21 junio, 2021

ROGELIO DE PASCUAL NOS CUENTA… PARTE I DE IV.

CASO ÚNICO EL DE ANTONIO VELÁZQUEZ, DE BANDERILLERO A MATADOR DE TOROS Y FIGURA DEL TOREO.

CLARO QUE hay “enfermedades sanas”, “males” que forjan el carácter y la voluntad de los afortunados en padecerlos, “padecimientos” que quisiéramos nunca se fueran, que crecieran más dentro de nosotros y nunca nos abandonaran, caso que en este ídem no sucede. Esto que llamamos mal llega de muchas maneras y formas, el caso de hoy es “vía paterna”, el entorno familiar involucra a un hombre nacido en Azcapotzalco, Distrito Federal, en el centro hospitalario dentro de las instalaciones de la desaparecida refinería existente ahí hace varias décadas, hijo de don Ricardo de Pascual Janet y de doña Esperanza Gordillo Alarcón, matrimonio cuyo principal afán era s

CASO ÚNICO EL DE ANTONIO VELÁZQUEZ, DE BANDERILLERO A MATADOR DE TOROS Y FIGURA DEL TOREO.

CLARO QUE hay “enfermedades sanas”, “males” que forjan el carácter y la voluntad de los afortunados en padecerlos, “padecimientos” que quisiéramos nunca se fueran, que crecieran más dentro de nosotros y nunca nos abandonaran, caso que en este ídem no sucede. Esto que llamamos mal llega de muchas maneras y formas, el caso de hoy es “vía paterna”, el entorno familiar involucra a un hombre nacido en Azcapotzalco, Distrito Federal, en el centro hospitalario dentro de las instalaciones de la desaparecida refinería existente ahí hace varias décadas, hijo de don Ricardo de Pascual Janet y de doña Esperanza Gordillo Alarcón, matrimonio cuyo principal afán era sacar adelante a sus siete retoños, cuatro hombres y tres mujeres, cómo distracción el patriarca les llevaba a las plazas de toros, a uno de ellos, a Rogelio, ese bendito virus mencionado líneas arriba se le incrustó y hasta la fecha lo conserva con elegante dignidad, tanto así que a pesar de tener muchos años sin vestir de luces la afición la conserva, ahora de manera didáctica, investigar, escribir y compartirnos lo rescatado y logros de sus inquietudes literarias.

SU SEÑOR padre, por cuestiones laborales en una conocida fabrica de cervezas, hubo de cambiar de residencia en varias ocasiones, del Distrito Federal a Veracruz, a Puebla, a Celaya, lugares en donde don Ricardo desempolvaba otro de sus dotes cómo era la locución taurina-deportiva, inclusive llegó, en la ultima de las poblaciones, a exponer sus ahorros dando temporadas de novilladas. A pesar de todo esto Rogelio no acababa de decidir sus preferencias futuras y es el box quien le acoge a temprana edad y con resultados excelentes, tan lo es así que su primera incursión en los cuadriláteros la gana a los 37 segundos del primer episodio, desde luego que por nocaut. Tanta fue su ilusión con esta victoria que por los dos siguientes años, en el torneo llamado Guantes de Oro, no hubo quien le quitara la corona de los pesos mosca júnior, la de los 48 kilos, esto sucede en la ciudad de Puebla. Pero el diablo andaba suelto y, como buen cornudo, atestó el derrote con sus astas, infectadas de raza, que llegó de nueva cuenta a la humanidad del campeón solo para despertar sus reprimidos gustos toreros y la esperanza de doña Esperanza, de ver a su hijo alejado de los ruedos, fue frustrada.

ANTE LA insistencia mostrada por Rogelio, solicitando el permiso para incursionar en los ruedos, don Ricardo optó por tomar la sabia decisión de apoyarlo y de inmediato se trasladaron a la casa que muchos visitábamos, requiriendo la ropa de torear con la que no contábamos, la de Pepe Bañuelos, y se le regaló un vestido de primera comunión, un blanco y oro con el mismo que se registró en la mejor escuela taurina conocida y por conocer, la de pasar hambres, sustos, golpes, llantos, maromas y sabrosos sinsabores cómo es la de los novenarios, la de los pueblos con corrales llenos de astados de media casta, de enormes toros cebú, los mismos donde antibióticos y anestésicos tienen olores a tequila y mezcal.

SIN EMBARGO estas andanzas y sacrificios dan preparación, así, después de esas penurias, logra debutar en Tlalnepantla, estado de México, y ahí lo ven seguidamente hasta en 7 festejos. En una de ellas alternó con José Chafik Hamdam y Pepe Sanmartín. Suma otras tardes al lado de espadas de la talla de don Fermín Rivera e inclusive en festivales donde alterna con un aficionado de nombre Arturo Macías, padre del actual “Cejas”. En el desaparecido “Toreo” de Puebla va con el fallecido matador de Tijuana Chucho Peralta, y el 30 de abril de 1961 parte plaza en El Toreo de Cuatro Caminos junto a novilleros cómo Gabriel Romero, Manuel Ureña, Gustavo Castillo, Rafael Ramírez y Guillermo Reyes con 6 de Santoyo. Seis años después, al ver que las puertas de las empresas se le cerraban, opta por aceptar la invitación a integrarse al cuerpo laboral de reconocido laboratorio medico y posteriormente trabaja en una fabrica de autos en su adoptiva Puebla, de donde se retira en 1985 y decide radicar en la tierra que vio nacer a un torero todos valor, en León, Guanajuato, cuna de don Antonio Velázquez Martínez que es de quien escribe lo siguiente.

