ROGELIO DE PASCUAL NOS CUENTA… PARTE II DE IV.

“EL SOLDADO” MALTRATABA A LOS “GATOS” DE SU CUADRILLA Y ESCATIMABA SUS ALIMENTOS.

Gracias a la enorme arrogancia, presunción, prepotencia y patanería de Luis Castro “El Soldado”, o “Sardo”, que para el caso es lo mismo; tuvimos en nuestra hermosa ciudad de León a una gran figura del toreo, pues resulta que una noche de octubre de 1939, después de haber participado en una corrida celebrada en El Toreo de Puebla, llegó la hora de cenar. (Para Luis Castro que en paz descanse, mi reconocimiento y respeto como torero; pero ni lo uno ni lo otro como persona).

Fue Luis Castro un tipo vulgar, sumamente corriente, majadero, déspota, insensible, presumido y soberbio, al grado que ningún mérito ni importancia le dio jamás a los miembros de su cuadrilla ni a sus mozos de estoques, que según él, eran sus “gatos” y tenían la obligación de servirle en todo porque para eso “les pagaba”.

Luis Castro nunca compartió su mesa y alimentos con los hombres de su cuadrilla, les ordenaba elegir una mesa distinta y alejada de la que él ocupaba rodeado de sus “amigos”, aduladores, y mujeres de todo tipo, la mayoría de las veces del vicio y la prostitución.

Aquella noche, después de cenar los subalternos, el mesero le llevó a Luis Castro la nota de consumo de su cuadrilla, misma que de acuerdo a los contratos estaba obligado a pagar.

Luis la revisó minuciosamente y dirigiendo la mirada hacia el grupo de su cuadrilla pegó un fuerte manotazo en la mesa y gritó furioso, con tono despótico, majadero e intolerante: “¡Quien de ustedes pidió huevos!”

Velázquez levantó la mano y respondió… ¡Yo matador!

Improperios, maldiciones, majaderías e insultos salieron en torrente de la boca del barbaján aquel que culminó su majadero proceder gritando. “Tú solamente tienes derecho a tragar leche y pan, ni tu trabajo ni tu salario dan para más, los huevos los pagas, tú hijo de la chingada”.

Antonio Velázquez enrojecido de coraje y de vergüenza, ante la mirada de todos los parroquianos llamó al mesero, pagó no solamente el consumo de los huevos, pagó el total de su cuenta, enseguida se levantó de la mesa, llegó a dónde estaba Luis Castro y mirándolo fijamente a los ojos le dijo: “Voy a hacerme matador de toros para darte en tu madre” y se retiró para siempre de la cuadrilla de ese sujeto.

Alfonso Ramírez “El Calesero” al saber lo sucedido llamó a Velázquez y lo contrató en su cuadrilla donde con gran éxito permaneció hasta el mes de mayo de 1942.

SURGIÓ EL NOVILLERO QUE LA AFICIÓN ESPERABA.

Antonio Velázquez, ya como novillero, se presentó el 19 de junio de 1942 en el Toreo de la Condesa, alternando con Antonio Toscano y con Luis Briones, lidiando una novillada de Piedras Negras. Muy afortunado fue el debut de Velázquez en la capital del país, ya que salió a hombros de la plaza al cortarle las orejas y el rabo al novillo que cerró plaza, de nombre “Quitasol”.

Durante esa temporada novilleril Antonio tuvo siete actuaciones más, siendo uno de los triunfadores de la temporada se ganó el sitio para torear la corrida del 8 de noviembre disputándose el trofeo de “El Estoque de Plata”, alternando con la rejoneadora Conchita Cintrón y con los demás novilleros que triunfaron en la temporada, siendo ellos Rafael Osorno, Luis Procuna, Tacho Campos y Félix Briones, lidiando una novillada de Zacatepec.

Fue Antonio Velázquez el máximo triunfador de aquella tarde al cortarle las dos orejas y el rabo al novillo “Muñeco”, por lo que se le otorgó el trofeo en disputa y salió de la plaza a hombros de la multitud que lo aclamaba.

