ROGELIO DE PASCUAL NOS CUENTA… IV Y ÚLTIMA PARTE.

LA MÁS IMPACTANTE TRAGEDIA EN EL COSO DE CUATRO CAMINOS.
Sin lugar a dudas, la tragedia más impactante y dramática que se vivió en la historia del ya desaparecido Toreo de Cuatro Caminos, fue la del Domingo de Ramos del 30 de marzo de 1958, tarde en la que alternaban Antonio Velázquez Martínez, José Ramón Tirado Robles y Humberto Moro Treviño, lidiando un encierro de la ganadería tlaxcalteca de Zacatepec, propiedad de D. Daniel Muñoz.

Muy exigente y hasta intolerante se portó un sector del público con Velázquez aquella tarde, ya que durante la lidia de su primer toro no dejó de increpar al matador con gritos de “novillo”, “novillo”, “novillo” en lugar de olés, pese a que el toro estaba bien cubierto de carnes, bien armado con kilos y con mucho poder. Velázquez exponiéndolo todo lo había toreado de capa y de muleta extraordinariamente, con las zapatillas clavadas en la arena y con una quietud de muerte, lo mató de soberbio estoconazo. Como justo premio a su labor y entrega cortó una oreja y dio la vuelta al ruedo, la cual interrumpió al llegar sitio que ocupaba un grupillo de villamelones, antitaurinos, amargados y reventadores que con su aberrante conducta no dejaba de gritar “novillo” “novillo” “novillo”, desatendiendo a las enérgicas protestas de los verdaderos aficionados que supieron valorar el esfuerzo y la entrega del torero leonés.

“ESCULTOR” DE ZACATEPEC UN TORO CON EL DIABLO ADENTRO.
Salió el cuarto de la tarde de nombre “Escultor”, de pelaje negro laminado con 440 kilos en los lomos, cornivuelto y astifino.

Desde su salida “Escultor” se mostró sumamente poderoso y con enorme sentido, Velázquez se empeñó en realizar una faena que el toro no permitía, lo recibió con soberbias y ajustadísimas verónicas, tan bien ejecutadas que se llevó sonora ovación y entremezclado con los olés se escucharon las notas de las dianas, pese a lo cual; aquel grupo de antitaurinos reventadores seguía con sus estúpidos gritos de “novillo” “novillo” “novillo”.

“Escultor” fue con mucha codicia y bravura a los caballos pegando dos espectaculares tumbos a los varilargueros, tomó cinco puyazos y de no haberse cambiado el tercio hubiera tomado cuando menos otros dos. El toro estaba entero, muy enrazado, como los legítimos Zacatepec que en vez de agotarse se crecen al castigo, pero este toro conservaba mucha brusquedad y sentido, presagiando un inmenso peligro en todo momento, Antonio Velázquez sin inmutarse le ejecutó un electrizante quite por ajustadísimas saltilleras, haciendo que los espectadores se levantaran de sus asientos y nuevamente los estruendosos olés se mezclaron con las agudas notas de las dianas y con una cerrada ovación, opacando totalmente los gritos del grupúsculo de los antitaurinos reventadores.

Humberto Moro trató de realizar su quite también por saltilleras, pero salió por piernas ante la brusca embestida de “Escultor” y José Ramón Tirado que también era un torero de pundonor y entrega hizo el suyo por gaoneras muy ceñidas y toreras en lo que fue un brillante y emotivo primer tercio.

“Escultor” se mostraba entero, fuerte, impetuoso y puso en aprietos a los banderilleros que decorosamente cumplieron con el segundo tercio. El toro muy enrazado estaba notoriamente crudo, habiéndose crecido al castigo desarrolló sentido, tenía mucho nervio y daba la sensación de estar más fuerte que cuando salió por la puerta de toriles, a ese toro le faltó castigo en varas y llegó prácticamente entero al tercio final.

LA CORNADA SE LA PEGÓ UN SECTOR DEL PÚBLICO.
Los molestos gritos de “novillo”, “novillo”, “novillo”, durante el primer toro de la tarde calaron profundamente en el orgullo y amor propio de Velázquez que era un valiente a carta cabal.

Con “Escultor” quiso Velázquez demostrar una vez más ese valor y amor propio que siempre lo caracterizaron y al tomar muleta y la espada le dijo a J. Lupe Vargas, su mozo de espadas: “¡Le voy a callar el hocico a esos reventadores!”.

Inició su faena en terreno de tablas por el lado izquierdo con pases de rodillas que pusieron al borde de un infarto a más de un aficionado y automáticamente cesaron los gritos de los reventadores.

