El sexto, de nombre “Niño”, saltó hasta el tendido por encima del burladero donde estábamos El Pirri, Juanito Vázquez y yo. El toro era muy alto, un galgo bien proporcionado para su peso, 577 kilos. Salió embalado, a galope tendido. Y se vino sobre nuestro burladero. Me agaché. Era todo lo que podía hacer. Estábamos prácticamente indefensos. Juanito quedó blanco, como si le hubieran echado harina. El Pirri es tan chiquito que apenas y saca la montera del burladero, por lo que se nos vino encima. ¡Ah, qué mal rato! A ese “Niño”, le corté una oreja…”.

FERIAS (EL PRIMER RABO)
“…No había cortado un rabo, aunque hubo petición en Castellón y Murcia. El 23 de junio, en Alicante, corté el primero a un toro de Vicente Charro, muy parecido a los nuestros. Alterné con Diego Puerta y El Cordobés. Recuerdo que siempre los amigos que me rodeaban, me hablaban de un rabo, ello en buen son, pero casi me lo exigían. Les decía: No me hablen de orejas y rabos. Me dejaron tranquilo y vino el rabo. Fui a casi todas las ferias de España. La de Pamplona es cosa aparte. Es más alegre que torera. Cuando sale el toro bueno, los pamplonicos se divierten viendo torear. Cuando sale el malo, toman vino y cantan para divertirse…”.

LOS MIURAS
El primero de agosto en Valencia, le corté las orejas a un Miura. ¿Peligrosos? Sí, sí lo son. Pero al bicho más peligroso que le he salido fue uno de Pablo Romero. El miura es un toro alargado, huesudo, alto, astifino, en el común de los casos. Camina como si fuera de chicle. No se entrega fácilmente, está pajareando siempre. Acentúa su dificultad por la construcción de su cuerpo y desde que sale, se le ve el sentido. Es de fuerte arrancada. Se entrega por momentos hasta parecer estupendo, pero tiene el cuello largo y lo maneja tanto como los pitacos. Es un toro peligroso, sin duda. El primero que me tocó tuvo muchas dificultades y le hice algunas cosas. El segundo buscaba, lo pensaba demasiado. Le hice la faena y le entré a matar muy derecho derribándolo espectacularmente. Me dieron las orejas y me pasearon en hombros, mientras me iba diciendo: Pues sí, el más peligroso al que me he enfrentado fue a uno de Pablo Romero. El Miura va, pero con todos los defectos apuntados. No. No debe asustar al torero…”.

BILBAO
“…Fui a las plazas de Plascencia, Alicante, Badajoz, León, Burgos, Zamora, Arévalo, Mont de Marzan (Francia), Santander, La Línea de la Concepción, Vitoria, Vinaroz, Bayona, Gijón, San Sebastián, Dax (Francia), hasta llegar a Bilbao, a la cita con la tierra de mi madre, a verle la cara a lo que allá llaman el toro-toro, unas reses grandes, fuertes, con unos pitacos así. El 17 de agosto fue la fecha y mis alternantes Diego Puerta y Dámaso González. Los toros de Manuel Arranz eran unos “tíos” con toda la barba. Allá vive mi tío Martín Agüero, que fue un estupendo matador de toros. Sentí que la gente me esperaba, más que en Sevilla y Madrid. Era lógico. En Bilbao era yo algo más que el torero mexicano. Era el hijo de Ángeles Agüero, hermana de Martín Agüero que tantas satisfacciones diera al toreo de España. Sí, me esperaban con curiosidad. Fuera del ruedo todo fue simpatía. ¡Mucha suerte!, me deseaban a cada paso, el cambio otra vez, en puerta de cuadrillas, silencio. La gente viéndome y yo viéndola. Luego, gritos, algunos hostiles: ¡aquí si le vas a ver la cara al toro! El contraste, los buenos deseos de todos fuera de la plaza, se convertían, en digamos, un ambiente huraño dentro, en el ruedo. Cuando salió mí primero, de nombre “Aganero”, se hizo un silencio pesado. Pero conforme me fui metiendo con el toro, fueron reaccionando. De retraídos, de huraños, se fueron entregando y en la plaza de Bilbao donde más fuerte escuché los olés. ¡Ah, que vozarrones! Buen trabajo me costó conseguirlo. Tenía enfrente a un torote y una losa en los tendidos. Pero se fue derritiendo y me aclamaron y entonces me dije: ¡También Bilbao es tuyo! Cuando me eché la espada a la cara, otra vez silencio. Cuando dejé el espadazo pegaron un brinco. Oí que alguien gritaba… “¡Se ha acordado del tío!…” Y mi tío era el más orgulloso. Un periódico puso: “…De México llegó un torero ¡Curro Rivera Agüero! ¡El sobrino de su tío!…”.