POR INTERESANTE y amplio del documento, hoy les compartimos la primera de cuatro partes, palabra que vale la pena leerlo, va sin más…

CASO ÚNICO EL DE ANTONIO VELÁZQUEZ DE BANDERILLERO A MATADOR DE TOROS Y FIGURA DEL TOREO.

Antonio Velázquez Martínez nació en la ciudad de León, Guanajuato, el 14 de noviembre de 1920 en una humilde casona de la calle Cruz de Cantera en el populoso barrio del Coecillo. Fueron sus padres don Macario Velázquez y doña Refugio Martínez, él de oficio zapatero y ella dedicada a las labores de su hogar. Antonio desde muy pequeño tuvo la oportunidad de conocer la Fiesta Brava, las tardes de corrida merodeaba los alrededores de la plaza, le entusiasmaba el ambiente y como los niños no pagaban boleto entraba al coso de la mano de cualquier aficionado.

La música, el colorido y el ambiente taurino cautivaron y contagiaron a Antonio Velázquez cuando tenía nueve años de edad y el chiquillo se las ingeniaba para asistir a todos los festejos taurinos que se realizaban en la ciudad de León y sus alrededores; lo que más le agradaba y emocionaba era la cobertura del segundo tercio; gozaba viendo a los banderilleros ejercer su labor y se recreaba al ver a Rodolfo Gaona clavando banderillas.

Por otra parte, a su corta edad, Velázquez supo que los toreros ganan buen dinero y habiendo nacido en él una pasión desbordante por la Fiesta Brava y anhelando desprenderse de la pobreza que en su hogar imperaba, pensando siempre en ayudar a sus padres decidió hacerse banderillero.

No aspiraba Antonio a poseer grandes lujos ni enorme riqueza, simplemente quería exterminar el hambre que era su fiel compañera y proporcionarle a sus familiares una mejor manera de vivir.

Es el de Antonio Velázquez un caso único en la Historia del Toreo, a la inversa de todos los toreros que primero prueban suerte como novilleros para convertirse en matadores; algunos logran tomar la alternativa y destacar, pero la inmensa mayoría al no poder coronar sus sueños de gloria opta por cambiar el rumbo ingresando después a las filas de la peonería.

Con Antonio Velázquez sucedió todo lo contrario, se inició como banderillero, no aspiraba a más, pero se hizo matador de toros, escaló la cumbre y se convirtió en una auténtica figura del toreo.

Antonio en sus años infantiles conoció al novillero leonés Antonio Rangel del que se ganó su simpatía, era Rangel un novillero que gozaba de cierto prestigio en algunas placitas del bajío y de él recibió las primeras enseñanzas de tauromaquia para bregar y banderillear.

Por cierto que Antonio Rangel se hizo matador de toros el 1 de enero 1937 en su ciudad natal, al recibir la alternativa de manos de Fermín Rivera, lidiando un encierro de Galindo.

Antes de cumplir los once años de edad, en octubre de 1931, Antonio Velázquez se enfrentó por vez primera a los astados formando parte de una cuadrilla juvenil en la que solamente tuvo dos actuaciones demostrando tener gran decisión y mucho valor al poner banderillas y bregar a los becerros.

A los doce años de edad, el 3 de mayo de 1935, Antonio Velázquez se vistió de luces por primera vez en San Pedro Piedra Gorda, Zacatecas, formando parte de una cuadrilla juvenil al lado de Alberto Montalvo y con dicha cuadrilla recorrió muchos ruedos de la provincia mexicana.

Siguió Velázquez su aprendizaje colocándose como banderillero en cuadrillas libres, actuando en diferentes cosos y a los 16 años de edad, a principios de 1937, ingresó como aspirante a la Unión Mexicana de Picadores y Banderilleros, poco después realizó su examen en la Plaza de la Condesa y habiendo sido aprobado formó parte de la mencionada Unión como miembro activo.

Velázquez no formaba parte de alguna cuadrilla en especial, de tal manera que sus actuaciones se concretaban a auxiliar a matadores de escaso prestigio y a novilleros, pues las figuras del toreo tenían sus cuadrillas fijas.

El prestigiado rehiletero Pascual Navarro “Pascualet”, viendo las grandes cualidades que poseía Antonio, tanto para bregar como para banderillear, en 1939 lo recomendó con Luis Castro “El Soldado”, para que ingresara como miembro fijo de su cuadrilla.

Con lealtad y eficacia sirvió Antonio Velázquez al torero de Mixcoac, aunque muy poco duró aquella relación. Antonio era un hombre agradecido, noble, agradable y muy sencillo, con mucho carácter y disciplina, no aspiraba a ser matador de toros, mucho menos soñaba con llegar a ser figura de los ruedos; manejaba muy bien el capote, era un excelente peón de brega, corría los toros a una mano dejándolos en el sitio preciso y era un destacadísimo banderillero con mucho valor, sin fama ni prestigio; pero su quehacer taurino le bastaba para ganar lo suficiente y mejorar su economía.

MAÑANA LA segunda parte.

“EL SOLDADO” MALTRATABA A LOS “GATOS” DE SU CUADRILLA Y ESCATIMABA SUS ALIMENTOS.

Deja un comentario