Ya de pie, Velázquez mostró su eficiencia y pundonor ligando una serie de derechazos muy mandones y templados pese a la brusca embestida del burel que lanzaba descomunales derrotes llevando la cabeza como si fuese una devanadora, el leonés buscaba afanosamente la faena grande que no llegaba como él quería, el toro requería un puyazo más pero Velázquez no le dio importancia a eso, estaba absorto en su faena, no intentó pegar doblones de castigo ni buscar la igualada pronta para despachar a “Escultor” como lo hubiera hecho cualquier otro torero, por el contrario; se esforzó en seguirlo toreando con esos muletazos escalofriantes tan suyos que se jaleaban a granel; al trazar un natural el toro se le fue encima y ocurrió la tragedia, “Escultor” lo empitonó feamente y con un áspero derrote lo levantó del piso lanzándolo varias metros hacia atrás pasándoselo por encima del lomo.

Tal era el sentido de “Escultor, que se revolvió violentamente pegando un enorme salto levantándose sobre sus cuartos traseros y giró en el aire para retomar a su presa que yacía tres metros atrás de él, sin hacer caso a los capotes que entraron al quite, con mucha codicia embistió nuevamente sobre la humanidad de Antonio clavando los dos pitones en la arena quedando entre ellos el rostro del torero; el toro volvió a lanzar otro descomunal derrote y el pitón izquierdo entró por debajo de la hombrera derecha de la casaquilla de Antonio hundiéndose por debajo del maxilar derecho. Antonio con las manos se sostuvo fuertemente del asta para evitar que profundizara más, vanamente trataba de desprenderse del cuerno de “Escultor” que siguió su trote hacia los medios del redondel con el cuerno insertado en el cuello del diestro arrastrándolo aproximadamente siete metros sin soltarlo, permanecía Velázquez a lo largo y por debajo del toro de Zacatepec con la cuerno izquierdo hundido en el cuello, con riesgo de que con las patas trasera lo pisoteara, lo que hubiera sido fatal pues le habría arrancado la cabeza.

Gritos de horror y desesperación inundaron el coso pero el daño ya estaba hecho.

Aquellos momentos fueron en verdad horribles, dramáticos, todos pensaban que le habían seccionado la yugular pues la sangre manaba de la herida como manantial.

Antonio fue recogido de la arena por los monosabios y por su mozo de estoques José Guadalupe Vargas, su sangre manaba a borbotones, fue conducido a la enfermería de la plaza donde los médicos que vieron toda la tragedia sin perder un instante ya lo estaban esperando con el instrumental preparado.

LA OPERACIÓN EN LA ENFERMERÍA DE LA PLAZA LOS DOCTORES JAVIER IBARRA Y ROJO DE LA VEGA ARRANCARON A VELÁZQUEZ DE LAS GARRAS DE LA MUERTE.
Toño Velázquez fue operado en la misma enfermería de El Toreo de Cuatro Caminos, la intervención quirúrgica duró poco más de dos horas durante las cuales, Los doctores Javier Ibarra y José Rojo de la Vega entre borbotones de sangre examinaron la profundidad de la herida sufrida por el torero leonés.

Centenares de personas se arremolinaron en las proximidades de la enfermería a la cual posteriormente llegó su esposa, la cubana doña Rosario de la Osa que vio la tragedia en su hogar a través de la televisión.

La mujer con el rostro desencajado, la mirada perdida, pálida, asustada y visiblemente angustiada exigía con desesperados gritos que la dejaran entrar a ver a su marido, su petición no fue atendida, la condujeron a un cuarto adjunto a la enfermería donde fue atendida y tranquilizada, posteriormente la convencieron para que regresara a su casa a consolar y tranquilizar a sus hijos de los cuales, el menor, tres semanas antes había sufrido un serio accidente.

Al único que se le permitió entrar a la enfermería de la plaza fue al capellán González Padilla que portando un crucifijo en las manos cumplió con su importante misión ungiendo con los Santos Óleos al torero herido.

Muy laborioso fue el trabajo de los médicos de la plaza, los cuales tuvieron que auxiliarse de un odontólogo ya que Velázquez sufrió fractura de los maxilares y de varias piezas dentales.

Operado, estabilizado y con venoclisis, Antonio fue trasladado en una ambulancia al sanatorio Ramón y Cajal mientras que de boca de los aficionados se escuchaban versiones verdaderamente alarmantes.

Al sanatorio llegaron muchos amigos, aficionados y familiares del torero herido, ahí estaba ya su abnegada, valiente e inseparable esposa, su amada Rosario.

ALARMANTE PARTE MÉDICO.
El parte médico de Ibarra y Rojo de la Vega fue muy alarmante: “Herida producida por asta de toro en la región submaxilar derecha de 12 centímetros de entrada y 18 centímetros de profundidad, con trayectoria ascendente que interesó los planos blandos superficiales, fracturó la rama horizontal del maxilar inferior derecho y perforó el piso de la boca, desgarrando totalmente la lengua en tres porciones de 5, 4 y 3 centímetros”.

“El cuerno penetro también en el paladar óseo fracturándolo, fracturó además el maxilar superior derecho sobre la línea media del hueso etmoides, el cuerno del toro penetró el piso anterior del cráneo encefálico y llegó hasta su base. Estas heridas son de las que ponen en peligro la vida y tardan en sanar más de 15 días”. “El torero sufrió abundante hemorragia, se encuentra en estado de shock traumático y su estado es sumamente grave”.