UNA PATA
“…El 21 de agosto alterné con Galloso y Marismeño, fue en Antequera, matando toros del Marqués de Domecq, muy buenos. Corté cuatro orejas, dos rabos y una pata. Fue la tarde más redonda que tuve en España. Ahí compusieron una especie de estrofilla que dice: “…Por Antequera sale el sol… del circurret…”. Es que ahí di mi pase en repetidas ocasiones. A mi segundo de esa tarde, de nombre “Melena”, bravo, fuerte, que recibió tres puyazos, que fue a más, lo toree hasta hincharme. Y me dieron una pata. Antequera queda en la provincia de Málaga, a 100 kilómetros de Sevilla y a 60 del puerto de Málaga. Está llena de olivos y girasoles, de los que hacen aceite. Gente buena aquella. Se entregó finalmente conmigo, aunque estaba un tanto remisa al principio pues toreaba yo con dos toreros de la región: Galloso y Marismeño, y en todas partes son regionalistas… ¡menos en San Luis, hombre!…”.

SUERTE
“…No. Ni una sola cornada me pegaron los toros españoles. Eso sí, me dieron buenas volteretas y me tuvieron en el suelo. Anduve con suerte. Y miren si no: en Madrid, un toro de Pino Hermoso, me dio una voltereta; otro de Zambrano, me revolcó en Plasencia; en Badajoz, un torazo de Flores Hermanos, me trajo por el piso lo que a se me hizo un siglo; en Arévalo, una res del Conde de Mayalde me cogió para matarme, pero sólo me hizo tiras el vestido; en San Sebastián, un Pablo Romero me trajo por el aire media hora y otra más en la arena; en Tarazona de Aragón, un toro de Rodríguez Pacheco me tuvo entre las patas y ocupadas a todas las cuadrillas tratando de quitármelo de encima; sí, tuve mucha suerte. Sé que los toros pegan, pero quisiera que cuando me den que no sea muy fuerte. Recuerdo que mi mozo de espadas, un hombre ya grande de apellido Pavón, también entró a jalarle la cola al toro y cuando la autoridad le sacó, diciéndole que estaba prohibido a personas vestidas de civil meterse al ruedo, retrucó: “… ¡Pero no ve uté, que ahí abajo está mi caldero de alubias!…” ¡Yo era su caldero! Ese Pavón era un hombre un tanto nervioso. En Gijón, no vio la hora, yo tampoco y me comenzó a vestir hora y media antes de la corrida. Tuve que pasarme 45minutos tomando café vestido de luces. Otro día me recomendaba: Si las cosas no salen bien no haga caso de los duraznos. Toreábamos esa tarde en Aranda de Duero, ante un público de bravos navarros. A la entrada de la plaza venden duraznos, grandotes, “para los toreros”. ¿Para los toreros? “…Sí, hombre, para tirárselos a la cabeza si no se arriman…”. Nos fue bien esa tarde y a la salida de la plaza unos jóvenes nos mostraban unas botellas diciendo: ¡De la que se salvaron!…”

ASÍ FUE
“…Las cuentas que entrego a la afición de mi patria, la que me dio el aval de figura del toreo para ir por todo el mundo taurino, es sencillo: 92 orejas, 9 rabos y una pata, en 60 corridas…”: CURRO RIVERA.

Lo anterior en 1971. Vendría el año 1972, concretamente el 22 de mayo, con ello las cuatro orejas en Madrid a toros de Atanasio Fernández, de nombres “Cigarrero” y “Pitito”, ahí están todavía esperando que otro torero mexicano las corte en este 2014. Ya se han cumplido de esa gesta 41 años.
Curro, te seguimos recordando.
Nos vemos el próximo viernes.

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