25 octubre, 2021

DE TRES OREJAS, LA DE VERDAD FUE PARA JOSÉ MAURICIO

Domingo 16 de febrero del 2014.
Vigésima corrida de la temporada de la Plaza de toros México.
Toros: Ocho de la Soledad. Hubo de todo, como en botica. De hecho, no salió un solo toro bravo, pero algunos se dejaron y hasta les cortaron orejas.

Domingo 16 de febrero del 2014.
Vigésima corrida de la temporada de la Plaza de toros México.
Toros: Ocho de la Soledad. Hubo de todo, como en botica. De hecho, no salió un solo toro bravo, pero algunos se dejaron y hasta les cortaron orejas.

Toreros: Juan José Padilla, al que abrió plaza lo liquidó de pinchazo, entera en buen sitio y tres descabellos: aviso y silencio. Al quinto le dio un pinchazo y una entera perpendicular: oreja.

Alfredo Gutiérrez, al primero de su lote lo despachó de tres pinchazos y un bajonazo: silencio. Al sexto de la tarde lo pasaportó de pinchazo y descabello: silencio.

Fabián Barba, al tercero de la Soledad le mató de entera baja: oreja muy benévola. En el séptimo anduvo a la deriva con el acero: silencio.

José Mauricio, entera traserilla al cuarto de la tarde: merecida oreja. Al octavo le dio una entera al encuentro en tablas, tras pinchar, y lo descabelló hasta el cansancio: aviso y palmas.

Hace poco leí algo de Francis Scott Fitzgerald que me pareció muy taurino: “Soy un idealista cínico.” Gran definición para el aficionado de La México. Hablamos del pobre iluso que va a la plaza y con sus tres mil compañeros pretende ver toros bravos y toreros dispuestos. Ese hombre, esa mujer, sale siempre del coso con un sabor agridulce. Como hoy, ni más ni menos. En la Fiesta siempre hay héroes, villanos, tontos, listillos, aficionados buenos y villamelones.

Padilla, el viejo pirata, uno de los hombres más admirables del mundo, se entregó en todo momento. A veces estuvo elegante, a veces puebleó como el que más, pero siempre estuvo en torero macho. Basta con que le cuente a usted que en su segundo discurrió pegarle al anovillado torito un afarolado de rodillas con la muleta. El bicho venía vencido pero el Ciclón de Jerez aguantó y se llevó una paliza de órdago. El queridísimo Panaderito ya tenía al público en la bolsa por sus lances, sus quites y sus pares de banderillas. La catarsis jerezana culminó en desplantes, largos muletazos y guiños al respetable. El trofeo fue pedido de manera clamorosa y el compadre de Morante y Barrera dio triunfal vuelta al anillo. Yo me quedo con las verónicas sabrosísimas, sus pares de banderillas totalmente verdaderos, algún pase de clase y larguísimo, su alegría y su increíble pundonor.

Cosa distinta fue lo hecho por Alfredo Gutiérrez. Mis apuntes dicen: nada, nada, puro trapazo. Y eso lo repetí caligráficamente en sus dos toros. Hubo ganas, pero demasiadas precauciones. Toros malos, pero dejándose, y una gran ausencia de oficio. Siendo generosos diremos: ¡otra vez será!

Fabián Barba, el muchacho de Aguascalientes, al que vimos brillar hace dos temporadas, hoy no le encontró la cuadratura al círculo. Uno sabe que no tuvo un lote a modo para lucir en enormes tandas de mil muletazos en redondo, pero también al manso abanto se le pueden pegar diez muletazos perfectos, si no, pregúntenle al Faraón de Camas.

Lo mejor y lo más torero de la tarde corrió cargo de José Mauricio. Su toreo fue grande y elegante en su primero. Hubo ceñidas verónicas y una media en un palmo. Cuando uno se queda quieto y tiene la figura, el arte y la disposición, por poco que colabore el astado puede transmitirse mucho al tendido. A ese cuarto de la tarde le hizo un quite por gaoneras de polendas. Nunca había visto en vivo que alguien se echara el capote a la espalda con tanta clase y torería. Ese momento me recordó viejas imágenes del Ave de las Tempestades, de Lorenzo el Magnífico. El burel era pegajoso, pero Mauricio le aguantó todo, consiguiendo colosales pases con la muleta retrasada, pasándose al cornúpeto en la faja, algo que la gente no sabe apreciar en su justa medida. Si a Barba le dieron un apéndice, la labor del diestro capitalino merecía tres y la pata.

Volvemos a lo mismo de siempre:¿Por qué no vemos más a los toreros con hambre y cualidades? ¿Por qué no salen de toriles toros bravos y fuertes? ¿Por qué las “figuras” de ultramar vinieron a vernos la cara? Lo ignoro, por eso quizá la pobre Plaza México está casi vacía. Por eso casi se ha acabado la temporada y sentimos que la empresa y sus compromisos nos han vuelto a engañar.

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