Por su parte, el doctor Manuel Valderrama que hizo el estudio radiológico emitió el siguiente informe: “Hay fractura en el segmento anterior vascular bajo la tracción de los supra hioideos, fractura en el maxilar superior derecho con perforación de la lámina horizontal lateral izquierda. La sección en el maxilar superior derecho se inicia en la línea media y tiene una trayectoria hacia atrás, hacia arriba y hacia afuera, perdiéndose en la tuberosidad del lado izquierdo, el segmento del mismo lado se desplaza ligeramente hacia afuera y abajo. Notamos otra fractura en el lado izquierdo que se inicia en la región del primer bicúspide (muela) y se dirige hacia arriba, adelante y adentro. Fractura múltiple del maxilar superior con perforación cruenta de la bóveda palatina y fractura completa de la rama horizontal mandibular derecha”.

Al despertar de la anestesia lo primero que hizo Velázquez mediante señas, fue pedirle a su mujer papel y pluma y escribió lo siguiente: ¿Cuándo reaparezco?

A consecuencia de la cornada en el cuello con la fractura de la bóveda palatina tuvo dificultades para hablar pero también se impuso a eso, reapareció en los ruedos con el valor de siempre para seguir cosechando triunfos y cornadas, por cierto que la cabeza disecada de “escultor” permanece en la ex hacienda de Chinampas, propiedad de la familia Cortina Reynoso, en Ojuelos, Jalisco.

Después de cinco largos meses de sufrimiento por la cornada de “Escultor”, Toño reapareció el 17 de agosto de ese fatídico año 1958 en el coso de Ciudad Juárez, se le vio con el valor de siempre y su actuación fue de antología, su quietud y entrega fueron el sello de su labor y a cada uno de sus toros le cortó las dos orejas y el rabo.

En más de 17 años como matador de toros, Antonio Velázquez recibió 20 cornadas, varias de ellas de suma gravedad, como aquella que le infirió en el pecho un toro de Rancho Seco en Papantla, Veracruz, la tarde del 28 de mayo de 1947, el pitón se hundió entre las costillas del diestro fracturando varias de ellas, desgarró la pleura y penetró en el pulmón derecho. Este valiente torero está considerado como uno de los más castigados por los toros en la historia del toreo.

Durante una entrevista que le hizo Paco Malgesto a nuestro coterráneo, éste respondió: “De todos los toreros yo soy el que tiene más miedo, pero en vencer el miedo estriba el valor y para que haya valor, tiene primero que haber miedo”.

EL ADIÓS A LOS RUEDOS.
Once años después de la terrible cornada que le dio “Escultor” en El Toreo de Cuatro Caminos, la afición potosina tuvo la fortuna de presenciar el adiós a los ruedos de Antonio Velázquez en la plaza El Paseo, llamada actualmente Fermín Rivera, fue la tarde del primer día de mayo de 1969, fecha en la que doctoró como matador de toros a Mario Sevilla, la ceremonia fue testificada por “Curro” Rivera, se lidió un encierro de Santa Marta y fue Velázquez el triunfador de la tarde al cortar las orejas y el rabo de “Francés”, el último toro que mató en su vida. Escuchando una fortísima ovación entre gritos de ¡Torero! ¡Torero! ¡Torero! y las notas de “Las Golondrinas”, dio seis vueltas al ruedo acompañado por los miembros de su cuadrilla, luego sacó al ganadero D. Agustín Chávez que fue largamente ovacionado al recorrer el redondel junto con el matador.

La faena realizada por Velázquez a “Francés”, el toro del adiós, se la brindó el diestro leonés al empresario potosino don Joaquín Guerra.

LA TRÁGICA MUERTE DE VELÁZQUEZ.
La noche del 18 de octubre de 1969, a la edad de 49 años, el matador de toros Antonio Velázquez, originario de León, Guanajuato, sufrió un terrible accidente que le arrancó la vida de manera instantánea.

Se encontraba el torero en la azotea de su casa en la colonia Ansurez del Distrito Federal con varios amigos, a los que les enseñaba el adelanto de la obra que realizaba en la construcción de un edificio aledaño al suyo, repentinamente tropezó y cayó al vació impactándose su cabeza contra el concreto de la banqueta.

Fue Antonio Velázquez un hombre de nobles sentimientos, buen esposo y padre ejemplar, siempre llevó una vida ordenada; ni el éxito ni los grandes triunfos lo marearon, en ningún momento perdió su sencillez y cortesía. Esta gran figura del toreo además de su enorme valor se distinguió por su modestia y humildad, fue muy querido, admirado y respetado por todos los taurinos y por su caudaloso número de amigos. Su esposa, la gentil doña Rosario de la Osa Vda. de Velázquez, originaria de la república de Cuba falleció el pasado 17 de enero del presente año 2014, ahora sus restos yacen al lado de su querido esposo. Descansen en paz el torero y su mujer a quienes les sobreviven sus cuatro hijos; vayan para ellos nuestras condolencias.

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