En todas sus actuaciones, Antonio Velázquez dio muestras de estar preparado para abandonar las filas novilleriles y hacerse matador de toros y logró lo que hasta la fecha nadie ha podido hacer, doctorarse en tan solo seis meses y doce días.

TRISTE ALTERNATIVA LA DE VELÁZQUEZ SU PADRINO Y EL TESTIGO LO OPACARON.

Antonio Velázquez cumplió su palabra, cambió la plata por el oro y consolidado como novillero puntero se hizo matador de toros, recibió la alternativa el 31 de enero de 1943 en el Toreo de la Condesa, fecha en que debutó la ganadería de Pastejé en esa plaza enviando toros muy cuajados, con trapío y bravura.

Los nombres de Fermín Espinosa “Armillita”, Silverio Pérez “El Faraón de Texcoco”, y la alternativa de matador de toros de Antonio Velázquez hicieron que el público se volcara en El Toreo de la Condesa que registró un lleno a reventar.

“Andaluz” fue el toro que abrió plaza, Velázquez lo toreó de capa sin poderse acoplar a las embestidas del burel; los varilargueros cumplieron y la peonería se encargó de cubrir el segundo tercio.

Llegó el momento del doctorado, “Armillita” ante la presencia del testigo Silverio Pérez le cedió los trastos de matar a Velázquez que en vano se esforzó tratando de agradar al público, sin embargo su labor no impactó a las masas y para colmo de males estuvo pesado con la espada.

Fue para Velázquez muy amarga la tarde de su doctorado, sin lugar a dudas la peor de toda su vida de torero, sus alternantes lo opacaron por completo pues resulta que Fermín inmortalizó al toro “Clarinero” y Silverio hizo lo mismo con “Tanguito” al que le bordó la que se considera la mejor faena que realizó en toda su vida, le cortó las dos orejas y el rabo.

“Armillita” y Silverio salieron a hombros de la plaza aclamados por la multitud, mientras que Velázquez, sin haber logrado emocionar al público, abandonó el coso con lágrimas, cabizbajo y apenado, jurándose a sí mismo morir en el ruedo antes que volver a fracasar.

Cabe mencionar que Agustín Lara presenció desde una barrera la monumental faena realizada por “El Faraón de Texcoco” a “Tanguito” y en ella se inspiró para componer el bello pasodoble “Silverio”.

Después de aquella desafortunada tarde de Velázquez, el torero leonés perdió mucho del camino que con tanto esfuerzo había recorrido, su nombre se cayó de los carteles y los empresarios casi se olvidaron de él, pero haciendo gala de mucho carácter y decisión, con amor propio y pundonor; el diestro guanajuatense se sobrepuso a la adversidad con ese valor desbordante que siempre lo caracterizó, convirtiéndose a partir de ese momento en un verdadero suicida de los ruedos.

El público se dio cuenta que Antonio Velázquez entregaba la vida en cada una de sus actuaciones y su nombre se transformó en un poderoso imán de taquillas, presentía la gente que la vida de este torero tarde a tarde pendía de un hilo, ir a ver torear a Velázquez era ir a sufrir y al mismo tiempo gozar de una emoción indescriptible entre música, arte y colorido.

Ese año de 1943, en El Toreo de la Condesa además de las corridas habituales de los domingos, se implantó la llamada temporada económica en la que surgieron los famosos jueves taurinos, temporada en la que el nombre de Antonio Velázquez nuevamente brilló con luz propia. La última corrida de aquel serial fue el domingo 14 de mayo, imprimiendo en los carteles los nombres de los tres máximos triunfadores del serial, siendo ellos Alfonso Ramírez “Calesero”, Andrés Blando y Antonio Velázquez, que se disputaron el bonito trofeo de “La Prensa de Oro”, con toros de Peñuelas. El triunfador absoluto de la tarde fue Velázquez que salió a hombros de la plaza llevándose cuatro orejas, un rabo y el codiciado trofeo.

El sábado próximo la tercera parte…

ANTONIO VELÁZQUEZ, COMO HOMBRE Y COMO TORERO SIEMPRE ECLIPSÓ AL SOLDADO.

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